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Full text of "Marx Introducción General A La Crítica De La Economía Política"

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BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO SOCIALISTA 
INTRODUCCIÓN GENERAL 


A LA CRÍTICA 
DE LA ECONOMÍA POLÍTICA / 1857 


KARL MARX 


INTRODUCCIÓN DE UMBERTO CUR 


y veintiuno 
editores 


a KARL INTRODUCCIÓN 
MARX |GENERAL 
A LA CRITICA 
DELA 
ECONOMÍA 
POLITICA/1857 


HE 


siglo veintiuno editores, sa de cv 
CERRO DEL AGUA 248, DELEGACIÓN COYOACÁN. 04310 MÉXICO. D.F 


siglo veintiuno de españa editores, sa 


CALLE PLAZA 5, 28043 MADRID, ESPAÑA 


siglo veintiuno argentina editores 
siglo veintiuno editores de colombia, itda 


CARRERA 14 NUM. 80-44, BOGOTÁ, D.E., COLOMBIA 


cultura Libre 

primera edición, 1068 

novena edición, corregida y atmmentada, 1074 
decimoquinta edición, con hueva introducción, 1982 
vigesimoprimera edición, 1084 

O siglo xxi editores, sa. de cv. 

isBN 068-23-1307-8 (ediciones anteriores) 

Bn I68-23-1520-4 


derechos reservados conforme y la les 


impreso y hecha en méxico printed dud made in nvexico 


ADVERTENCIA DEL EDITOR A LA DECIMOQUINTA EDICIÓN 


LA CRÍTICA MARXIANA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA EN LA “EIN- 
LEITUNG”, for UMBERTO CURI 


INTRODUCCIÓN GENERAL A LA CRÍTICA DE LA ECONOMIA 
POLÍTICA DE 1857, por KARL MARX 


I. PRODUCCIÓN, CONSUMO, DISTRIBUCIÓN, CAMBIO (CIRCULACIÓN) 


1] Producción 
[Individuos autónomos. Ideas del siglo xvin] 
Eterriización de relaciones de producción históricas. Producción 
y distribución en general. Propiedad 

2] La relación general de la producción con la distribución, el 
cambio y el consumo 
[Consumo y producción] 
[Distribución y producción] 

c 1] Finalmente, cambio y circulación 

[Cambio y producción] 

3] El método de la economía política 

4] Producción, medios de producción y relaciones de producción. 
Relaciones de producción y relaciones de tráfico. Formas del 
estado y de la conciencia en relación con las relaciones de pro- 
ducción y de producción y de tráfico. Relaciones jurídicas. 
Relaciones familiares 
(El arte griego y la sociedad moderna] 


TEXTOS SOBRE PROBLEMAS DE MÉTODO DE LA ECONOMÍA 
POLÍTICA, por KARI. MARX y FRIEDRICH ENGELS 


1] PRÓLOGO A LA CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA 
POLÍTICA, Por KARL MARX 


2] PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN DE “El CAPITAL”, for 
KARL MARX 


15] 


33 


33 
33 


35 


38 
40 
44 
48 
48 
50 


59 
60. 


65 


70 


6 ÍNDICE 


3] DEL EPÍLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN DE “EL CAPITAL”, por 


KARL MARX 75 
4] CORRESPONDENCIA DE MARX CON ENGELS, LASSALLE Y WEY- 
DEMEYER 83 


5] LA “CONTRIBUCIÓN A LA GRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA 


DE MARX”, pOr FRIEDRICH ENGELS 97 
NOTAS DEL EDITOR 107 
ÍNDICE DE NOMBRES 121 


ADVERTENCIA DEL EDITOR 
A LA DECIMOQUINTA EDICIÓN 


Esta nueva edición del texto de Marx modifica tanto la estructura 
del Cuaderno como: la presentación de la Introducción de 1857. 
Se ha corregido la versión anterior en la que se deslizaron desde 
errores tipográficos hasta algunos otros, más graves, de traduc- 
ción. En adelante, el lector podrá contar con una versión más 
depurada y fiel del ensayo marxiano. En cuanto al material incor- 
porado como apéndice, no ha sufrido prácticamente modificacio- 
nes, excepto algunas correcciones de detalle. Además, se amplió 
el aparato de referencias críticas y bibliográficas. 

El cambio más significativo es la sustitución del fragmento del 
curso sobre la crítica de la economía política dictado por Hans- 
Jiirgen Krahl —que desde la novena edición incorporamos como 
texto de “presentación” del volumen— por un nuevo trabajo que 
creemos cumple una función más adecuada a la finalidad de in- 
troducir al lector a la problemática de Marx. El ensayo de Umberto 
Curi, publicado originariamente en la revista milanesa Aut-Aut 


en un número dedicado en buena parte al análisis del texto de 


Marx, ofrece una interpretación extremadamente sugerente de su 
ubicación en el despliegue de su vasto proyecto de “crítica 
de la economía .política” que adquiere su. primera exposición. 
global en los Grundrisse der Kritik der politischen Okonomie. 
Aceptando la lectura que Curi nos propone de la Int?oducción 
de 1857, ésta adquiere una funcionalidad teórica y politica que 
bien vale la pena analizar en sus efectos sobre la manera actual 
de considerar la naturaleza del proyecto marxiano. Lo cual jus- 
tifica las razones que nos han conducido a proponer esta nueva 
edición. 


Diciembre de 1981 


JOSÉ ARICÓ 


7] 


UMBERTO CURI 


LA CRÍTICA MARXIANA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA 
EN LA EINLEITUNG 


1. PREMISA 


La Introducción de 1857 es ciertamente uno de los textos marxia- 
nos que ha gozado de más amplia fortuna y de mayor resonancia 
en la cultura filosófica italiana de la segunda posguera, como lo 
testimonian, entre otras cosas, las numerosas traducciones realiza- 
das en los últimos dos decenios. 

A la fortuna de la Einleitung corresponde, después de la pri- 
mera publicación del manuscrito, a cargo de Kautsky en 1903, una 
tradición singularmente accidentada, que ha contribuido y con- 
. tribuye todavía de manera relevante a alimentar discusiones no 
siempre útiles en torno a la ubicación del texto en el arco de la 
producción marxiana global y en la valoración de la contribución 
teórica en él contenido. 

La edición moscovita de los Grundrisse, publicada en 1939-1941 
por el Instituto Marx-Engels-Lenin! y basada sobre el manuscri- 
to original, ponía en evidencia —respecto de la Introducción de 
1857, oportunamente reproducida contextualmente en los Grun- 
drisse— notables discordancias con relación a la edición de 1903, y 
restablecia el texto original, anulando el precedente y, obviamen- 
te, también las ediciones sucesivas que sobre él se habían basado. 

Einleitung y Grundrisse fueron luego publicados en 1953, en 
la misma versión establecida por el 1mEL, por la editorial berlinesa 
Dietz, quien había no obstante ya impreso en 1947, como apéndice 
a Zur Kritik der politischen Ókonomie, una edición de la Einlei- 
tung, según una versión sensiblemente diferente a la que precede 
al texto de los Grundrisse. Como justamente destaca Enzo Grillo 
en su “Presentación” de la traducción italiana de la obra origina- 
riamente aparecida en 1989-1941, no es posible dejar de sorpren- 


' Karl Marx, Grundrisse der Kritik der politischen Úkonomie, IMEL, 
Moscú, 1939-1941! (Elementos fundamentales para la crítica de la economía 
política, México, Siglo XX1, 1971]. 


[9) 


10 UMBERTO CURL 
derse “por estas dos versiones a veces sustancialmente distintas de 
un mismo texto, a cargo de un mismo instituto y publicada por 
un mismo editor. Sorpresa que aumenta cuando se comprueba 
que en la reciente? edición de las Werke de Marx y Engels la 
Einleitung es reproducida en una versión que [-...] oscila entre 
aquella que precede a los Grundrisse y la pospuesta a Per la cri- 
tica, y a veces se presenta hasta una tercera versión; y todo ésto 
sin que se gaste una sola palabra para justificar y explicar tal 
operación”.,3 

Por nuestra parte podemos destacar que las divergencias exis- 
tentes entre las ediciones originales alemanas han sido reproduci- 
das —cosa que probablemente podía haber sido evitada— en las 
mismas traducciones italianas (cuatro) hasta ahora existentes; si, 
en efecto, en las primeras dos ediciones italianast la traducción 
se realizó a partir del texto alemán incorporado como apéndice 
a Zur Kritik, la traducción de Grillo5 se basa, oportunamente, 
en la versión antepuesta a los Grundrisse, mientras la última, en 
orden cronológico, está fundada en la tercera versión, es decir 
la que es reproducida en las Werke. 


Las diferencias textuales entre estas tres ediciones, y por lo tan- 
to entre las correspondientes traducciones italianas,” podrían ser 


* Berlín, 1964; reedicinó, ¿bid,, 1969, 

* E, Grillo, Presentazione, en Karl Marx, Lineamenti fondamentali * della 
critica dell'economia política, Florencia, La Nuova Italia, 1968-1970; p. xu 

* Karl Marx, Introduzione alla critica dell'economia politica a cargo, de 
Lucio Colletti, Roma, Ediciones Rinascita, 1954; Introduzione incluida como 
apéndice a Karl Marx, Per la critica dell'economia politica, traducida al ita- 
líano por E, Cantimori Mezzomonti, Roma, Rluniti, 1957, pp. 171-199 [Introduc- 
ción general a la crítica de la economía política, en Contribución a la crítica 
de la economía política, México, Siglo XXI, 1980, pp. 281-313]. 

* En Lineamenti fondamentali cit,, 1, pp. 3-40. - : : 

* Introduzione, incluida como apéndice en Karl Marx, Per la critica dell” 
economia politica, traducida al italiano pot B. Spagnuolo Vigoritá, Róma 
Newton Compton, 1972, pp, 225-258, : ñ : a 

7 Una, breve. referéncia aparte merece, finalmente, la reciente edición de lá 
Introduzione de 1857 publicada por Bertani (Verona, 1975): se trata de una 
edición particularmente bien cuidada, que incluye, además de un denso "Saggio 
introduttivo” de B, Accarino (pp. 17-59), un útil “glosario” y algunas perti- 
nentes notas de comentario, No obstante: esto —en confirmación de una tral 
dición que, se puede decir, es curiosamente accidentadas, el encargado de l2 
edición ha incurrido en un singular infortunio, en sí mismo casi irrelevante, 
y sin embargo no despreciable, con relación a los intentos con los cuales la 
edición ha sido preparada, En efecto, el texto alemán, reproducido - por 
el encargado de. la edición al frente de la traducción italiana para la 
cual se ha utilizado la versión realizada por Grillo incorporada a los Grun» 
drisse, no corresponde a la versión antepuesta a éstos sino a la. edición de las 


ERÍTICA: MARXIANA EN LA EINLEITUNG 12 


objeto de mera curiosidad filológica o erudita si no fueran reve- 
ladoras de una más significativa oscilación de carácter interpreta- 
tivo, inherente a la atribución del texto marxiano ya sea a la obra 
de 1859 —publicada por el mismo Marx y estructurada de tal for- 
ma de configurar un discurso suficientemente completo y sistemá- 
tico— o bien a los manuscritos de 1857-1858, notablemente diferen- 
tes —y no tanto por razones extrínsecas como aquellas vinculadas 
a los efectos de su publicación— respecto de la Contribución. 

Como se intentará demostrar en el curso del presente artículo, 
la reintegración de la Einleitung a los Grundrisse se inserta or- 
gánicamente .en una propuesta de lectura más general del texto 
marxiano, apropiada para restituirle su riquísima importancia teó- 
rica y su viva actualidad política. 


IL 


Encontrado entre los papeles de Marx en la forma de un “esbozo”, 
en un cuaderno inicialado con una M y fechado el 23 de agosto 
de 1857, el texto conocido como Introducción de 1857 fue pu- 


Werke de 1969, enmendada y referida al texto de los Grrundrisse sólo en los 17 
puntos relevantes: que Grillo recuerda en la nota a su traducción, 

Es verdad que la mayor parte de las numerosisimas (registramos alrededor 
de 123) diferencias textuales son - puramente ortográficas o representan va- 
riantes meramente estilísticas que, sea como fuere, no alteran el significado 
global del discurso  (soviel-so viel; hervorzuheben-hervorgehoben;  hieraus- 
hier, etc.); pero es verdad, por otra parte, que la presentación misma de los 
dos textos contribuye a hacer resaltar con mayor evidencia algunas divergen- 
cias no exclusivamente formales (vieler-einzelner, In der Anatomie-Anatomie; 
ihren Verháltnissen-in inhren Verháltnissen), particularmente evidentes en los 
títulos de las partes en que ha sido subdividido el segundo parágrafo (Dis- 
tribution und Produktion-Produktion und Distribution; Austausch und Pro- 
duktion-Produktion und Austausch, etc.) y, sobre todo, en la apostilla de la re- 
dacción que indica la fecha de redacción de la Einleitung, que no sólo aparece 
en las Werke, mientras está ausgrte en los Grundrisse, sino que suministra ex- 
tremos cronológicos diferentes, que depende de una lectura distinta del manus- 
crito (“fines de agosto-mitad de septiembre” en las Werke, mientras una anota- 
ción que precede el texto en los Grundrisse y que reproduce fielmente la por- 
tada del manuscrito marxiano reza “23 de agosto-alrededor de la mitad: de 
septiembre”), 

% Ésta es por lo menos la fecha que resulta de Ja: breve anotación ante- 
puesta a la edición berlinesa de lós -Grundrisse (“Dic Einleitung befindet 
sich in cinem Heft, das mit M signiert ist, 23, August 1857 begonien und ca, 
Mitte September beiseite gelegt wurde”), mientras en Ja edición de las Werke 
una apostilla en el precinto del texto alude, como fecha de inicio de la re- 
dacción, a “Ende August”, Esta última parecería confirmada, 4 primera vista, 


12 UMBERTO CURI 


blicado por primera vez por Kautsky en Die Neue Zeit en marzo 
de 1903 y traducido al inglés, ya al año siguiente, en una edición 
de la Contribución a la crítica de la economía política publicada 
en Chicago y que estuviera a cargo de N. 1. Stone? , : 

La incorporación del “esbozo”, como apéndice al texto de Zur 
Kritik, redactado por Marx en su forma definitiva entre noviem- 
bre de 1858 y el 21 de enero de 1859, sobre la base de un primi- 
tivo fragmento (Urtext) redactado entre septiembre y noviembre 
de 1858,10 estuvo motivada en gran parte por un pdrrafo- del 
Vorwort enviado por Marx el 23 de febrero de 1859 al editor ber- 
linés Franz Duncker, quien había iniciado, a través de ¡una serie 
de fascículos, la publicación de la Contribución. En el “Prólo- 
go”, en efecto, el autor se refiere a una allgemeine Einleitung 
que había esbozado pero que, después de una “reflexión más pro- 
funda”, consideró oportuno suprimir para evitar elementos de 
perturbación para el lector decidido a seguir analíticamente la 
exposición.!? 


por el examen del manuscrito original, el cual leva aparentemente la inv 
cipción 29 de agosto de 1857; una comparación más cuidadosa evidencia, 
sin embargo, una mancha de tinta que transforma el 3 en 9, de manera que, 
en definitiva, se puede aceptar la fecha sugerida en los Grundrisse y que es 
admitida también por Grillo (Presentazione cit, p. X). 

* Como recuerda, entre otros, Maurice Dobb en su Iniroduzione (pp. vHi- 
xix) a Karl Marx, Per la critica delleconomia politica, traducción italiana 
de E, Cantimori Mezzomonti, Roma, Riuniti, 1957 [Introducción, en Karl 
Marx, Contribución a la crítica de la economía política, México, Siglo XXI, 
1980, pp. 1Xx-XXv)). : 

1% Véase la traducción italiana en Karl Marx, Scritti inediti di economia 
politica, a cargo de Mario Tronti, Roma, 1963 [Fragmento de la versión pri- 
mitiva de la “Contribución a la crítica de la economía política (1858), en 
Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política cit,; este texto 
también está incluido en Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica 
de la economia política (borrador) 1857-1858, t, 3, México, Siglo XXI, 1976]. 

nm “Duncker se encargará de la edición de mi Economia en las condiciones 
siguientes: cada dos meses yo entregaré fascículos de tres a seis páginas de 
imprenta [...] Él se reserva el derecho de romper el contrato al tercer 
fasciculo, En realidad, sólo ahora haremos un contrato definitivo [...] El 
primer fascículo [...] debe estar ready para fines de mayo" (Karl Marx, 
“Lettera a Engels del 29 maggio 1858”, en Carteggio Marx-Engels, traducción 
italiana a cargo de M, A. Manacorda, Roma, 1953, 11, p, 195), 

2 “He suprimido una introducción general que había csbozado, puesto que, 
ante una reflexión más profunda, me ha parecido que toda anticipación de 
resultados que aún quedarían por demostrarse sería perturbadora, y el lector 
que está dispuesto a seguirme tendrá que decidirse a remontarse desde lo. par- 
ticular hacia lo general” (Karl Marx, Prefazio, en Per la vritica..., trad, de 
Spagnuolo Vigorita, p. 29 [Prólogo, en Contribución a la crítica de la econo- 
mía politica Cit., p. 3)). 


CRÍTICA MARXIANA EN LA EINLEITUNG 13 


Si se prescinde del importante fragmento mencionado, no se 
puede afirmar que exista, en otra obra marxiana o en las Briefe, 
alguna evidencia específica de la pertenencia del “esbozo” al tex- 
to de la Contribución, de tal manera de justificar su publicación 
conjunta. Ante la falta de elementos probatorios seguros, y por 
razones de otras consideraciones no despreciables (la relativa leja- 
nía de fechas entre la redacción de la Einleitung —23 de agosto, 
mitad de septiembre de 1857— y el complemento de los dos capí- 
tulos de Zur Kritik —noviembre de 1858/enero de 1859; el silencio 
de Marx respecto de Engels a propósito del texto del 57;13 la 
lábil conexión temática entre los dos textos y, por el contrario, 
la más estrecha afinidad estilística y continuística y la misma ve- 
cindad cronológica entre el “esbozo” y ei gran corpus de los Grun- 
drisse, redactado entre julio de 1857 y junio de 1858, o sea que 
aquél contiene contextualmente a éstos; el carácter de anticipa- 
ción de “soluciones que debían aún ser demostradas”, más que de 
verdadera introducción del “esbozo”; la pluralidad de temas regis- 
trados en él, a manera de compendio de los problemas más exten- 
samente tratados en los Grundrisse y más sistemáticamente afron- 
tados en El capital; la inclusión, que el texto convalida, de un 
esquema de las secciones en que Marx intentaba articular la “crí- 
tica de la economía política” —esquema sucesivamente retomado 
y reelaborado en diversas circunstancias, hasta la redacción defi- 
nitiva de El capital—), resulta más razonable independizar el ma- 
nuscrito de 1857 —que de ahora en adelante, todavía, seguiremos 
denominando convencionalmente Einleitung (o Introducción de 
1857), según un uso terminológico ya acuñado en Jtalia y en otros 
lados— de la Contribución, por reconocer en él una “verdadera 
y apropiada sinopsis conceptual anticipatoria de la obra que es- 
taba por nacer”,1* más que un texto explicitamente concebido 


32 Justamente durante el período de redacción del “esbozo”, la correspon- 
dencia con Engels, de ordinario particularmente frecuente, está limitada a 
dos cartas —respectivamente datadas el 26 de agosto y el 15 de septiembre—, 
en las cuales no se hace ninguna alusión al cuaderno inicialado con una M, 
y sólo se hace una referencia genérica a “mucho trabajo”, como justificación 
del largo silencio de aquel período (véase Karl Marx, “Lettera a Engels del 
15 setiembre 1857", en Carteggio Marx-Engels cit, ul, p. 78). 

1 E, Grillo, Presentazione cit,, p, 7, Es de notar que en la edición alemana 
de la Einleitung publicada por Cotta Verlag. (Stuttgart, 1964) y realizada 
sobre el texto publicado por Kautsky en 1903, con enmiendas sugeridas por la 
confrontación con el original, el título asignado al manuscrito de 1857 (Einlei- 
tung zu einer Kritik der politischen Okonomie) indica implícita pero evi- 
dentemente la autonomía del texto respecto de la obra de 1859 y su carácter 
de introducción general para una crítica de la economía política, 


UMBERTO CURI 
14 


como introducción a los fascículos publicados por Duncker en 
15 

ge otra parte, la expresión con la cual el mismo Bela en SS 
citado fragmento del Vorwort, aludiendo a la introducci n ad 
ral”, indica explícitamente “el éxito público A a 
visto y, a la par, la no accidentalidad de su desaparición de . 
obra publicada en 1859”,! hacen surgir el problema de una pe 
sible contradicción entre las consideraciones recientemente refer 
das que sostienen la pertenencia de la Einleitung a los pibrecald 
antes que a Zur Kritik, y la explícita vinculación que e 0 E 
parece establecer entre el manuscrito de 1857 y la obra de le 

Una posible solución de este problema podría cónsistir en ; 
escisión en dos partes de la argumentación contenida enel dates 
respecto de la Einleitung: se debería así: reconocer, por un lo, 
la existencia de una “introducción general”, da su 
publicación y luego “eliminada”, como lo atestigua una exp sa 
declaración del mismo autor, convalidada por el cotejo efectua e 
sobre el manuscrito original, que leva el título de Einleitung; 
por otro lado, se podría argúir que si bien fue redactada para ser 
publicada, no fue sin embargo concebida intencionalmente como 


15 La propuesta de incorporar la Introducción de 1857 a a 
lanzada ya en 1962 por Galvano Della Volpe (Sula dialettica , en A de A 
1962, y reproducida luego en Franco Cassano, Marxismo e filosofia ci E 
Bari 1973, pp. 210 y ss), quien sugiere también, en rei Ar 
la fecha: 1857-1858, por la de 1857” o también Galvano Della olpe, 

iave della diaiettica storica, Roma, 1 , ] ud ; A a 
A aieio Curi, Sulla “scientificiti” del marxismo, Milán, 1975, pos cel 
la nota 44 de la página 62 del mismo texto, cuando. subrayo, como a E co a 
tinúo considerando necesario, el éxito público originariamente, cai a Bl 
Marx para la Einleitung, en confrontación con ¡el testing" privado" le los 2 
drisse. demostraba compartir la difundida creencia de la “originaria: et 
entre la Einleitung y la Contribución, Las ulteriores ap aos area 
a cabo sobre este argumento, después de haber completado, ''ahora des a > 
cerca de un año, la redacción de aquel ensayo, me indlicen en la da as : 
por un lado, a confirmar una vez más la convicción de ha primitiva a 
pública de la Introducción de 1857, pero, por el otro, a- cortegir er e 
precedente —por lo demás incidental en el contexto de lla E 
gerida en aquella oportunidad— sobre la relación de ésta «con va el 
ción, en el sentido de una sustancial independencia de un' texto respec e 


otro, eS ¡ 
w En cuanto “a las razones de la eliminación del texto, he tratado dd de 
mostrar en otra parte (Sulla “scientificita”... cit, pp. 37 y $5) cómo los mo- 


tivos adúcidos por Marx (la inoportunidad de anticipar soluciones no a 
tradas) están reunidos para una valoración más global, O e. sa 
la legitimidad de la lectura metodologista de la Introducción e . pra 
ticada sobre todo en el marxismo italiano de los últimos quince años, 


CRÍTICA MARXIANA EN LA EINLEITUNG 15 


introducción a la Contribución, como lo testimoniarían no sólo 
los motivos de orden textual, cronológico, estilístico y continuístico 
anteriormente referidos sino, de manera aun más categórica, el 
hecho de que la propuesta del editor Duncker de publicar en fas- 
cículos la Contribución y la misma redacción de este texto —en 
la forma primitiva y luego en la definitiva— fue hecha respecti- 
vamente seis meses, un año y quince meses después de la redacción 
de la Etnleitung: en la redacción del manuscrito de 1857, en una 
pausa del frenético trabajo que le demandaban los Grundrisse, 
Marx no habría previsto, en suma, una más o menos inminente 
publicación (a diferencia de los Elementos fundamentales..., es- 
critos “destinados a mi propia comprensión del asunto, pero no a 
su edición””,1$ sin poder obviamente prefijar todayía un enlace 
con un texto, que será la Contribución, el cual, hasta la composi- 
ción de la Einleitung, mi el editor lo había 'aún requerido ni el 
mismo autor había iniciado su redacción, si es verdad que el 
Urtext vendrá precisamente un año después a complementar la 
Einlcitung.? . 

Se nos podrá preguntar al respecto qué utilidad efectiva, más 
allá de la mera puntualización filológica, puede tener la indepen- 
dización, así propuesta, de la Introducción de 1857 respecto del 
volumen publicado en 1859 a los fines de una comprensión más 
adecuada de la contribución teórica contenida en el texto. Restaurar 
la conexión intrínseca —cronológica y temática-- entre la Etnler- 
tung y los Grundrisse significa no sólo reintroducir el manuscrito 
de 1857 en el clima de febril actividad que caracteriza el periodo 
de redacción de los Elementos fundamentales... y recobrar, 
consecuentemente, el mismo horizonte conceptual sino que tam- 
bién permite poder liberar la problemática de la Introducción 
de 1857 de una dependencia respecto de la Contribución, que por 
ló general ha funcionado como condición de refuerzo para la lec- 
tura metodológica, en la medida en que la conjunción con la 
exposición ''sistemática” —aunque sea parcial— de la economía 
burguesa parecía justificar o exigir una clarificación previa de la 
directiva metodológica de análisis utilizada. 

Pero la reconexión a la temática de los Grundrisse resulta aún 
más significativa y grávida de sugestiones hermenéuticas cuando se 
profundiza en la recreación del “clima” general que caracteriza 


1% Karl Marx, Prefazione, en Per la critica... cit, (tr, de Spagnuolo Vigo- 
rita). p. 29 f[Prólogo, en Contribución... cit., p. 3). 


1% Véase Mario Tronti, Introduziore, en Karl Marx, Scritti inediti cit., pp, 
XVI y SS. j ] 


16 UMBERTO CURI 


aquel momento fundamental de la biografía de Marx, limpida- 
mente emergente sobre todo del examen de la Correspondencia 
mantenida con Engels. 

Toda la actividad marxiana desarrollada durante 1857-1858 está, 
de hecho, totalmente absorbida por su trabajo de colaboración 
semanal con el New York Daily Tribune” y por la intensa in- 
vestigación realizada para la redacción de numerosas voces —en 
particular temas ““militares”— para la New American Cyclopaedia, 
a cuya compilación se dedica Marx, en colaboración con Engels, 
ante la solicitud de Charles A. Dana.?! El material así acumulado, 
“de omnibus rebus et quibusdam allis” [de toda clase de temas y 
algunos más] no sólo es de dimensiones considerables, pues “he 
escrito por lo menos dos tomos de editoriales”,22 sino, no obstan- 
te la declarada heterogeneidad de los argumentos tratados, está 
amplia y claramente dominado por el mismo clima de la crisis 
económica internacional? que inducía a Marx a considerar inmi- 


» Para un análisis en profundidad de la actividad periodística de Marx en 
el Tribune, véase el magnífico ensayo de Sérgio Bologna, Moneta e crisi: 
Marx corrispondente della “New York Daily Tribune”, 1856-1857, en Varios auto- 
yes, Crisi e organizzazione operaia, Milán, 1974, pp. 9-72. 

% Dana era el editor del Tribune y se desempeñaba como intermediario 
entre los distintos colaboradores y los propietarios del diario, que eran Greely 
y Mac Ekrath, Como recuerda Franz Mehring (Vita di Marx, tr. it, de F, 
Codino y M. A. Manacorda, Roma, 1966 [Kar! Marx, México, Grijalbo, 1975)), 
Marx había debido tomar más voces de las que podía y organizar poco a poco 
la redacción. Pero el proyecto fracasó debido a la falta de gente, Además, 
las perspectivas distaban de ser todo lo brillante que Engels preveía. Resultó 
que los honorarios no pasaban de un penique la línea [...] Poco a poco es- 
tos trabajos accidentales fueron paralizándose y creemos que la colaboración 


activa de ambos amigos en aquella enciclopedia no de la letra *C*” 
(pp. 251-252 (p. 264)). Para la información sobre el trabajo preparatorio de la 
redacción de las voces y respecto de las relaciones con a. véanse las car- 


tas de Marx a Engels del 21 y 23 de abril, 8 y 23 de mayo, 1l, 16 y 24 de 
julio de 1857, y las cartas de Engels a Marx del 22 de abríl, 28 de mayo, 
10 y 30 de julio, todas ellas también de 1857, en Carteggio dit,, tt, pássim. 
A partir de fines de julio del mismo año toda la correspondencia está casi 
completamente dominada por la discusión, a veces minuciosa, sobre “argumen- 
tos enciclopédicos”, hasta tal punto que una carta enviada a Engels el 23 de 
septiembre (poco después de haber concluido la redacción de la Kinleitung) 
Marx puede declarar que “la cosa más importante, y la única que puedo sa- 
carme de encima, es la de proceder rápidamente con la enciclopedia" (Car- 
teggio cit, 11, p. 90). 

2 Karl Marx, “Lettera a Lassalle del 12 novembre 1358”, reproducida en el 
“Apéndice” a Per la critica cit, (trad, de Cantimori Mezzomonti), p, 218 [“Car- 
ta de Marx a Lassalle del 12 de noviembre de 1858”, en Contribución a la 
crítica de la economía política cit., p. 324)). 

S “Esta vez la crisis tiene características algo particulares, Desde hace ya 


CRÍFICA MARXIANA EN LA EINLEITUNG 17 


nente el “dies irae” del “sistema” capitalista, a la par que lo 


compelía a compendiar perentoriamente sus estudios económicos 
precedentes.?2t 


La estrecha relación que vinculaba la redacción de los Grun- 
drisse con la investigación realizada en torno a la crisis de 1857 
—reconocida explícitamente por el mismo Marx,2 quien había 
sido invitado una vez más por el Tribune para “escribir exclusi- 
vamente su Indian war y financial crisis"—28 no constituía la indi- 
cación de una correlación accidental, extrínseca respecto de la 
problemática tratada en los Elementos fundamentales, sino señala, 
por el contrario, el nivel referencial concreto y el corte conceptual 
que intervienen, en forma decisiva, en la determinación de las 
coordenadas generales, dentro de las cuales se encuadra el esclare- 
cimiento de las “grandes líneas” de los estudios económicos con- 
sumados. La crisis —aquel “outbreak” [derrumbe] que hacía sentir 
a Marx tan “cosy” [con sosiego], no obstante “la financial distress” 
[estrechez financiera]?! personal— no sólo impedía, por el rápido 


casi un año la especulación sobre acciones en Francia y en Alemania se en- 
cuentra en una crisis preliminar: pero sólo ahora ha arribado al'estado de 
colapso el grueso de la especulación sobre acciones en Nueva York y así 
todo ha llegado a la decisión [-..] La precrisis de la especulación sobre 
acciones en el continente y los pocos puntos de contacto que ésta había 
tenido con la norteamericana retarda el inmediato contragolpe de la especu- 
lación norteamericana sobre la continental; pero no se hará esperar dema- 
siado” (Friedrich Engels, “Lettera a Marx del 15 novembre 1857", en Car- 
teggio cit,, 11, p. 108; las cursivas son mías, Véase también las cartas de 
Engels a Marx fechadas el 7, 9, 11 y 17 de diciembre, todas ellas casi comple- 
tamente dedicadas a la crisis y a sus repercusiones), 

“ “Trabajo como un loco la noche entera para reordenar mis estudios 
económicos, para poner en claro al menos las grandes líneas, antes del deiuge” 
rd “Letiera a Engels del 8 dicembre 1857”, en Carteggio cit., 11, 
p. . 

> “Estoy cargándome de un trabajo gigantesco —la mayoría de los días 
[trabajo] hasta las cuatro de la madrugada, Este trabajo es de dos tipos: 1] 
elaboración de los rasgos fundamentales de la economía (es absolutamente 
necesario ir hasta el fondo [au fond] del asunto para el público y, para mi 
personalmente, quitarme de encima esta pesadilla [individually, to get rid of 
this nigthmare)), 2] La crisis actual, A este respecto, aparte de los artículos 
para el Tribune, anoto simplemente todo día a día, pero esto se lleva un 
tiempo considerable” (Karl Marx, “Lettera a Engels del 18 dicembre 1857” 
en Carteggio cit., 11, p. 130 [“Carta a Engels del 18 de diciembre de 1857”. en 
Marx-Engels, Cartas sobre “El capital”, Barcelona, Laia, Ediciones de bolsillo 
1974, pp. 67-68]), 

** Véase Karl Marx, “Lettera a Engels del 31 ottobre 1857”. en Carteggio 
cit,, 11, p, 105, . ] 

% Karl Marx, “Lettera a Engels del 13 novembre 1857”, en Carteggio cit, 


18 UMBERTO CURI 


y convulso precipitar de los acontecimientos, un análisis sistemá- 
tico y orgánico de la economía burguesa en su totalidad, favore- 
ciendo, a nivel “formal”, una exposición concisa y compendiosa, 
fluida y fragmentaria a la vez, a veces redundante y repetitiva, 
otras incompleta y apenas esbozada,? sino que imponía sobre 
todo una aproximación, por así decir, “dinámica”, a los problemas 
tratados, examinados en la perspectiva del derrumbe —aparente- 
mente inminente— del capitalismo antes que en la de la perma- 
nencia inmutable del sistema económico burgués. Un análisis del 
contenido de las voces redactadas por Marx y Engels para la New 
American Cyclopaedia ayudaría sin duda para poder determinar 
con mayor precisión el modo en que las vicisitudes de la crisis 
internacional han condicionado, en alguna medida, el trabajo mismo 
de compilación requerido por Dana, ciertamente en sí mismo mar- 
ginal, y sin embargo significativo en cuanto contribuye a aclarar 
definitivamente “que no existía de ningún modo escisión entre el 
trabajo diurno [para la Cyclopaedia y, sobre todo, para el Tribune] 
y el nocturno [para los Grundrisse]”.?9 


m, p. 107, Para otras informaciones sobre la crisis, véase Franz Mehring, 
Vita di Marx cit, pp. 252-254 [Karl Marx cit., pp, 2641. 

* El estilo marxiano de los Grundrisse ha sido oportunamente calificado por 
Eric J, Hobsbawm (Prefazione, tr. it, de M. Travisani, en Karl Marx, Forme 
economiche precapitalistiche, Roma, 1970, p. 8' [“Introducción”, en Karl Marx 
y Eric J. Hobsbawm, Formaciones económicas precapitalistas, Cuadernos de 
Pasado y Presente núm, 20, México, 1976, p, 6]) como “una especie de taqui- 
grafía intelectual privada, a veces impenetrable”, Sobre tal argumentación, 
véase también W, S. Vygodskij, Introduzione ai “Grundrisse” di Marx, tr, it, 
de C, Pannavaja, Florencia, 1974; H, Reichelt, La struttura logica del conceito 
de capitale in Marx, tr, it, de F, Cappellotti, Bari, 1973, : 

” Sergio Bologna, Moneta e crisi, cit, p., 10, Sí bien indirectamente, esta 
conexión es, no obstante, detectable en el breve comentarlo que acompaña el 
entusiasta juicio de Marx respecto de la voz “Army” redactada por Engels 
según una perspectiva homogénea con el horizonte global de lá investigación 
marxiana de aquel período: “La historia del “ejército pone de maniflesto, más 
claramente que cualquier otra cosa, la justeza de nuestra concepción del víncu- 
lo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales, En general, el ejér- 
cito es importante para el desarrollo económico (...] La división del trabajo 
dentro de una rama se llevó a cabo también en los ejércitos, Toda la historia 
de las formas de la sociedad civil se resume notablemente en la militar” 
(Karl Marx, “Lettera a Engels del 25 settembre 1857", en Carteggio cit, 11, 
p. 9 (Karl Marx-Friedrich Engels, Correspondencia, Buenos Aires, Cartago, 
1973, pp. 88-89)). Casi textualmente estas mismas afirmaciones se reproducen 
al comienzo del cuarto parágrafo de la Einleitung, en donde Marx subraya 
cómo “ciertas relaciones económicas tales como el trabajo asalariado, el ma- 
quinismo, etc,, han sido «desarrolladas por la guerra y en los ejércitos antes que 
en el interior de la sociedad burguesa” (Contribución... cit, p. 310 (£.)) y, 


CRÍTICA MARXIANA EN LA EINLEITUNG 19 


A la luz de cuanto se ha dicho se comprende, en todo caso, el 
motivo por el cual, aun más decididamente de cuanto se verificó 
con El capital, el tema de la investigación marxiana de esos meses 
sea la crítica de la economía política o, como él mismo declaraba, 
“el cuadro del sistema y la crítica de ese sistema por medio de la ex- 
posición”:3% la crisis contribuía, en efecto, a poner al desnudo, 
con prepotente evidencia, las contradicciones estructurales y letales 
de la organización capitalista de la producción y, conjunta y conse- 
cuentemente, la función ideológica de una ciencia, como era la 
political economy, incapaz de comprender aquellas contradicciones 
y propensa, por el contrario, 'a ocultarnos su carácter ineluctable 
mediante el exorcismo de la síntesis global racionalizadora. 

La crítica de la economía política resultaba así el modo concre- 
to, y no ideológico, para tematizar la crisis y para vencer la esteri- 
lización efectuada ¡por aquellos “filisteos” que se las ingeniaban 
para mostrar la fisiológica pertenencia a un mecanismo global in- 
destructible e inmodificable; con la crítica de la economía política 
se enfrentaba, además, la ilusoria y contradictoria pretensión de 
contraponer simétricamente a la síntesis teórica ofrecida por los 
economistas burgueses una síntesis “alternativa”, epistemológicamen- 
te más “correcta”, que sea capaz de comprender y explicar tam- 
bién aquello que la political economy no conseguía justificar com- 
pletamente. El terreno de confrontación impuesto por la crisis no 
es, en efecto, un terreno teórico, sobre el cual medir abstracta- 
mente el rigor formal y la potencialidad analítica de la teoría, 
sino el nivel directamente político del antagonismo de clase abierto 
por la ruptura de los anteriores equilibrios, el cual puede ser 
poco antes, en el tercer parágrafo, donde se recuerda que “el sistema mone- 
tario [...] sólo se había desarrollado completamente en el ejército” y “jamás 
llegó a dominar en la totalidad de la esfera del trabajo” (op, cit,, p, 304 [E.]). 
Refiriéndose a la larga serie de artículos sobre conflictos militares provoca- 
dos por el expansionismo europeo en India y China, redactada por Marx y 
Engels para el Tribune (en consonancia, por lo tanto, con los “militares” 
requeridos por la New: American Cyclopaedia; véase sobre esto el frondoro 
listado en Friedrich Engels, “Lettera a Marx del 28 maggio 1857”, en Car- 
teggio cit., u1, pp. 56-57), Bologna destaca que ellos no deben ser considerados 
“un discurso aparte [...] respecto de los de la crisis, Sería más exacto en todo 
caso considerarlos como si estuvieran integrados: las contradicciones que la 
aventura imperialista provocaron sobre el mercado mundial enriquecen los 
signos premonitorios de la revolución en la metrópoli, Todo aquello que succ- 
de en China o en la India es interpretado a la luz de los tiempos de la in- 
surgencia obrera en Europa” (Moneta e crisi cit, p. 15). 

% Karl Marx, “Lettera a Lassalle del 22 febbraio 1858”, en “Appendice” a 


Per la critica... (tr. Cantimori Mezzomonti), p. 211 [Contribución a la crítica 
de la economía política cit., p. 316). 


20 UMBERTO CURI 


abordado no instalándose exclusivamente en el plano de la que- 
rella epistemológica sino sólo a través de la “crítica despiadada 
de todo lo existente”,9 lo cual resulta homogéneo e intrínseco 
respecto del proyecto político revolucionario de la clase obrera. 
La reintegración de la Einleitung en la compleja urdimbre teó- 
rica de los Grundrisse no es por lo tanto una operación meramen- 
te filológica sino de inmediata relevancia crítica e interpretativa 
en la medida que permite, por un lado, recuperar, en tanto hori- 
zonte histórico y problemático más auténtico del “esbozo fragmen- 
tario”, aquel mismo “clima político general tan vivaz, dominado 
por la gran crisis de 1857, en la cual adquiere una forma acabada, 
por lo menos en sus “elementos fundamentales”, el diseño mar- 
xiano de la crítica de la economía política,2 y por otro lado 


contribuye —juntamente con otras múltiples consideraciones “in- 
ternas” y “externas” al texto—%% a quitar validez y fundamento 
a aquella interpretación metodologista de la Einleitung, dominan- 
te en la reciente elaboración teórica marxista,4 que ha recibido 
una implícita corroboración '“material” con la publicación aisla- 


* Mario Tronti, Operai e capitale, Turín, 1971, p. 33, 

** “Resulta sumamente característico que la decisión directa de redactar los 
Grundrisse, y la prisa febril con que ello ocurriera (todo el manuscrito, de 
casi 50 pliegos de imprenta, se concluyó en 9 meses, entre julio de 1857 y mar- 
zo de 1858) se debieran especialmente al estallido de la crisis económica 
de 1857” (Roman Rosdolsky, Genesi e struttura del “Capitale” di Marx, tr. 
it, de B, Maffi, Florencia, 1971, p. 28 [Génesis y estructura de “El capital” 
de Marx, Estudios sobre los “Grundrisse”, México, Siglo XXI, 1978, p: 33)). 

*% Para un análisis en profundidad de esta argumentación, véase Umberto 
Curi, Sulla “scientificitá” del marxismo cit., pp. 37-51, : 

*“* En lo que respecta a-las interpretaciones italianas del manuscrito de 1857, 
véanse “la discusión entre filósofos marxistas en Italia”, aparecida en Rinas- 
cita en 1962 y reproducida en Franco Cassano, Marxismo € filosofia cit., pp. 
157-248 [Varios autores, La dialéctica revolucionaria, Puebla, Universidad Autó- 
noma de Puebla, 1977]; E. Agazzi, “La formazione della metodologia di Marx”, 
en Rivista storica del socialismo núms, 22 y 23, 1964; Galvano Della Volpe, 
logica come scienza storica, Roma, 1964, pp, 289-319; Galvano Della Volpe, 
Critica delPideologia contemporanea, Roma, 1967; Mario Dal Pra, La dialettica 
in Marx, Florencia, 1965 [La dialéctica en Marx, Barcelona, Martínez Roca, 
1971]; Nicola Badaloni, “L'idea hegeliana del conoscere ed il rapporto Hegel- 
Marx”, en Varios autores, Incidenza di Hegel, Nápoles, 1970, pp. 567-592; 
Nicola Badaloni, Per il comunismo, Questioni di teoria, Turín, 1972; Cesare 
Luporini, Dialettica e materialismo, Roma, 1974; M, Rossi, Cultura e rivo- 
luzione, Roma, 1974; Lucio Colletti, Jí marxismo e Hegel, Bari, 1965 [El mar- 
xismo y Hegel, México, Grijalbo, 1977]; Lucio Colletti, Ideologia e societá, 
Bari, 1969 [Ideología y sociedad, Barcelona, Fontanella, 1975]; P, A, Rovatti, 
Critica e scientificita in Marx, Milán, 1973, Para una discusión sistemática 
sobre estas posiciones, véase mi libro Sulla “scientificita” del marxismo «it. 
pp. 7-36, : 


CRÍTICA MARXIANA EN LA EINLEITUNG 21 


da del texto3 o con la anexión de éste a los dos capítulos sobre la 
mercancía y el dinero en la Contribución.36 

Ambas directivas convergen, luego, como se verá también más am- 
pliamente en seguida, en la rehabilitación del alcance radicalmente 
antagonista de esto, como de los otros documentos del articulado 
programa marxiano de la crítica de la economía política, respecto 
de cuya realización la crisis económica internacional de 1857 cons- 
tituye un formidable factor de aceleración, indicando, además, 
conjuntamente, en tanto re“erente del mismo análisis teórico, aque- 
Illas contradicciones operantes en el tejido vivo de la “sociedad 
civil”, que reproducen con fuerza en primer plano el problema del 
desarrollo y del crecimiento de la organización política de la clase 
obrerz. 

En el interior de este proyecto, la Einleitung —el primer escrito 
de amplio aliento teórico sobre temas económicos que haya sido 
redactado por Marx para su publicación después del inicio del 
exilio londinense— se propone de veras como “anticipación” de re- 
sultados todavía por demostrar, y que no obstante la inminencia 
del déluge y, consiguientemente, la necesidad de rehacer rápida- 
mente las filas para un trabajo político que la escisión producida 
en el comité central de la Liga de los Comunistas en 1850 no ha- 
bía de ningún modo interrumpido sino en todo caso planteado 
de un modo diverso y de manera menos inmediata, inducen a pre- 
figurar como presupuestos para una “gestión obrera” de la crisis, 
y por esto no en la forma —teóricamente apologética y política- 
mente reaccionariá— de la síntesis global o del discurso sobre el 
método de una ciencia económica “nueva”, en condiciones de se- 
cundar y de cohonestar la tensión capitalistá a la resolución capi- 


% Véase Introduzione alla critica delPeconomia politica, a cargo de Lucio 
Colletti, Roma, 1954, ñ 

“e Véanse las dos ediciones ya citadas (Roma, 1957 y Roma, 1972) de Per 
la critica dell'economia politica, De algún modo, tanto la traducción a cargo 
de Colletti (y el casi contemporáneo artículo del mismo autor, “L'unitá di 
teoría e pratica e il metodo della scienza”, en Societá núm, 9, 1953, pp, 495- 
530, en buena parte dedicado al análisis de -la Einleitung) como —y sobre 
todo— la discusión surgida en Italia sobre el tema en los años cincuenta y 
sesenta se inclinan por la anexión de la Introducción de 1857 a la obra de 1859, 
a pesar de que en una de las primeras ediciones italianas de este último escrito 
(Critica delleconomia politica, a cargo de B, Maffi, Milán, 1946) no está 
incluida la Einleitung mi el encargado de la edición hace mención alguna 
de ella en el “Prefacio”, Para la traducción en lengua italiana de la obra de 
Marx, véase el esmerado estudio de Gian M. Bravo, Marx e Engels in lingua 
italiana, 1840-1960, Milán, 1902, 


22 UMBERTO CURI 


talista de la crisis, sino en la forma objetivamente revolucionaria, 
de la critica de la economía política. 

En este sentido, la relación histórica con las convulsas vicisitudes 
de la crisis, dominante, como se ha visto, en toda la actividad 
marxiana, “nocturna y diurna”, de 1857, se reproduce, a nivel .teó- 
rico y político, como terreno sobre el cual se mide la distancia y 
la alteridad entre la ideología-ciencia del modo de producción ca- 
pitalista y la práctica política restauradora con ella consonante, 
reunificada por el esfuerzo de una “racionalización” de las con- 
tradicciones teóricas y materiales, por una parte; y por la otra la 
ruptura revolucionaria, agente en vivo. de la profunda laceración 
abierta por la crisis, que crítica de la economía política y organi- 
zación de la clase obrera consolidan en un único y articulado 
proyecto político, 

Por eso la “anticipación de resultados que aún quedarían por de- 
mostrarse”, procedimiento epistemológicamente escandaloso, devie- 
ne, más que justificado, impuesto por la urgencia de un momento 
histórico y de una situación estructural en los que, en el áspero 
conflicto con el adversario, la asunción de la iniciativa, la adminis- 
tración de los canales abiertos por la crisis, se configura como cues- 
tión de vida o muerte.27 

Por estas razones, justamente porque “anticipando” las solucio- 
nes era posible conseguir anticiparse al enemigo de clase, enfren- 
tarlo eficazmente sobre el plano decisivo de la iniciativa política, 
quitarle espacio y prioridad de movimientos, la Einleitung estaba 
“lanzada ya” en vista de la publicación, sin preocuparse por 
presentar armoniosamente orgánico y compacto ese “sistema” capi- 
talista respecto del cual la crisis mostraba hendiduras y surcos 
enteramente transitables para la ofensiva obrera; por las mismas 
razones, una vez cicatrizado, mediante complejos y no indoloros 
procesos de restructuración de la organización productiva, las he- 
ridas abiertas con la crisis, una vez concluido positivamente el 
esfuerzo capitalista por un cambio de las estructuras fundamenta- 
les de los mecanismos de acumulación, la Einleitung estaba “en 
prensa”: el diluvio, que parecía inminente, no se había produci- 
do; se había realizado, por el contrario, la “revolución desde lo 


“7 La importancia esencial de la “anticipación” de -los procesos de organi- 
zación de clase con respecto a la decadencia de las instituciones del sistema 
está delineada como mejor no podría hacerse en Massimo Cacciari, “Sul .pro- 
blema dell'organizzazione, Germania 1971-1921”, en .Gyórgy Lukács, “Kom- 
munismus” 1920-1921, Padua, 1972, pp. 7-66, 


CRÍTICA MARXIANA EN LA EINLEITUNG. 23 


alto”.38 Puesto que las resultantes de la crisis parecían traducir 
aquellas “anticipaciones” retardadamente, era menester prepararse 
para afrontar nuevamente los tiempos largos, retomar el análisis 
de la “moderna sociedad burguesa” desde el nuevo observatorio de 
la realidad posterior a la crisis, desde cuyo horizonte parecía ahora 
desvanecerse, o al menos alejarse, la posibilidad de la catástrofe 
inminente; era necesario empezar de nuevo, después del paréntesis 
impaciente de los Grundrisse, el trabajo analítico de “análisis 
crítico de lo real”,39 que es el fundamento necesario “para la críti- 
ca de la economía política”. 


11M 


La reintegración de la Einleitung en la compleja trama de los 
Grundrisse, su desligamiento de la problemática más “sistemática” 
de la Contribución, la individualización de la crisis de 1857 en 
tanto nudo histórico y problemático crucial para el desciframien- 
to de los componentes principales del análisis marxiano de aque- 
llos meses, la referencia a los intentos que precedieron a la redac- 
ción del texto y las razones que han determinado la supresión 
—ambas declaradas por el autor—, son todos elementos que concu- 
rren para la identificación. del tema efectivo de la Introducción 
de 1857: la crítica de la ideología como aspecto calificante y ar- 
ticulación interna de la crítica de la economía politica en función 
de fa organización política de la clase obrera. 

La estrecha interconexión y la inseparabilidad de estos tres mo- 
mentos constitutivos del análisis marxiano de la sociedad burguesa 
moderna no sólo evidencia los sustanciales malentendidos implí- 
citos en las recurrentes interpretaciones del texto marxiano en 
clave de “discurso sobre el método” de la ciencia y, conjunltamen- 
te, el objetivo retraso teórico y político-cultural de las interroga- 
ciones “filosóficas” dirigidas al respecto, como a los otros documen- 
tos del programa general marxiano de crítica de la economía 
política, con la finalidad, tácita o declarada, de remitir a Marx, 
a través de los Manuscritos de 1814 o de la Crítica de la filosofía 
hegeliana del derecho público, a Feuerbach, y de aquí a Hegel y a 
la filosofía clásica alemana y, aún más allá, a Kant, Galilco y 


“* Véase Prefazione, en Varios autores, Crisi e organizzazione cit,, p. 7, 

* Karl Marx, Poscritto alla seconda edizione, en Jl Capitale, tr, it, de D, 
Cantimori, Roma, 1970, t, 1, pp. 25-26 [£pilogo a la segunda edición, en 
Karl Marx, El capital, México, Siglo XXI, 1975, t. 1/1, p. 17]. 


24 UMBERTO CURI 


Aristóteles, o a Vico y Bruno, esterilizando la carga antagónica en 
el inofensivo limbo de los “ismos” filosóficos; todo esto no sólo 
evidencia, decíamos, tales malentendidos sino, sobre todo, indica, 
positivamente, el espacio teórico más apropiado, en el que se colo- 
ca la marxiana “crítica despiadada de todo lo existente”, instalando 
con fuerza el carácter imprescindible de un trabajo general de aná- 
lisis de las contradicciones actualmente abiertas en el interior de la 
moderna “sociedad burguesa”. : 

Crítica de la ideología —decíamos— dentro y mediante la crítica 
de la economía política: el aspecto más característico del discurso 
propuesto en la Finleitung está constituido precisamente por aque- 
lla complementariedad, que seducciones científicas o presupuestos 
teoricistas han inducido frecuentemente a infringir, privilegiando 
—pero con esto mismo mistificando— la crítica epistemológica o la 
Umkehrung filosófica; la polémica con Smith y Ricardo, con Bas- 
tiat y Proudhon, no es sólo negación de la validez teórica de la 
political economy sino que es, conjunta e indisolublemente, indi- 
cación del modo concreto en que aquella ciencia es homogénea 
a la exigencia de la más general organización de la producción, 
explícitamente, por lo tanto, de la específica función ideológica 
a que ella responde, justamente en razón —y no a despecho— de 
su “cientificidad”. En efecto, Marx no atribuye la imposibilidad 
de explicar —mediante la referencia a las “condiciones generales de 
toda producción”— estadios históricos realest0 a la falta de “po- 
tencia” epistemológica de las “determinaciones comunes”, las cua- 
les constituyen más bien una “abstracción que tiene un sentido” 
[verstándige],1 en la medida en que nos aseguran economía in- 
telectual al permitirnos ahorrarnos repeticiones. Él destaca más 
bien cómo tales determinaciones generales, tales momentos abstrac- 
tos, como quiera que sea unidos entre sí en aquella suerte de “arte 
combinatoria” en que consiste la ciencia económica burguesa, per- 
miten sólo reproducir lo real (no transformarlo), hacer pasar “de 
la realidad a los libros'”*2 la forma de la organización capitalista 
de la producción, contribuyendo, en la insinuación de su carácter 
inmodificable, a homologarla y consolidarla. 

En este sentido la ideologicidad del procedimiento seguido por 
los economistas, funcional a la consecución de ciertos objetivos 
apologéticos, no está en relación adversativa sino complementaria 


“ Véase Karl Marx, Einleitung, a cargo de Umberto Curi,: Padua, 1975 
p. 52 [p. 288]. : 

“ Ibid, p. 46 [p. 284]. 

* Ibid,, p. 84 [p. 289]. 


CRÍTICA MARXIANA EN LA EINLEITUNG . 25 


respecto de la “cientificidad” de la demostración. La eternización 
de los procesos de producción históricos no es por lo tanto conse- 
cuencia adventicia, resultado de una extrínseca subordinación de 
la presunta pureza de la argumentación cientifica respecto del ca- 
rácter instrumental de la destinación apologética sino éxito inma- 
nente e inevitable de un procedimiento dirigido a la demostración 
de la “eternidad y la armonía de las condiciones sociales exis- 
tentes”,*3 

Una lectura desprejuiciada del texto marxiano manifiesta abier- 
tamente su completa ajenidad a la problemática del debate teó- 
Tico sobre la ciencia económica abstractamente considerada: la 
correlación que Marx establece no mira —“horizontalmente”— las 
relaciones internas de las teorías entre sí sino la conexión --“ver- 
tical”— entre momentos de la elaboración teórica y formas espe- 
cíficas de la organización productiva; el análisis no' se agota en- 
tonces en la simétrica contraposición de una ciencia más avanzada 


. y correcta desde el punto de vista metodológico respecto de la 
ahora obsoleta economía política clásica, en la denuncia de una 


presunta distonía entre ésta y la sociedad burguesa sino, por el 
contrario, está totalmente dirigida a aclarar los nexos profundos 
entre ellos intercurrentes, a mostrar en qué medida la una está en 
función de la otra, a través de cuáles mediaciones conceptuales 
la ciencia burguesa contribuye al reforzamiento y a la conservación 


. de la sociedad burguesa y cómo ésta, en su organización global,. 


expresa y verifica a aquélla. No es verdad por eso que la political 
economy no “funcione” como ciencia —o, mejor, esto es parcial- 
mente verdadero si asumimos, como plano referencial, el nivel tf 
picamente burgués de la controversia puramente epistemológica; 
por el contrario, en una perspectiva no ilusoriamente “crítica”, 
ella “funciona” egregiamente como ciencia “cuya finalidad más o 
menos consciente” consiste en “introducir subrepticiamente las re- 
laciones burguesas como leyes naturales e inmutables de la socie- 
dad in abstracto”.* ' 

Si éste no fuese el itinerario efectivo recorrido por la crítica 
marxiana, los resultados alcanzados representarían paradójicamen- 
te una corroboración, antes que una refutación, de la misma vali- 
dez teórica de la “economics” clásica: la ineficiencia de la ciencia 
burguesa conllevaría el desajuste respecto de la “estructura” que 
debería expresarla y, consiguientemente, implicaría la autonomía. 


* Ibid, p. 47 [p. 284], 
“ Ibid, p. 50 [p. 286]. 


26 UMBERTO CUR£ 


antes que la naturaleza de “apariencia objetiva”, respecto del modo 
de producción capitalista, rehabilitando, en cierta medida, la inde- 
pendencia teórica y la pureza científica. 

El relevamiento de la conexión entre orden productivo capitalis- 
ta y aparato demostrativo de la economía clásica, y la detallada 
articulación de esta relación, permite no sólo conjurar la recaída 
vertical en el ámbito ideológico de: la misma crítica de la ideolo- 
gía sino que confiere también un significado no contradictorio 
con la denuncia de la naturaleza “contemplativa” del saber bur- 
gués, en la medida en que invitan a entender también siempre 
en términos de implicación, antes que de separación, el mismo ca- 
rácter “contemplativo” de la ideología-ciencia expresada por el 
modo de producción capitalista. 

Este reconocimiento no implica del todo, como demasiado a me- 
nudo se llega a creer, la convicción de la separación entre saber 
tradicional y mecanismos productivos, precisamente porque, de 
nuevo, esta supuesta separación terminaría por autonomizar a éstos 
y a aquéllos, traduciéndose contradictoriamente en la admisión 
de la independencia y por lo tanto de la inmaculada “cientifici- 
dad” de la ciencia burguesa. La calificación “contemplativa” a 
ella pertinente designa, por el contrario, el tipo especifico y carac- 
terizante acorde con la organización productiva en su conjunto, 
en la forma de la apología y del enmascaramiento: testo que la 
crítica marxiana revela como constitutiva de la economics clásica 
no es, en suma, la desarticulación respecto de la sociedad burguesa 
sino la incapacidad de remitirse a ella, si no para celebrarla y 
eternizarla, sustrayéndola, consiguientemente, a toda hipótesis teó- 
rica, o movimiento real, sí orientada a transformarla. Por eso la 
crítica no ocupa sólo la también esencial dimensión conceptual del 
desenmascaramiento apologético, sino conjuntamente, en el rele- 
'“vamiento de la contradicción y de la discordancia, abre un espacio 
de intervención política, que incide justamente sobre aquella 
contradicción, para acelerar la disolución y provocar finalmente 
el trastornamiento de las relaciones sociales de producción exis- 
tentes. 

Se perfila de este modo el tercer elemento que lleva el discurso 
de Márx, indisolublemente unido a los precedentes y de ambos 
sostén cualificante y connotación clasista: el tema de la organiza- 
ción política de la 'élase obrera. En el momento en que revela el 
papel litúrgico, y por esto conservador, de la ideología-ciencia bur- 
guesa, evidenciando, en oposición a ésta, los límites, las fallas, las 
grietas profundas presentes en la organización capitalista de la 


CRÍTICA MARXIANA EN LA EINLEFTUNG 27 


producción y por eso la concreta posibilidad de modificarla, la cri- 
tica pone, con esto mismo, las premisas para una conquista de tales 
espacios para la iniciativa política de la clase obrera, muestra el 
ámbito de intervención, permite -el afinamiento y la maduración 
de los instrumentos de lucha: contribuye a desmantelar las defen- 
sas del aparato, en la medida en que indica cuáles objetivos re- 
sultan practicables para la ofensiva obrera, cuáles bastiones son 
más fácilmente acometibles. Crítica de la ideología y crítica de la 
economía política se constituyen, así, como articulaciones especí- 
ficas y necesarias de un más amplio diseño estratégico dirigido al 
consolidamiento de la organización revolucionaria de la clase obrera. 
En esta perspectiva se comprenden plenamente los motivos por 
los cuales —ni en la Einleitung ni en otro lugar— Marx no vierte 
en modo alguno la crítica de la ideología burguesa en la pro- 
puesta de una “ciencia alternativa”, porque negándose una vez 
más y no en forma accidental a ceder a la tradición epistemológica 
rehúsa a aproximar a la destructio la instauratio, a la demoli- 
ción de la political economy una síntesis global antagónica. Las 
“diferencias esenciales”, sabiamente “olvidadas” por los econo-”* 
mistas, en favor de las abstractas “determinaciones comunes”, no 
son insertables en esquema epistemológico alguno, no pueden ser 
“científicamente” previstas ni mucho menos usadas en sentido 


- prospectivo: individualizan, más bien, el ámbito definido de una 


actividad, de un complejo proceso de organización, que ningún 
método —más o menos “correcto”-- y ninguna teoría están en con- 
diciones de predeterminar: definen en todo caso el espacio —que 
es espacio político, no teórico— de las contradicciones materiales 
con las que está constituida la lucha de clases a un nivel deter- 
minado de desarrollo de la sociedad capitalista. “La clase obrera 
dentro del capital”,* en que se resumen las “diferencias esencia- 
les”, dolosamente olvidadas por los economistas, es una realidad 
que señala la articulación no de un concepto sino de una lucha, 
de una relación de fuerza, y por eso irreductible a la lógica de la 
“conciliación dialéctica de los conceptos”,** en que se encarna 
cumplidamente no sólo la ideología-ciencia burguesa sino también 
toda teoría que se proponga contradictoriamente como “filosofía 
del proletariado” .*7 

1% Véase Mario Tronti, Operai e capitale cit, 

4 Karl Marx, Finleitung cit., p, 54 [p. 289]. 

“7 La contradicción implícita en las tentativas de traducir la crítica de la 
ideologia burguesa en una “filosofía revolucionaria” está lúcidamente regis- 


trada por G, Pasqualotto en su ensayo sobre la Escucla de Francfort (Teoria 
come utopia, Verona, 1974). 


28 UMBERTO CURI 


La imposibilidad de proponer un “método marxista”, que garan- 
tice el rigor de la demostración y que funcione como sostén de una 
Weltanschauung revolucionaria, es límpidamente transparente en la 
discusión a propósito del “método de la economía política”, cuan- 
do Marx, con una referencia para nada ritual o extrínseca, reconoce 
en Hegel a aquel que con mayor coherencia ha sabido indicar la 
vía a través de la cual el pensamiento está en condiciones de apro- 
piarse lo concreto, reproduciéndolo como algo espiritualmente con- 
creto. Con Hegel se cumple, en efecto, a su máximo nivel, el destino 
de un saber, como es el burgués, incapaz de ir más allá de la celebra- 
ción del estado de cosas existente, idóneo para describir “cientí- 
ficamente” la sociedad burguesa sólo en la medida en que renun- 
cia a incidir efectivamente sobre ella y a transformarla: el “método 
científico correcto” —de una “ciencia”, sin embargo, respecto de la 
cual precedentemente la crítica ha manifestado su finalidad apo- 
logética, mostrando su homogeneidad con las relaciones capitalis- 
tas de producción— parte, en efecto, de lo concreto real, y a tra- 
vés de la intuición y la representación arriba progresivamente a 
síntesis cada vez más articuladas en las cuales se compendian 
relaciones generales abstractas, llegando, finalmente, como resulta- 
do de todo el proceso, a una “rica totalidad con múltiples deter- 
minaciones y relaciones”.18 

Este procedimiento, cuyo éxito es lo concreto como “unidad de 
lo múltiple”, signa el momento más alto y más completo de auto- 
comprensión de la sociedad burguesa en su totalidad, fijada en el 
carácter definitorio de la síntesis omnicomprensiva; pero a través de 
este itinerario, que permite la reproducción de lo concreto “por el 
camino del pensamiento”, a través de esto que es el único proce- 
dimiento “correcto desde el punto de vista científico”, queda se- 
llado también el límite infranqueable de la ideología-ciencia ex- 
presada por el modo de producción capitalista: la incapacidad 


de intervenir en el “proceso de formación de lo concreto”, la im- 
P 


posibilidad de darse en las confrontaciones del sujeto real —la 
“moderna sociedad burguesa” como no sea en la forma de la re- 
presentación y de la “contemplación”, de la “apropiación espiri- 
tual”, por lo tanto"no de la transformación o del derrumbamiento, 

El reconocimiento explícito de la corrección científica de tal 
procedimiento (a propósito del cual demasiadas veces se estuvo 
equivocado ante la ilusión de lograr encontrar finalmente la deli- 


* Karl Marx, Einleitung cit, p. 72 [p. 301]. Sobre el tema, véase Mario 
Dal Pra, La dialettica in Marx cit, ] . 


CRÍTICA MARXIANA EN LA EINLEITUNG 29 


neación de un carismático “método marxista” en condiciones de 
asegurar la calificación “materialista” de la indagación) y, a la 
par, la denuncia de los límites a él intrínsecos —ambos efectuados 
con claridad por el mismo Marx—, quitan espacio y confiabilidad 
a toda filosofía alternativa, a toda “dialéctica de izquierda”:*% 
el modo de apropiarse el mundo, que es típico de la “mente que 
piensa”, y que alcanza su expresión más significativa con Hegel, 
encarnación acabada de aquella “conciencia filosófica” por la cual 
“el pensamiento conceptivo es el hombre real y, por consiguiente, 
el mundo pensado es como tal la única realidad”,5 es, en efecto, 
el único modo que tiene el pensamiento de apropiarse el mundo, 
según modalidades distintas de las de “el arte, la religión, el 
espíritu práctico”. El límite meramente reproductivo, atribuido 
a la “conciencia filosófica”, de tal manera que, esté antes o des- 
pués el cumplimiento de aquel proceso de síntesis que permite 
adueñarse de lo concreto como un concreto espiritual, “el sujeto 
real mantiene [...] su autonomía fuera de la mente”,5l no puede 
ser adscrito sólo a una cierta filosofía, mi mucho menos a la he- 
geliana en particular, a la cual por el contrario se le reconoce 
el saber representar atentamente la sociedad burguesa en sus ar- 
ticulaciones de nexos y determinaciones complejas.32 Este límite 
es constitutivamente inherente a toda filosofía en la medida en 
que ella “se comporte únicamente de manera especulativa, teóri- 
ca”, incurriendo en la ilusión “de concebir lo real como resultado 
del pensamiento que, partiendo de sí mismo, se concentra en sí 
mismo, profundiza en sí mismo y se mueve por sí mismo”, sin dejar 
de recordar que es necesario que en “el método teorético” “el su- 
jeto, la sociedad, esté siempre presente en la representación como 
premisa'.53 

Disuelta la ideología burguesa en su pretensión exhaustiva y 
desenmascarada en su destino apologético; ajusticiada toda ilusión 


% Véase Massimo Cacciari, “Dialettica e tradizione”, en Contropiano, núm, 
1, 1968, pp. 125-152, 

5% Kar] Marx, Einleitung cit,, p. 74 [p. 302], 

A Loc, cit, 

* “Es la filosofía hegeliana —la más gigantesca operación teórica de tota- 
lización de la imagen del mundo burgué:— la que asume la tarea de su fun- 
dación, Hegel resuelve la fijación y la autonomía de las categorías econó- 
micas fluidificándolas en un movimiento, inscribiéndolas en una totalidad de 
orden superior, como partes que se descubren en un todo” (Salvatore Veca, 
Marx e la critica dell'economia politica, Milán, 1973; véase también del mis- 
mo Veca, “Sul capitale”, en Varios autores, Marxismo e critica delle teorie 
economiche, Milán, 1974), 

Karl Marx, Einleitung cit., p, 74 [p. 302]. 


30 , UMBERTO CURI 


de síntesis alternativa en su ingenua, o dolosa, y de cualquier 
modo contradictoria e irrealizable ambición; reconfirmada la ante- 
rioridad lógica y “ontológica” del presupuesto real respecto del 
análisis científico de él; confirmado que es necesario tener siem- 
pre presente que “el sujeto —la moderna sociedad burguesa en 
este caso— es algo dado tanto en la realidad como en la: men- 
te”,% no queda sino disponerse-a analizar, para combatirlo y 
derrotarlo, al capital, que es “la potencia de la sociedad burguesa 
que lo domina todo”.55 

La Einleitung permite, con esto, lanzar nuevamente de veras 
una investigación marxista de nuevo tipo, distante de los pantanos 
cientificistas y de las evasiones filosóficas, e indicar a la vez “la lí- 
nea de conducta”: ““por un largo período, con rigor, sin vacilaciones, 
deberemos tener fijo el objeto sobre el cual mirar: la sociedad 
presente, la sociedad del capital, sus dos clases, la lucha entre estas 
clases, la historia de ellas, las previsiones de su desarrolio”,56 


5 Ibid, p. 82 [p. 307]. 
5 Tbid.. p. 84 [p, 308]. 
%* Mario Tronti, Operai e capitale cit., p. 18. 


KARL MARX 


INTRODUCCIÓN GENERAL A LA CRÍTICA 
DE LA ECONOMÍA POLÍTICA [1857] 


INTRODUCCIÓN 


SUMARIO 
A. Introducción 


1] La producción en general. 

2] Relación general entre la producción, la distribución, . el 
cambio y el consumo. 

3] El método de la economía política. 

4] Medios (fuerzas) de producción y relaciones de producción, 
relaciones de producción y relaciones de tráfico, etcétera. 


[La introducción se encuentra en un cuaderno inicialado con una M, Se comenzó 
a redactar el 23 de agosto de 1857 y Marx deja de trabajar en ella a mitad de 
septiembre del mismo año.) 


[82] 


INTRODUCCIÓN!U! 


I. PRODUCCIÓN, CONSUMO, DISTRIBUCIÓN, CAMBIO 
(CIRCULACIÓN) 


I] PRoDucciÓN 
[Individuos autónomos. Ideas del siglo xvi] 


a] El objeto a considerar es en primer término la producción 
material 


Individuos que producen en sociedad, o sea la producción de los 
individuos socialmente determinada: éste es naturalmente el pun- 
to de partida. El cazador o el pescador solos y aislados, con los 
que comienzan Smith!2i y Ricardo,[*l pertenecen a las imaginacio- 
nes desprovistas de fantasía que produjeron las robinsonadas del 
siglo xvi, las cuales no expresan en modo alguno, como creen 
los historiadores de la civilización, una simple reacción contra un 
exceso de refinamiento y un retorno a una malentendida vida 
natural. El contrat social de Rousseau,'* que pone en relación y 
conexión a través del contrato a sujetos por naturaleza indepen- 
dientes tampoco reposa sobre semejante naturalismo.!5 Ésta es 
sólo la apariencia, apariencia puramente estética, de las grandes 
y pequeñas robinsonadas. En realidad, se trata más bien de una 
anticipación de la “sociedad civil”18 que se preparaba desde el 
siglo xvi y que en el siglo xvi marchaba a pasos de gigante hacia 
su madurez. En esta sociedad de libre competencia cada individuo 
aparece como desprendido de los lazos naturales, etc., que en las 
épocas históricas precedentes hacen de él una parte integrante 
de un conglomerado humano determinado y circunscrito. A los 
profetas del siglo xvii, sobre cuyos hombros aún se apoyan total. 
mente Smith y Ricardo, este individuo del siglo xvi —que es el 
producto, por un lado, de la disolución de las formas de sociedad 
feudales, y por el otro, de las nuevas fuerzas productivas desarrolla- 
das a partir del siglo xvi se les aparece como un ideal cuya exis. 
tencia habría pertenecido al pasado. No como un resultado histó- 
rico, sino como punto de partida de la historia. Según la concep- 


3 


34 KARL MARX 


ción que tenían de la naturaleza humana, el individuo aparecía 
como conforme a la naturaleza en tanto que puesto por la natura- 
leza y no en tanto que producto de la historia. Hasta hoy, esta 
ilusión ha sido propia de toda época nueva. Steuart, que desde 
muchos puntos de vista se opone al siglo xv y que como aristó- 
crata se mantiene más en el terreno histórico, supo evitar esta 
simpleza. 

Cuanto más lejos nos remontamos en la historia, tanto más 
aparece el individuo —y por consiguiente también el individuo 
productor— como dependiente y formando parte de un todo ma- 
yor: en primer lugar, y de una manera todavía muy enteramente 
natural, de la familia y de esa familia ampliada que es la tribu; 
más tarde, de las comunidades en sus distintas formas, resultado 
del antagonismo y de la fusión de las tribus.) Solamente al llegar 
el siglo xvuL, con la “sociedad civil”, las diferentes formas de co- 
nexion social aparecen ante el individuo como un simple medio 
para lograr sus fines privados, como una necesidad exterior. Pero 
la época que genera este punto de vista, esta idea del Individuo 
aislado, es precisamente aquella en la cual las relaciones sociales 
(generales según este punto de vista) han llegado al más alto grado 
de desarrollo alcanzado hasta el presente. El hombre es, en el 
sentido más literal un twov xrodr'mov*[animal político),19 no sola- 
mente un animal social, sino un animal que solo puede indivi- 
dualizarse en la sociedad. La producción por parte de un individuo 
aislado fuera de la sociedad —hecho raro que bien puede ocurrir 
cuando un civilizado, que potencialmente posee ya en sí las fuerzas 
de la sociedad, se extravía accidentalmente en una comarca salva- 
je no es menos absurda que la idea de un desarrollo del len- 
guaje sin individuos que vivan juntos y hablen entre sí. No hay 
que detenerse más tiempo en esto. Ni siquiera habría que rozar el 
punto sí esta tontería, que tenía un sentido y una razón entre los 
homisres del siglo xvii, no hubiera sido introducida seriamente 
en plena economía moderna por Bastiat, Carey, Proudhon, étc.£10 
A Proudhon, entre otros, le resulta naturalmente cómodo explicar 
el origen de una relación económica, cuya génesis histórica desco- 
noce, en términos de filosofía de la historia, mitologizánde que 
a Adán y a Prometeo se les ocurrió de repente la idea y entonces 
f£:ie introducida, etc. Nada hay más insulso que el locus conmiunis 
[lugar común] puesto a fantasear. 1111 


INTRODUCCIÓN DE 1857 35 


[Eternización de relaciones de producción históricas. Producción y 
distribución en general, Propiedad] 


Por eso, cuando se habla de producción, se está hablando siem- 
pre de producción en un estadio determinado del desarrollo so- 
cial, de la producción de individuos en sociedad, Podría parecer 
por ello que para hablar de la producción a secas fuera preciso- 
o bien seguir el proceso de desarrollo histórico en sus diferentes 
fases, o bien declarar desde el comienzo que se trata de una deter- 
minada época histórica, por ejemplo. de la moderna producción 
burguesa, lo cual es en realidad nuestro tema especifico Pero todas 
las épocas de la producción tienen ciertos rasgos en común, ciertas 
determinaciones comunes. La producción en general es una abs- 
tracción, pero una abstracción que tiene un sentido, en tanto pone 
realmente de relieve lo común, lo fija y nos ahorra así una repeti- 
ción. Sin embargo, lo general o lo común, extraído por compa- 
ración, es a su vez algo complejamente articulado y que se desplie- 
ga en distintas determinaciones. Algunas de éstas pertenecen a 
todas las épocas, otras son comunes sólo a algunas. [Ciertas] deter- 
minaciones serán comunes a la época más moderna y a la más 
antigua. Sin ellas no podría concebirse ninguna producción; sólo 
que, si los idiomas más evolucionados tienen leyes y determinacio- 
nes que son comunes a los menos desarrollados, lo que constituye 
su desarrallo es precisamente aquello que los diferencia de estos 
elementos generales y comunes. Las determinaciones que valen 
para la producción en general son precisamente las que deben ser 
separadas, a fin de que no se olvide la diferencia esencial por 
atender sólo a la unidad, la cual se desprende ya del hecho de 
que el sujeto, la humanidad, y el objeto, la naturaleza, son los 
mismos. Én este olvido reside, por ejemplo, toda la sabiduría 
de los economistas modernos que demuestran la eternidad y la 
armonfa de las condíciones sociales existentes. Un ejemplo. Nin- 
guna producción es posible sin un instrumento de producción, 
aunque este instrumento sea sólo la mano; ninguna, sin trabajo 
pasado acumulado, aunque este trabajo sea sólo la destreza que 
el ejercicio repetido ha desarrollado y concerftrado en la mano del 
salvaje. El capital entre otras cosas, es también un instrumento 
de producción: es también trabajo pasado, objetivado. De tal modo 
el capital es uma relación natural, universal y eterna; pero lo es 
si deja de lado lo específico lo que hace de un instrumento de 
producción”, del “trabajo acumulado”, un capital. Así, toda la his- 
toria de las relaciones de producción aparece, por ejemplo en 


36 KARL MARX 


Carey, como una falsificación organizada malignamente por los 
gobiernos.!1121 

Si no existe producción en general, tampoco existe una produc- 
ción general. La producción es siempre una rama particular de la 
producción —vg., la agricultura, la cría del ganado, la manufac- 
tura, etc.—, o bien es una totalidad. Pero la economía política 
no es tecnología. Desarrollar en otro lado (más adelante) la rela- 
ción de las determinaciones generales de la producción, en un 
estadio social dado, con las formas particulares de producción. 
Finalmente, la, producción tampoco es sólo particular, Par el con- 
trario, es siempre un organismo social determinado, un sujeto 
social que actúa en una totalidad mas o menos grande, más o 
menos reducida, de ramas de producción. Tampoco corresponde 
examinar aquí la relación entre la representación científica y el 
movimiento real. Producción en general. Ramas particulares de la 
producción. Totalidad de la producción. 

Está de moda incluir como capítulo previo a la economía una 
parte general, que es precisamente la que figura bajo el título de 
“Producción” (véase, por ejemplo, J. St. Mill),1*3% y en la que 
se trata de las condiciones generales de toda producción. Esta par- 
te general incluye o debe incluir: 1 las condiciones sin las cuales 
no es posible la producción. Es decir, que se limita solamente a 
indicar los momentos esenciales de toda producción. Se limita, en 
efecto, como veremos, a cierto número de determinaciones muy 
simples, estiradas bajo la forma de vulgares tautologías; 2] las con- 
diciones que hacen avanzar en mayor o en menor medida a la 
producción, tales como por ejemplo, el estado progresivo o de es- 
tancamiento de Adam $mith.!19 Para dar un significado científico 
a esta consideración que en él tiene su valor como apergu [expo- 
sición sumaria], habría que realizar investigaciones sobre los gra- 
dos de la productividad en diferentes períodos, en el desarrollo 
de pueblos dados, investigaciones que excederían de los límites 
propios del tema pero que, en la medida en que caen dentro de él, 
deberán ser encaradas cuando se trate del desarrollo de la corm- 
petencia, de la acumulación, etc. Formulada de una manera ge- 
neral, la respuesta conduce a la idea de que un puebla industrial 
llega al apogeo de su producción en el momento misnja en que 
alcanza su apogeo histórico. In fact [en los hechos] Un pueblo 
está en su apogeo industrial cuando lo principal para el no es la 
gínancia, sino el ganar. En esto, los yanquis están por encima de 
los ingleses. O también: que ciertas predisposiciones raciales, eli- 
mas, condiciones naturales, como la proximidad del mar la ferti- 


INTRODUCCIÓN DE 1857 37 


lidad del suelo, etc., son más favorables que otras para la produc- 
ción. Pero esto conduce nuevamente a la tautología de que la 
riqueza se crea tanto más fácilmente «cuanto mayor sea el grado 
en que existan objetiva y subjetivamente los elementos que la 
crean.1151 

Pero no es esto lo único que realmente interesa a los economis- 
tas en esta parte general. Se trata más bien —véase por ejemplo 
el caso de Mill-16) de presentar a la producción a diferencia de la 
distribución, etc, como regida por leyes eternas de la naturaleza, 
independientes de la historia, ocasión esta que sirve para introdu- 
cir subrepticiamente las relaciones burguesas como leyes naturales 
inmutables de la sociedad in abstracto. Ésta es la finalidad mas 
o menos consciente de todo el procedimiento. En la distribución, 
por el contrario, los hombres se habrían permitido de hecho toda 
clase de arbitrariedades. Prescindiendo de la separación brutal «le 
producción y distribución y haciendo abstracción de su relación 
real, es de entrada evidente que por diversificada que pueda estar 
la distribución en los diferentes estadios de la sociedad, debe ser 
posible también para ella, tal como se hizo para la producción, 
extraer los caracteres comunes, así como es posible confundir o 
liquidar todas las diferencias históricas formulando leyes humanas 
universales. Por ejemplo, el esclavo, el siervo, el trabajador asala- 
riado reciben todos una cierta cantidad de alimentos que les per- 
mite existir como esclavo, siervo O asalariado. El conquistador que 
vive del tributo, el funcionario que vive del impuesto, el propieta- 
rio de la tierra que vive de la renta, el monje que vive de la 
limosna o el levita que vive del diezmo, obtienen todos una cuota 
de la producción social que está determinada sobre la base de le- 
yes distintas de las que rigen para el esclavo, etc. Los dos puntos 
principales que todos los economistas clasifican bajo esta rúbrica 
son: 1] propiedad; 2] su protección por medio de la justicia,. la 
policía, etc. A esto se ha de responder muy brevemente así: 

1] Toda producción es apropiación de la naturaleza por 
parte del individuo en el seno y por intermedio de una forma de 
sociedad determinada. En este sentido, es una tautología decir que 
la propiedad (la apropiación) es una condición de la producción. 
Pero es ridículo saltar de ahí a una forma determinada de lá pro- 
piedad, por ejemplo, la propiedad privada. (Lo cual implica ade- 
más, cómo condición, una forma contrapuésta: la no propiedad.) 
La historia nos muestra más bien que la forma primigenia es la 
propiedad camún (por ejemplo, entre los hindúes, los eslavos, los 
antiguos celtas, etc.), forma que, como propiedad comunal, desem- 


38 KARL MARX 


peña durante largo tiempo un papel importante. No está en cues- 
tión todavía en este punto el problema de si la riqueza se desarro- 
lla mejor bajo esta o aquella forma de propiedad. Pero decir que 
no se puede hablar de una producción, ni tampoco de una socie- 
dad, en la que no exista ninguna forma de propiedad, es una tauto- 
logía. Una apropiación que no se apropia nada es una contradictio 
in subjecto [contradicción en los términos]. 

ad. 2] Protección de los bienes adquiridos, etc. Cuando se redu- 
cen estas trivialidades a su contenido real, ellas expresan. más de 
lo que saben sus predicadores. A saber, toda forma de producción 
engendra sus propias instituciones jurídicas, su propia forma de 
gobierno, etc. La grosería y la incomprensión consisten precisa- 
mente en no relacionar sino fortuitamente fenómenos que consti- 
tuyen un todo orgánico, en ligarlos a través de un nexo meramente 
reflexivo. A los economistas burgueses les parece que con la poli- 
cía moderna la producción funciona mejor que, por ejemplo, apli- 
cando el derecho del más fuerte. Ellos olvidan solamente que el 
derecho del más fuerte es también un derecho, y que este derecho 
del más fuerte se perpetúa bajo otra forma también en su “esta- 
do de derecho”. 

Guande las condiciones sociales que corresponden a un estadio 
determinado de la producción están recién surgiendo, o cuando 
están a punto de desaparecer, se manifiestan naturalmente pertur- 
baciones en la producción, aunque en distintos grados y con efec- 
tos diferentes, 

Para resumir: todos los estadios de la producción tienen caracte- 
res comunes que el pensamiento fija como determinaciones gene- 
rales pero las llamadas condiciones generales de toda producción 
ro son más que esos momentos abstractos que no permiten com- 
prender ningún nivel histórico concreto de la producción.1381 


2] LA RELACIÓN GENERAL DE LA PRODUCCIÓN CON LA DISTRIBUCIÓN, 
EL CAMBIO Y El, CONSUMO 


Antes de seguir adelante con el análisis de la producción es nece- 
sario examinar las diferentes rúbricas con que los economistas la 
asoci2n, 

La primera idea que se presenta de inmediato es la siguiente: 
en la producción los miembros de la sociedad hacen que los pro- 
ductos de la naturaleza resulten apropiados a las necesidades hu- 
manas (los elaboran, los conforman); la distribución determina 


INTRODUCCIÓN DE 1857 39 


la proporción en que el individuo participa de estos productos; el 
cambio le aporta los productos particulares por los que él desea 
cambiar la cuota que le ha correspondido a través de la distribu: 
ción; finalmente, en el consumo los productos se convierten en 
objetos de disfrute, de apropiación individual. La producción crea 
los objetos que responden a las necesidades; la distribución los 
reparte según leyes sociales: el cambio reparte lo ya repartido 
según las necesidades individuales; finalmente, en el consumo el 
producto abandona este movimiento social, se convierte, directa; 
mente en servidor y objeto de la necesidad individual, a la que 
satisface en el acto de su disfrute. La producción aparece así como 
el punto de partida, el consemo como el punto terminal, la dis- 
tribución y el cambio como el término medio, término que a su 
vez es doble, ya que la distribución está determinada como mo- 
mento que parte de la sociedad, y el cambio como momento que 
parte de los individuos. En la producción, la persona se obietivi- 
za, en el consumo!!! la cosa se subjetiviza. En la distribución la 
sociedad asume la mediación entre la producción y el consumo 
por medio de determinaciones generales y rectoras; en el cambio, 
la mediación se opera a través del fortuito carácter determinado 
del individuo, 

La distribución determina la proporción (el cuanto) en que los 
productos corresponden al individuo; el cambio determina la pro- 
ducción, de la cual el individuo desea obtener la parte que la dis- 
tribución le asigna. 

Producción, distribución, cambio y consumo forman así un silo- 
gismo con todas las reglas: la producción es el término universak 
la distribución y el cambio son el término particular, y el consu- 
mo es el término singular con el cual el todo se completa. En esto 
háy sin duda un encadenamiento, pero es superficial. La produc- 
ción está determinada por leyes generales de la naturaleza; la 
distribución resulta de la .contingencia -social y por ello puede 
ejercer sobre la producción. una acción más o menos estimulante; 
el cambio se sitúa entre las dos como un movimiento formalmente 
social, y el acto final del consumo, que es concebido no solamen- 
te come conclusión, sino también como objetivo final, se sitúa a 
decir verdad fuera de la economía, salvo cuando a su vez reaccio- 
na sobre el punto de partida e inaugura nuevamente un proceso. /201 

Los adversarios de los cultores de la economía política —proven- 
gan ellos del interior o del exterior de su ámbito, que les repro- 
chan disociar groseramente las conexiones, se colocan en su mismo 
terreno, Ó bien por debajo de. ellos. Nada más común que la acu- 


40 KARL MARX 


sación de que los cultores de la economía política consideran a la 
producción demasiado exclusivamente como un fin en sí. La dis- 
tribución tendría una importancia similar, Esta acusación está ba- 
sada precisamente en la idea de los economistas según la cual la 
distribución está situada al lado de la producción, como una esfera 
autónoma, independiente, o que los momentos no serían concebi- 
dos en su unidad. Como si esta disociación hubiera pasado no de la 
realidad a los libros de texto, sino de los libros de texto a la reali- 
dad, ¡cómo si aquí se tratara de una conciliación dialéctica de los 
conceptos y no de la comprensión de relaciones reales. 


[Consumo y producción] 


al] La producción es también inmediatamente consumo. Doble con- 
sumo, subjetivo y objetivo: el individuo que al producir desarrolla 
sus capacidades, las gasta también, las consume en el acto de la pro- 
ducción exactamente como la reproducción natural es un consumo 
de fuerzas vitales. En segundo lugar, consumo de los medios de 
producción que se emplean y se usan, y que se disuelven en parte 
(como, por ejemplo, en la combustión) en los elementos generales. 
Consumo, igualmente, de la materia prima que no conserva su 
forma ni su constitución natural, sino que más aún se consume. 
Por lo tanto, el acto mismo de producción es también en todos sus 
momentos un acto de consumo. Pero los economistas aceptan esto. 
Llaman consumo productivo a la producción que se identifica 
directamente con el consumo, y al consumo que coincide inmedia- 
tamente con la producción. Esta identidad de la producción y del 
consumo remite a la proposición de Spinoza: determinatio est 
negatio [Toda determinación es negación].21 

Pero esta determinación del consumo productivo ha sido eita- 
blecida sólo para separar el consumo identificado con la pro- 
ducción del consumo propiamente dicho, concebido, por el contra- 
rio, como el opuesto aniquilador de la producción Consideremos, 
pues, el consumo propiamente dicho. Igualmente, el consumo €s 
de manera inmediata producción, del mismo modo que en la na- 
turaleza el consumo de los elementos y de las sustancias quitmticas 
es producción de plantas. Es claro que en la nutrición, por ejem- 
plo, que es una forma de consumo, el hombre produce su propio 
cuerpo. Pero esto es igualmente cierto en cualquier otra clase de 
consumo que, en cierto modo, produce al hombre. Producción 
consumidora. Sólo que, arguye la economía, esta producción iden- 


INTRODUCCIÓN DE 1857 41 


tica al consumo es una segunda producción, surgida del aniqui- 
lamiento del primer producto. En la primera, el productor se ob- 
jetivaba; en la segunda, la cosa creada por él se personificaba. Por 
consiguiente, esta producción consumidora —aun cuando sea una 
unidad inmediata de producción y consumo— es esencialmente 
diferente de la producción propiamente dicha. La unidad inme- 
diata, en la que la producción coincide con el consumo y el con- 
sumo con la producción, deja subsistir su dualidad inmediata. 

En consecuencia, la producción es inmediatamente consumo, el 
consumo es inmediatamente producción. Cada uno es inmedia- 
tamente su opuesto. Pero al mismo tiempo tiene lugar un movi- 
miento mediador entre los dos. La producción es mediadora del 
consumo, cuyos materiales crea y sin los cuales a éste le faltaría 
el objeto. Pero el consumo es también mediador de la producción, 
en cuanto crea para los productos el sujeto para el cual ellos son 
productos. El producto alcanza su finish [realización] final sólo en 
el consumo. Una vía férrea no transitada, que no se usa y que 
por lo tanto no se consume, es solamente una vía férrea dvvapel 
[en potencia] y no en la realidad. Sin producción no hay consu- 
mo, pero sin consumo tampoco hay producción ya que en ese caso 
la producción no tendría objeto. El consumo produce la produc- 
ción de dos maneras: 1] en tarito el producto se hace realmente 
producto sólo en el consumo. Un vestido, por ejemplo, se convier 
te realmente en vestido a través del acto de llevarlo puesto; una 
casa deshabitada no es en realidad una verdadera casa; a diferen- 
cia del simple objeto natural, el producto se afirma como produc- 
to, se convierte en producto, sólo en el consumo. Disolviendo el 
producto, el consumo le da el finishing stroke [la última mano); 
pues el resultado de la producción es producto no en tanto activi- 
dad objetivada, sino sólo como objeto para el sujeto actuante; 
2] en tanto el consumo crea la necesidad de una nueva produc- 
ción, y por lo tanto el móvil ideal de la producción, su impulso 
interno, que es su supuesto. El consumo crea el impulso de la 
producción y crea igualmente el objeto que actúa en la producción 
como determinante de la finalidad de ésta. Si resulta claro que la 
producción ofrece el objeto del consumo en su aspecto manifiesto, 
no es menos claro que el consumo pone idealmente el objeto de 
la producción, como imagen interior, como necesidad, como im- 
pulso y como finalidad. Ella crea los objetos de la producción bajo 
una forma que es todavía subjetiva. Sin necesidad no hay produc- 
ción. Pero el consumo reproduce la necesidad. 

Por el lado de la producción a esto corresponde: 1 que ella 


42 : KARL MARX 


proporciona al consumo su material, su objeto. Un consumo sin: 
objeto no es un consumo; en consecuencia, en este aspecto la pro- 
ducción crea, produce el consumo. 2] Pero no es solamente el ob- 
jeto lo que la producción crea para el consumo. Ella da también 
al consumo su carácter determinado, su finish. Del mismo modo 
que el consumo daba al producto su finish como producto, la pro- 
ducción da su finish al consumo. En suma, el objeto no es un 
objeto en gentral sino un objeto determinado, que debe ser consu- 
mido de una manera determinada, que a su vez debe ser mediada 
por la producción misma. El hambre es hambre, pero el hambre 
que se satisface con carne cocida, comida con cuchillo y tenedor, 
es un hambre muy distinta de la de aquel que devora carne cruda 
con ayuda de manos, uñas y dientes. No es únicamente el objeto del 
consumo sino también el modo de consumo, lo que la producción 
produce no sólo objetiva sino también subjetivaméRte. La pro- 
ducción crea, pues, el consumidor. 3] La producción no solamente 
provee un material a la necesidad sino también una necesidad al 
material. Cuando el consumo emerge de su primera inmediatez 
y de su tosquedad natural —y el hecho de retrasarse en esta fase 
sería el resultado de una producción que no ha superado la tos- 
quedad natural— es mediado como impulso por el objeto. La nece- 
sidad de este último sentida por el consumo es creada por la per- 
cepción del objeto. El objeto de arte —de igual modo que cualquier 
otro producto— crea un público sensible al arte, capaz de goce 
estético. De modo que la producción no solamente produce un 
objeto para el sujeto sino también un sujeto para el objeto. La 
producción produce, pues, el consumo, 1] creando el material 
de éste; 2] determinando el modo de consumo; 3] provocando 'tIt el 
consumidor la necesidad de productos que ella ha creado origina- 
riamente como objetos; en consecuencia, el objeto del consumo, 
el modo de consumo y el impulso al consumo. Del mismo modo, el 
consumo produce la disposición del productor, solicitándolo como 
necesidad que determina la finalidad de la producción. 

Las identidades entre el consumo y la producción aparecen por 
lo tanto bajo un triple aspecto: 

1] Identidad inmediota:221 la producción es consumo; el consu- 
mo es producción. Producción consumidora. Consumo productivo 
Los economistas llaman a ambos consumo productivo, Pero esta- 
blecen no obstante una diferencia. La primera figura como repro- 
ducción; el segundo, como consumo productivo. Todas las investi- 
gaciones sobre la primera se refieren al trabajo productivo y al 


INTRODUCCIÓN DE 1857 43 


trabajo improductivo; las que tratan el segundo tienen por objeto 
el consumo productivo o no productivo. 

2] Cada uno de los dos aparece como medio del otro y es me- 
diado por él: ello se expresa como dependencia recíproca, como 
un movimiento a través del cual se relacionan el uno con el otro 
y aparecen como recíprocamente indispensables, aunque perma- 
neciendo sin embargo externos entre sí. La producción crea el ma- 
terial del consumo en tanto. que objeto exterior; el consumo crea 
la necesidad en tanto que objeto interno, como finalidad de la 
producción. Sin producción no hay consumo, sin consumo no hay 
producción. [Esto] figura en la economía en muchas formas. 

3] La producción no es sólo inmediatamente consumo, ni el 
consumo inmediatamente producción; ni tampoco es la produc- 
ción únicamente medio para el consumo y el consumo fin para 
la producción, vale decir que no es el caso que cada término sólo 
suministre al otro su objeto; la producción, el objeto externo del 
consumo; el consumo, el objeto representado de la producción. 
Cada uno de los términos no se limita a ser el otro de manera 
inmediata, y tampoco el mediador del otro, sino que, realizándo- 
se, crea al otro y se crea en tanto que otro. Sólo con el consumo 
llega a su realización el acto de la producción, haciendo alcanzar 
al producto su consumación como producto, en tanto lo disuelve, 
consume su forma de cosa, su forma autónoma; en tanto convierte 
en habilidad, por la necesidad de la repetición, la disposición 


desarrollada en el primer acto de la producción. El consumo no 


es, pues, únicamente el acto final gracias al. cual el producto se con- 
vierte en producto sino también el acto en virtud del cual el 
productor sé hace productor. Por otra parte, la producción engen- 
dra el consumo, creando el modo determinado de consumo, crean- 
do luego el atractivo del consumo y a través de éste la capacidad 
misma de consumo convertida en necesidad. Esta última identidad 
mencionada en el apartado 3] es interpretada de muy diversos mo- 
dos en la economía a propósito de la relación entre la oferta y 
la demanda, los objetos y las necesidades, las necesidades creadas 
por la sociedad y las necesidades naturales. 

Nada más simple, entonces, para un hegeliano que identificar 
producción y consumo. Y esto ocurrió no sólo en el caso dé los 
ensayistas socialistas sino también en el de economistas prosaicos 
como Say, por ejemplo, que piensan que si se considera a un pue- 
blo su producción sería su consumo. O también a la humanidad 
in abstracto [en general]. Storch demostró el error de Say haciendo 
notar que un pueblo, por ejemplo, no consume simplemente su 


44 KARL MARX 


producción sino que también crea los medios de producción, etc., 
el capital fijo, etc.(231 Además, considerar a la sociedad como un 
sujeto único es considerarla de un modo falso, especulativo. En 
un sujeto, producción y consumo aparecen como momentos de un 
acto. Lo que aquí importa es hacer resaltar que si se consideran 
a la producción y al consumo como actividades de un sujeto o de 
muchos individuos, ambas aparecen en cada caso como momentos 
de un proceso en el que la producción es el verdadero punto de 
partida y por ello también el momento predominante... El consumo 
como necesidad es el mismo momento interno de la actividad pro- 
ductiva. Pero esta última es el punto de partida de la realización 
y, por lo tanto, su factor predominante, el acto en el que todo el 
proceso vuelve a repetirse. El individuo produce un objeto y, con- 
sumiéndolo, retorna a sí mismo, pero como individuo productivo 
y que se reproduce a sí mismo. De este modo, el consumo aparece 
como un momento de la producción.!24 

En la sociedad, en cambio, la relación entre el productor y el 
producto, una vez terminado este último, es exterior y el retorno 
del producto al sujeto depende de las relaciones de éste con los 
otros individuos. No se apodera de él inmediatamente. Además, 
la apropiación inmediata del producto no es la finalidad del su- 
jeto cuando produce en la sociedad. Entre el productor y los pro- 
ductos se interpone la distribución, quien determina, mediante 
leyes sociales, la parte que le corresponde del mundo de los produc- 
tos, interponiéndose por lo tanto entre la producción y el consumo, 

Ahora bien, ¿la distribución existe como una esfera autónoma 
junto a la producción y fuera de ella? 


[Distribución y producción] 


b1] Cuando se examinan los tratados corrientes de economía lo 
primero que sorprende es el hecho de que en ellos todas las cate- 
gotías son presentadas de dos maneras. Por ejemplo, en la distribu- 
ción figuran la renta territorial, el salario, el interdy y la ganancia, 
mientras que en la producción, la tierra, el trabajo! el capital figu- 
ran como agentes de la producción. En lo que concigrge al capital, 
es evidente que aparece bajo dos formas: 1] como agente de praduc- 
ción; 2] como fuente de ingresos, como determinante de determi- 
nadas formas de distribución. Es por ello que el interés y la ga- 
nancia figuran también como tales en la producción, en tanto son 
formas en que el capital se incrementa, crece y por eso, son mo- 


INTRODUCCIÓN DE 1857 45 


mentos de su producción misma. En tanto formas de distribución, 
el interés y la ganancia presuponen el capital como agente de 
producción. Son modos de distribución cuya premisa es el capital 
como agente de producción. Son igualmente. modos de reproduc- 
ción del capital. 

Del mismo modo el salario es el trabajo asalariado considerado 
bajo otra rúbrica: el carácter determinado que tiene aquí el tra- 
bajo como agente de producción aparece allí como determinación 
de la distribución. Si el trabajo no estuviese determinado como 
trabajo asalariado, su modo de participar en los productos no 
aparecería bajo la forma de salario, ta! como, por ejemplo, en la 
esclavitud. Finalmente, la renta territorial, y con esto tomamos 
justamente la forma más desarrollada de la distribución en la que 
la propiedad territorial participa de los productos, presupone la 
gran propiedad territorial (más exactamente, la agricultura en gran 
escala) como agente de producción, y no la tierra pura y simple, 
así como el salario no presupone el puro y simple trabajo. En 
consecuencia, los modos y relaciones de distribución aparecen sólo 
como el reverso de los agentes de producción. Un individuo que 
participa en la producción bajo la forma de trabajo asalariado, 
participa bajo la forma de salario en los productos, en los resul- 
tados de la producción. La organización de la distribución está 
totalmente determinada por la organización de la producción. La 
distribución es ella misma un producto de la producción, no sólo 
en lo que se refiere al objeto —solamente pueden ser distribuidos 
los resultados de la produccióñ—, sinc también en lo que se re- 
fiere a la forma, ya que el modo determinado de participación 
en la producción determina las formas particulares de la distribu- 
ción, la forma bajo la cual se participa en la distribución. Es del 
todo ilusorio ubicar la tierra en la producción, la renta territorial 
en la distribución, etcétera. 

Economistas como Ricardo, a quienes se les reprocha con fre- 
cuencia no tener presente sino la producción, han definido como 
el objeto exclusivo de la economía a la distribución, precisamen- 
te porque concebían instintivamente las formas de la distribución 
como la expresión más definida en que se fijan los agentes de la 
producción en una sociedad dada,!251 

Frente al individuo aislado, la distribución aparece naturalmen- 
te como una ley social que condiciona su posición en el seno de la 
producción, dentro de la cual él produce, y que precede por lo 
tanto a la producción. En su origen el individuo no posee ni capi- 
tal mi propiedad territorial. Desde que nace está destinado al 


46 RARL MARX 


trabajo asalariado en virtud de la distribución social. Pero el he- 
cho de estar destinado es él mismo resultado del hecho de que el 
capital y la propiedad: territorial existen como agentes autónomos 
de la producción. 

Si se consideran sociedades globales, la distribución parece des- 
de cierto punto de vista preceder y hasta determinar la produc- 
ción; aparece en cierto modo como un fact [hecho] preeconómico. 
Un pueblo conquistador divide al país entre los conquistadores e 
impone así una determinada repartición y forma de propiedad 
territorial; determina, por consiguiente, la producción. O bien re- 
duce a la esclavitud a los conquistados y convierte asf al trabajo 
esclavo en la base de la producción. O bien un pueblo, mediante 
la revolución, fragmenta en parcelas la gran propiedad territorial 
y da un carácter nuevo a la producción por medio de esta nueva 
distribución. O bien la legislación perpetúa la propiedad del sue- 
lo en ciertas familias o reparte el trabajo [como] privilegio here- 
ditario para fijarlo así en un régimen de castas. En todos estos 
casos —y todos ellos son históricos— la distribución no parece estar 
determinada por la producción sino, por el contrario, es la pro- 
ducción la que parece estar articulada y determinada por la 
distribución. 

Según la concepción más superficial, la distribución aparece 
como distribución de los productos y de tal modo como más ale- 
jada de la producción y asi independiente de ella. Pero antes de 
ser distribución de Jos productos, ella es: 1] distribución de los 
instrumentos de producción; 2] distribución de los miembros de la 
sociedad entre las distintas ramas de la producción —lo cual es una 
definición más amplia de la misma relación. (Súbsunción de los 
individuos a determinadas relaciones dé producción.) La distribu- 
ción de los productos es manifiestamente sólo un resultado de esta 
distribución que se halla incluida en el proceso mismo de produc- 
ción y determina la articulación de la producción. Considerar a la 
producción prescindiendo de esta distribución que ella encierra 
es evidentemente una abstracción vacía, mientras que, por el con- 
trario, la distribución de los productos ya está dáda de por sí 
junto con esta distribución, que constituye originariamenté un 
momento de la producción. Ricardo, que se ha esforzado por con- 
cebir a la producción moderna en su articulación, social determi- 
nada y que es el economista de la producción par excellenee [por 
excelencia], declara precisamente por esa razón que no es la pro- 
ducción, sino la distribución, el verdadero tema de la economía 
moderna. Una vez más se evidencia la tontería de los econorástas, 


INTRODUCCIÓN DE 1857 47 


que presentan a la producción como una verdad eterna y relegan 
la historia al campo de la distribución. 

Qué relación tiene esta distribución determinante: de la produc- 
ción con la producción misma €s sin duda un problema que cae 
de por si dentro del marco de ésta. Se podría decir que ya que la 
producción debe partir de una cierta distribución de los instrumen- 
tos de producción, por lo menos la distribución asi entendida 
precede a la producción y constituye su premisa. Y será preciso 
responder entonces que efectivamente la producción tiene sus pro- 
pias condiciones y sus supuestos, que constituyen sus propios mo- 
mentos. En'“un comienzo estos supuestos pueden aparecer como 
hechos naturales, El mismo proceso de producción los transforma 
de naturales en históricos; si para un período aparecen como su- 
puesto natural de la producción, para otro período, en cambio, 
constituyen su resultado histórico. Ellas se modifican incesanté- 
mente en el interior de la producción misma. El uso de la maqui- 
naria, por ejemplo, ha modificado tanto la distribución de los ins- 
trumentos de producción como la de los productos. La gran 
propiedad territorial moderna es el resultado al mismo tiempo del 
comercio y de la industria moderna, yde la aplicación de esta 
última a la agricultura, 

Las cuestiones planteadas antes se reducen todas, en última 
instancia, a una sola: ¿cómo inciden las condiciones históricas ge- 
nerales en la producción y cuál es la relación que mantienen con 
el movimiento histórico en general? Esta cuestión ocupa un lugar 
evidentemente en la discusión y desarrollo del tema de la produc- 
ción misma.[201 

Sin embargo, en la forma trivial en que acaban de ser plantea- 
das, pueden ser liquidadas rápidamente. Todas las conquistas su- 
ponen tres posibilidades: el pueblo conquistador somete al pueblo 
conquistado a su propio modo de produeción (por ejemplo, los 
ingleses en este siglo en Irlanda y, en parte, en lá India); o bien 
deja subsistir el antiguo y se satisface con un tributo (por ejem- 
plo, los turcos y los romanos); o bien se produce una acción recí- 
proca de la que nace una forma nueva, una sintesis (en parte, 
en las conquistas germanas). En todos los casos, el modo de produc- 
ción —sea el del pueblo conquistador, sea el del pueblo sometido 
o el que resulta de la fusión de los dos— es determinante para la 
nueva distribución que se establece. Aunque ésta aparezca como 
un supuesto para el nuevo período de producción, ella misma es 
a su vez producto de la producción, no solamente de la producción 
histórica en general sino de una producción histórica determinada, 


48 KARL MARX 


Los mongoles, por ejemplo, devastando a Rusia, actuaban de 
conformidad con.su producción que no exigía mas que pasturas, 
para las cuales las grandes extensiones inhabitadas eran una con- 
dición fundamental. Los barbaros germanos, para quienes la 
producción consistía en agricultura practicada con siervos y en una 
vida aislada en el campo, pudieron someter tanto más fácilmente 
las provincias romanas a estas condiciones, por cuanto la concen- 
tración de la propiedad de la tierra que se había operado en ellas 
había transformado por completo las antiguas relaciones en la 
agricultura. 

Es una noción tradicional la de que en ciertos períodos se ha 
vivido únicamente del pillaje. Pero para poder saquear es necesa- 
rio que haya algo que saquear, es necesaria una producción. Y el 
tipo de pillaje está determinado también por el modo de produc- 
ción. Una stock-jobbing nation [nación de especuladores de bol- 
sa], por ejemplo, no puede ser saqueada de la misma manera que 
una nación de vaqueros.!27] 

Cuando se roba el esclavo se roba directamente el instrumento 
de producción. Pero también es preciso que la producción del país 
para el cual se ha robado esté articulada de manera que admita 
el trabajo de los esclavos, o bien (como en América del Sur, etc.) 
debe crearse un modo de producción que corresponda a la es- 
clavitud. 

Las leyes pueden perpetuar entre ciertas familias un instrumen- 
to de producción, por ejemplo, la tierra. Estas leyes adquieren un 
significado económico únicamente allí donde la gran propiedad 
territorial está en armonía con la producción social, como en In- 
glaterra, por ejemplo. En Francia el pequeño cultivo se practicaba 
a pesar de la gran propiedad territorial; por ello esta última 
fue destruida por la revolución. Pero, ¿y la perpetuación por me- 
dio de leyes del parcelamiento de las tierras, por ejemplo? A pesar 
de estas leyes la propiedad se concentra de nuevo. Determinar 
más en particular la influencia de las leyes sobre la conservación 
de las relaciones de distribución y, por consiguiente, su efecto so- 
bre la producción. 


c 1] FINALMENTE, CAMBIO Y CIRCULACIÓN 
[Cambio y producción] 


La circulación misma no es más que un momento determinado 


INTRODUCCIÓN DE 1857 49 


del cambio, o también es el cambio considerado en su totalidad. 

En tanto el cambio es sólo un momento mediador entre la pro- 
ducción y la distribución que ella determina, por un lado, y el 
consumo por el otro, y en tanto que el propio consumo aparece 
también como un momento de la producción, es evidente que 
el cambio está incluido en la producción como uno de sus mo- 
mentos. 

En primer lugar resulta claro que el cambio de actividades y 
de capacidades, que se opera en la propia producción, pertenece 
a la producción directamente y es algo constitutivo de ésta. Esto 
es válido también, en segundo lugar, respecto del cambio de los 
productos, en la medida en que éste es un medio para suminis- 
trar el producto acabado, preparado para el consumo inmedia- 
to. En lo visto hasta ahora el cambio es un acto incluido en la 
producción. En tercer lugar, el llamado exchange [intercambio] 
entre dealers [comerciantes] y dealers!?8l en razón misma de su 
organización está completamente determinado por la producción 
como actividad también productiva. El cambio sólo aparece como 
independiente junto a la producción e indiferente con respecto 
a ella en el último estadio, en el cual el producto se cambia di- 
rectamente para ser consumido. Pero, 1] no existe cambio sin 
división del trabajo, sea esta natural o constituya un resultado 
histórico; 2] el cambio privado presupone la producción privada; 
3] la intensidad del cambio, lo mismo que su extensión y su índole 
están determinados por el desarrollo y la articulación de la pro- 
ducción. Por ejemplo: cambio entre la ciudad y el campo, cambio 
en el campo, en la ciudad, etc. El cambio aparece así, en todos sus 
momentos, como directamente incluido en la producción o deter- 
minado por ella. 

El resultado al que llegamos no es que la producción, la distri- 
bución, el cambio y el consumo sean idénticos, sino que constitu- 
yen las articulaciones de una totalidad, diferenciaciones dentro de 
una unidad, La producción domina tanto sobre sí misma en la 
determinación opuesta de la producción, como sobre los otros mo- 
mentos. A partir de ella, el proceso recomienza siempre nueva- 
mente. Se comprende que el cambio y el consumo no puedan ser 
lo dominante. Y lo mismo puede decirse de la distribución en 
tanto que distribución de los productos. Pero como distribución 
de los agentes de la producción, constituye un momento de la pro- 
ducción. Una producción determinada, por lo tanto, determina un 
consumo, una distribución, un intercambio determinados y rela- 
ciones reciprocas determinadas de estos diferentes momentos. A de- 


50 KARL MARX 


cir verdad, también la producción, bajo su forma unilateral, está 
a su vez determinada por los otros momentos. Por ejemplo, cuando 
el mercado, o sea la esfera del cambio, se extiende, la producción 
amplia su ámbito y se subdivide más en profundidad. Al darse 
transformaciones de la distribución se dan cambios en la produc- 
ción del caso, por ejemplo de la concentración del capital o de una 
distinta distribución de la población en la ciudad y en el campo, 
etc. Finalmente, las necesidades del consumo determinan la pro- 
ducción. Entre los diferentes momentos tiene lugar una acción re- 
ciproca. Esto ocurre siempre en los conjuntos orgánicos 129) 


3] EL MÉTODO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA 


Cuando consideramos un país dado desde el punto de vista eco- 
nómico-político comenzamos por su población, la división de ésta 
en clases, la ciudad, el campo, el mar, las diferentes ramas de la 
producción, la exportación y la importación, la producción y el 
consumo anuales, los precios de las mercancías, etcétera. 

Parece justo comenzar por lo real y lo concreto, por el supuesto 
efectivo; así, por ejemplo, en la economía, por la población que 


me 


Llegado a este punto, habría que reemprender el viaje de rerarno, 
hasta dar de nuevo con la población, pero esta vez no tendría una 
representación caótica de un conjunto sino una rica totalidad con 
múltiples determinaciones y relaciones. El primer camina es el 
que siguió históricamente la economía política naciente Los eco- 
nomistas del siglo xvm. por ejemplo, comienzan siempre por el todo 
viviente, la población, la nación, el estado, varios estados, £tc.; 
pero terminan siempre por descubrir, mediante el análisis, un cierto 


INTRODUCCIÓN DE 1857 51 


número de relaciones generales abstractas determinantes, tales como 
la división del trabajo, el dinero, el valor, etc. Una vez que esos 
momentos singulares fueron más a menos fijados y abstraídos, co- 
menzaron los sistemas económicos que se elevaron desde lo simple 
—trabajo, división del trabajo, necesidad, valor de cambio— hasta 
el estado, el cambio entre las naciones y el mercado mundial, Este 
último es, manifiestamente, el método científico correcto. Lo con- 
creto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, 
por lo tanto, unidad de lo diverso. Aparece en el pensamiento 
como proceso de síntesis, como resultado, no como punto de par- 
tida, aunque sea el efectivo punto de partida, y, en consecuencia, 
el punto de partida también de, Ja intuición y de la representación 
En el primer camino, la representación plena es volatilizada en 
una determinación abstracta; en el segundo, las determinaciones 
abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por el cami: 
no del pensamiento. He aquí por qué Hegel cayo en la ilusión de 
concebir lo real como resultado del pensamiento que, partiendo 
de sí mísmo, se concentra en sí mismo, profundiza en sí mismo y se 
mueve por sí mismo, mientras que el método que consiste en ele; 
varse de lo abstracto a lo concreto es para el pensamiento sólo la 
manera de apropiarse lo concreto de reproducirlo como un con- 
creto espiritual. Pero esto no es de ningún modo el proceso de 
formación de lo concreto mismo) Por ejemplo, la categoría econó- 
mica más simple, como por ejemplo el valor de cambio, supone la 
población, una población que produce en determinadas relaciones, 
y también un cierto tipo de sistema familiar o comunitario o polf- 
tico, etc. Dicho valor no puede existir jamás de otro modo que 
bajo la forma de relación unilateral y abstracta de un todo concre- 
to y viviente ya dado, Como categoría, por el contrario, el valor 
de cambio posee una existencia antediluviana. Por lo tanto, a la 
conciencia, para la cual el pensamiento conceptivo es el hombre 
real y, por consiguiente, el mundo pensado es cama tal la única 
realidad --y la conciencia filosófica está determinada de este modo—, 
el movimiento de las categorías se le aparece como el verdadero 
acto de producción (el cual, aunque sea molesto reconocerlo, recibe 
únicamente un impulso desde el exterior) cuyo resultado es el mur- 
do: esto es exacto en la medida en que —pero aquí tenemos de 
nuevo una tautología— la totalidad concreta, como totalidad del 
pensamiento, como un concreto del pensamiento, es in fact [en los 
hechos] un producto del pensamiento y de la concepción, pero de 
ninguna manera es un producto del concepto que piensa y se en: 
gendra a sí mismo, desde: fuera Y por encima de la intuición 


52 KARL MARX 


y de la representación, sino que, por el contrario, es un producto 
del trabajo de elaboración que transforma intuiciunes y represen- 
taciones en conceptos. El todo, tal como aparece en la mente como 
todo del pensamiento, es un producto de la mente que piensa y que 
se apropia del mundo del único modo posible, modo que difiere 
de la apropiación de ese mundo en el arte, la religión, el espíritu 
práctico. El sujeto real mantiene, antes como después, su autono- 
mía fuera de la mente, por lo menos durante el tiempo en que la 
mente se comporte únicamente de manera especulativa, teórica. 
En consecuencia, también en el método teórico es necesario que 
el sujeto, la sociedad, esté siempre presente en la representación 
como premisa.!301 
Pero estas categorías simples, ¿no tienen una existencia histórica 
o natural autónoma, anterior a las categorías concretas? Ca depend 
[eso depende]. Por ejemplo, Hegel tiene razón en comenzar la 
Filosofía del derecho con la posesión ya que constituye la relación 
jurídica más simple del sujeto. 311 Pero no existe posesión antes 
de la familia o de las relaciones de dominación y servidumbre, que 
son relaciones mucho más concretas, En cambio, sería justo decir 
que existen familias, tribus, que se limitan a poseer, pero que no 
tienen propiedad. Frente a la propiedad, la relación de simples 
. comunidades de familias o de tribus aparece como la categoría más 
simple. En la sociedad de un nivel más elevado la propiedad apa- 
rece como la relación más simple dentro de una organización 
desarrollada. Pero el sustrato más concreto, cuyo vínculo es la po- 
sesión, está siempre supuesto. Puede imaginarse un salvaje aislado 
que sea poseedor. Pero en este caso la posesión no es una relación 
jurídica. No es exacto que la posesión evolucione históricamente 
hacia la familia. Por el contrario, ella presupone siempre esta “ca- 
tegoría jurídica mús concreta”.[821 Sin embargo, quedaría siera- 
pre en pie el hecho de que las categorías simples expresan relacio- 
'nes en las cuales lo concreto no desarrollado pudo haberse realiza- 
do sin haber establecido aún la relación o vínculo más multilate- 
ral que se expresa espiritualmente en la categoría más concreta; 
mientras que lo concreto más desarrollado conserva esta misma 
categoría como una relación subordinada. El dinero puede existir 
- y existió históricamente antes que existiera el capital, antes que 
existieran los bancos, antes que existiera el trabajo asalariado. 
Desde este punto de vista, puede afirmarse que la categoría más 
simple puede expresar las relaciones dominantes de un todo no 
desarrollado, o las relaciones subordinadas de un todo más 
desarrollado, relaciones que existían ya históricamente antes de que 


INTRODUCCIÓN DE 1857 53 


el todo se desarrollara en el sentido expresado por una categoría 
más concreta. Sólo entonces el camino del pensamiento abstracto, 
que se eleva de lo simple a lo complejo, podría corresponder al 
proceso histórico real. 

Por otra parte, puede decirse que existen formas de sociedad 
muy desarrolladas, y sin embargo históricamente inmaduras, en las 
que se encuentran las formas más eleyadas'de la economía —por 


.ejemplo, la cooperación, una división desarrollada del trabajo, etc.— 


sin que exista tipo alguno de dinero, como por ejemplo en el 
Perú.!831 También en lás comunidades eslavas el dinero y el cam- 
bio que lo condiciona ho aparecen o lo hacen muy raramente en 
el seno de cada comunidad, mientras que aparecen en cambio en sus 
confines, en el tráfico con otras comunidades; de allí que sea en 
general erróneo situar el cambio en el interior de las comunida- 
des como el elemento constitutivo originario. Al principio aparece 
más bien en la relación de las diversas comunidades entre sí, antes 
que en las relaciones de los miembros en el interior de una misma 
y única comunidad. Además, aunque el dinero haya desempeña- 
do desde muy tempráno un papel múltiple, sin embargo, como 
elemento dominante, pertenece en la Antigúedad sólo a naciones 
unilateralménte determinadas, 2 naciones comerciales. Y hasta en 
la Antigiiedad más culta, entre los griegos y los romanos, sólo en el 
período de su disolución alcanza el dinero su pleno desarrollo, 
el cual en la moderna sociedad burguesa constituye un supuesto. 
Esta categoría totalmente simple aparece históricamente en toda su 
plena intensidad sólo en las condiciones más desarrolladas de la so- 
ciedad. Pero de ninguna manera impregna todas las relaciones eco- 
nómicas. Por ejemplo, el impuesto en especie y las prestaciones en 
especie continuaron siendo el fundamento del Imperio romano en 
su punto de mayor desarrollo. Allí, el sistema monetario propiamen- 
te dicho sólo se había desarrollado completamente en cl ejército. 
Jamás llegó a dominar en la totalidad de la esfera del trabajo. De 
modo que, aunque la categoría más simple haya podido existir his- 
tóricamente antes que la más concreta, en su pleno desarrollo in- 
tensivo y extensivo ella puede pertenecer sólo a una forma social 
compleja, mientras que la categoría más concreta se hallaba plena- 
mente desarrollada en una forma social menos desarrollada. 

El trabajo parece ser una categoría totalmente simple. También 
la representación del trabajo en su universalidad —como trabajo 
en general— es muy antigua. Y sin embargo, considerado en esta 
simplicidad desde el punto de vista económico, el “trabajo” es 
una categoría tan moderna como las relaciones que dan origen a esta 


54 KARL MARX 
abstracción simple. El monetarismo, por ejemplo, pone todavía, 
de un modo completamente objetivo, la riqueza en el dinero, 
como cosa exterior a sí misma. Frente a este punto de vista se 
operó un gran. progreso cuando el sistema manufacturero o comer- 
cial transfirió la fuente de la riqueza del objeto a la actividad sub- 
jetiva, al trabajo comercial o manufacturero, pero concibiendo 
todavía a esta actividad siempre bajo el aspecto limitado de una 
actividad productora de dinero. Frente a este sistema, [se produjo 
otro progreso con] el sistema fisiocrático que considera como crea- 
dora de la riqueza a una forma determinada de trabajo —la agri- 
cultura— y concibe al objeto mismo no ya bajo el disfraz del dine- 
ro, sino como producto. en general, como resultado general del 
trabajo. Todavía este producto, en razón de la naturaleza limitada 
de la actividad, es siempre un producto determinado de la hatu- 
raleza, un producto agrícola, un producto de la tierra par ex- 
cellence. 

Un inmenso progreso se operó cuando Adam Smith rechazó 
todo carácter determinado de la actividad creadora de riqueza con- 
siderándola simplemente como trabajo; ni trabajo manufacturero, 
ni trabajo comercial, ni agricultura, sino tanto uno como otro. 
Con la universalidad abstracta de la actividad creadora de rique- 
za, se da al mismo tiempo la universalidad del objeto determinado 
como riqueza, como producto en general, o, una vez más, [como] 
trabajo en general, pero como trabajo pasado, materializado. La 
flificultad o importancia de esta transición lo prueba el hecho 
de que el mismo Adam Smith vuelve a caer de cuando en cuando 
en el sistema fisiocrático. Podría parecer ahora que de este modo se 
habría encontrado simplemente la expresión abstracta de la rela- 
ción más simple y antigua, en que entran los hombres en tanto 
productores, cualquiera sea la forma de la sociedad. Esto es cierto 
en un sentido. Pero no en el otro. La indiferencia frente a un 
género determinado de trabajo supone una totalidad muy desarro- 
llada de géneros reales de trabajos, ninguno de los cuales predo- 
mina sobre los demás. Así, las abstracciones más generales surgen 
únicamente allí donde existe el desarrollo concreto más rico, donde 
un elemento aparece como lo común a muchos, coma común a 
todos los elementos. Entonces, deja de poder ser pensado solamen- 
te bajo una forma particular. Par otra parte, esta abstracción del 
trabajo en general no es solamente el resultado intelectual de una 
totalidad concreta de trabajos. La indiferencia hacia un trabajo 
particular corresponde a una forma de sociedad en la cual los indi- 
viduos pueden pasar fácilmente de un trabajo a otro y en la que 


INTRODUCCIÓN DÉ 1357 55 


el género determinado de trabajo es para ellos fortuito y, por lo 
tanto, indiferente. El trabajo se ha convertido entonces, no sólo 
en tanto categoría, sino también en la realidad, en el medio para 
crear la riqueza en general y, como determinación, ha dejado de 
adherirse al individuo como una particularidad suya. Este estado 
de cosas alcanza su máximo desarrollo en la forma más moderna de 
sociedad burguesa, en los Estados Unidos. Aquí, pues, la abstrac- 
ción de la categoría “trabajo”, el “trabajo en general , el trabajo 
sens phrase, que es el punto de partida de la economía moderna, 
resulta por primera vez prácticamente cierta, De este modo, la 
abstracción más simple que la economía moderna coloca en el vér- 
tice, y que expresa una relación antiquísima y válida para todas 
las formas de sociedad, se presenta no obstante como prácticamen- 
te cierta en este [grado de] abstracción sólo como categoría de la 
sociedad moderna. Podría decirse que aquello que en los Estados 
Unidos se presenta como un producto histórico —me refiero a esta 
indiferencia hacia un trabajo determinado, entre los rusos, por 
ejemplo, se presenta como una disposición natural, Pero, en prt- 
mer lugar, existe una diferencia enorme entre bárbaros con dispo- 
sición para ser empleados en cualquier cosa y civilizados que se 
dedican ellos mismos a todo. Además, entre los rusos, a esta indife- 
rencia hacia el carácter determinado del trabajo corresponde prác- 
ticamente la sujeción tradicional a un trabajo enteramente deter- 
minado, del que sólo pueden arrancarles las influencias exte- 
riores. (34 

Este ejemplo del trabajo muestra de una manera muy clara cómo 
incluso las categorías más abstractas, a pesar de su validez —preci- 
samente debida a su naturaleza abstracta— para todas las épocas, 
son no obstante, en lo que hay de determinado en esta abstracción, 
el producto de condiciones históricas y poseen plena validez sólo 
para estas condiciones y dentro de sus límites.185 

La sociedad burguesa es la más compleja y desarrollada organi- 
zación histórica de la producción. Las categorías que expresan sus 
condiciones y la comprensión de su organización permiten al mis- 
mo tiempo comprender la organización y las relaciones de produc- 
ción de todas las formas de sociedad pasadas, sobre cuyas ruinas y 
elementos ella fue edificada y cuyos vestigios, aún no superados, con- 
tinúa arrastrando, a la vez que meros indicios previos han desarro- 
llado en ella su significación plena, etc. En la anatomía del hom- 
bre está la clave para la anatomía del mono.!3% Por consiguiente, 
los indicios de las formas superiores en las especies animales 
inferiores pueden ser comprendidos sólo cuando sc conocé la forma 


56 KARL MARX 


superior. La economía burguesa suministra así la clave de la econo- 
mía antigua, etc. Pero no ciertamente al modo de los economistas, 
que cancelan todas las diferencias históricas y ven la forma bur- 
guesa en todas las formas de sociedad. Se puede comprender el 
tributo, el diezmo, etc., cuando se conoce la renta del suelo. Pero 
no hay por qué identificarlos. Además, como la sociedad burgue- 
sa no es en sí más que una forma antagónica de desarrollo, ciertas 
relaciones pertenecientes a formas de sociedad anteriores aparecen 
en ella sólo de manera atrofiada o hasta disfrazadas. Por ejemplo 
la propiedad comunal. En consecuencia, si es verdad que las cate- 
gorías de la economía burguesa poseen cierto grado de validez para 
todas las otras formas de sociedad, esto debe ser tomado cum 
grano salis [con humor]. Ellas pueden contener esas formas de un 
modo desarrollado, atrofiado, caricaturizado, etc., pero la diferen- 
cia será siempre esencial. La así llamada evolución histórica repgsa 
en general en el hecho de que la última forma considera a las pa- 
sadas como otras tantas etapas hacia ella misma, y dado que sólo 
en raras ocasiones, y únicamente en condiciones bien determinadas, 
es capaz de criticarse a sí misma —aquí no se trata, como es natu- 
tal, de esos periodos históricos que se consideran a sí mismos como 
una época de decadencia—, las concigye de manera unilateral. La 
religión cristiana fue capaz de ayudar a comprender de una mantra 
objetiva las mitologías anteriores sólo cuando llegó a estar dispues- 
ta hasta cierto punto, por así decirlo duyaper, a su propia autocrÍ- 
tica. Del mismo modo, la economía burguesa únicamente llegó a 
comprender la sociedad feudal, antigua y oriental cuando comenzó 
a criticarse a sí misma. Precisamente porque la. economía burguesa 
no se identificó pura y simplemente con el pasado fabricándose 
mitos, su crítica de las sociedades precedentes, sobre todo del feu- 
dalismo contra el cual tuvo que luchar directamente, fue semejante 
a la crítica dirigida por el cristianismo contra el paganismo, o 
también a la del protestantismo contra el catolicismo. . 
Como en general en toda ciencia. histórica, social, al observar 
el desarrollo de las categorías económicas hay que tener siempre en 
cuenta que el sujeto —la moderna sociedad burguesa en este caso— 
es algo dado tanto en la realidad como en la mente, y que Jas: cate- 
gorías expresan por lo tanto formas de ser, determinaciones de 
existencia, a menudo simples aspectos, de esta sociedad determina- 
da, de este sujeto, y que por lo tanto, aun desde el punto de vista 
científico, su existencia de ningún modo comienza en el momento 
en que se empieza a hablar de ella como tal. Este hecho debe ser 
tenido en cuenta porque ofrece elementos decisivos para la divi- 


INTRODUCCIÓN DE 1857 57 


sión [de nuestro estudio]. Nada parece más natural, por ejemplo, 
que comenzar por la renta del suelo, la propiedad territorial, desde 
el momento que se halla ligada a la tierra, fuente de toda produc- 
ción y de toda existencia, así como a la primera forma de producción 
de todas las sociedades más o menos estabilizadas: la agricultura, 
Y sin embargo, nada sería más erróneo. En todas las formas de 
sociedad existe una determinada producción que asigna a todas las 
Otras su correspondiente rango [e] influencia, y cuyas relaciones 
por lo tanto asignan a todas las otras el rango y la influencia. Es 
una iluminación general en la que se bañan todos los colores 
y [que] modifica las particularidades de éstos. Es como un éter 
particular que determina el peso especifico de todas las formas 
de existencia que allí toman relieve. Entre los pueblos pastores, 
por ejemplo (los pueblos dedicados exclusivamente a la caza y a 
la pesca están fuera de la esfera donde comienza el verdadero des- 
arrollo). Existe entre ellos cierta forma esporádica de agricultura. 
De ese modo se determina la propiedad de la tierra. Esta propiedad 
es común y conserva esta forma en mayor o menor grado según que 
esos pueblos estén más o menos apegados a sus tradiciones, por 
ejemplo, la: propiedad comunal entre los eslavos. Entre los pueblos 
que practican la agricultura sedentaria —esta sedentariedad es ya 
un gran paso—, donde ésta predomina como en la sociedad antigua 
y feudal, la propia industria y su organización, y las formas de 
propiedad que le corresponden, tienen en mayor o menor medida 
el carácter de propiedad territorial. [La industria] depende com- 
pletamente de la agricultura, como entre los antiguos romanos, o 
bien, como en el Medievo, reproduce la organización rural en la 
ciudad y en sus relaciones. En el Medievo, el capital mismo 
—en la medida en que no es simplemente capital dinerario—, como 
instrumental artesanal tradicional, etc., tiene dicho carácter de pro- 
piedad territorial. En la sociedad burguesa ocurre lo contrario. La 
agricultura se transforma cada vez más en una simple rama de 
la industria y es dominada completamente por el capital. Lo mismo 
ocurre con la renta territorial, En todas las formas en las que do- 
mina la propiedad territorial, la relación con la naturaleza es aún 
predominante. En cambio, en aquellas donde reina el capital, 
[predomina] el elemento socialmente, históricamente, creado. No se 
puede comprender la renta del suelo sin el capital, pero se puede 
comprender el capital sin la renta del 'suelo.137) El capital es la 
potencia económica de la sociedad burguesa que lo domina todo. 


- Debe constituir el punto de partida y el punto de llegada, y debe 


ser considerado antes que la propiedad territorial. Una vez que am- 


58 KARL MARX. 


bos hayan sido considerados separadamente, deberá examinarse su 
relación recíproca. 

En consecuencia, sería impracticable y erróneo alinear las cate- 
gorías económicas en el orden en que fueron históricamente deter- 
minantes. Su orden de sucesión está, en cambio, determinado por 
las relaciones que existen entre ellas en la moderna sociedad 
burguesa, y que es exactamente el inverso del que: parece ser su. 
orden natural o del que correspondería a su orden de sucesión 
en el curso del desarrollo histórico. No se trata de la posición que 
las relaciones económicas asumen históricamente en la sucesión 
de las distintas formas de sociedades. Mucho menos de su orden de 
sucesión “en la Idea” -(Proudhon) (una representación nebulosa 
del movimiento histórico).(88 Se trata de su articulación en el inte- 
rior de la moderna sociedad burguesa, 

La pureza (la determinación abstracta) con que los pueblos co- 
merciantes —fenicios, cartagineses— se presentan en el mundo anti- 
guo, está dada precisamente por el predominio de los pueblos 
agricultores. El capital, como capital comercial o monetario, se 
presenta justamente bajo esta forma abstracta, allí donde el capi- 
tal no es todavía el elemento dominante de las sociedades. Los 
lombardos, los judios, ocupan la misma posición respecto de las so- 
ciedades medievales dedicadas a la agricultura. 

.Otro ejemplo de las distintas posiciones que ocupan las mismas 
categorías en los diversos estadios de la sociedad: una de las más 
recientes instituciones de la sociedad burguesa, las jointstock- 
companies [sociedades por acciones]. Aparecen, no obstante, tam- 
bién en sus comienzos, en las grandes compañífas comerciales que 
gozan de privilegios y de monopolio. . 

El concepto mismo de riqueza nacional se insinúa entre los 
economistas del siglo xvi —y esta concepción subsiste en parte 
en los economistas del siglo xvm— bajo un aspecto tal que la ri- 
queza aparece creada únicamente para el estado, cuya potencia 
aparece proporcional a esta riqueza.12% Era ésta una forma todavía 
inconscientemente hipócrita bajo la cual la riqueza misma y la 
producción de la riqueza se anunciaban como la finalidad de los 
estados modernos, considerados en adelante únicamente cotno me- 
dios para la producción de riqueza. 

Efectuar claramente la división [de nuestros estudios] 'deinanera 
tal que [se traten]: 1] las determinaciones abstractas generales que 
corresporiden en mayor o menor medida a todas las formas'de so- 
ciedad, pero en el sentido antes expuesto; 2] las categoríds que 
constituyen la articulación interna de la sociedad :burguesa y sobre 


INTRODUCCIÓN DE 1857 59 


las cuales reposan las clases fundamentales. Capital, trabajo asala- 
riado, propiedad territorial, Sus relaciones recíprocas. Ciudad y 
campo. Las tres grandes clases sociales. Cambio entre ellas. Circu- 
lación. Crédito (privado). 3] Sintesis de la sociedad burguesa bajo 
la forma del estado. Considerado en relación consigo mismo. Las 
clases “improductivas”. Impuestos. Deuda nacional. Crédito pú- 
blico. La población. Las colonias. Emigración. 4] Relaciones inter- 
nacionales de la producción. División internacional del trabajo. 
Cambio internacional. Exportación e importación. Curso del cam- 
bio. 5] El mercado mundial y las crisis,(10 


4] PRODUCCIÓN. MEDIOS DE-PRODUCCIÓN Y RELACIONES DE PRODUC- 
CIÓN. RELACIONES DE PRODUCCIÓN Y RELACIONES DE TRÁFICO. 
FORMAS DEL ESTADO Y DE LA CONCIENCIA EN RELACIÓN CON LAS 


RELACIONES DE PRODUCCIÓN Y DE TRÁFICO. RELACIONES JURÍDICAS. 
RELACIONES FAMILIARES 


Nota bene acerca de puntos que han de mencionarse aquí y que 
no deben ser olvidados: 


1] La guerra se ha desarrollado antes que la paz: mostrar la 
manera en que ciertas relaciones económicas tales como el trabajo 
asalariado, el maquinismo, etc., han sido desarrolladas por la gue- 
rra y en los ejércitos antes que en el interior de la sociedad bur- 
guesa. Del mismo modo, la relación entre las fuerzas productivas 
y relaciones de tráfico se presenta particularmente visible en el 
ejército. (411 

2] Relación de la historiografía ideal, tal como ella se ha des- 
arrollado hasta ahora, con la historiografía real. En particular, de 
las llamadas historias de la civilización, que son todas historias 
de la religión y de los estados. (En esta ocasión decir algunas pa- 
labras sobre los distintos géneros de historiografía practicados hasta 
ahora. El género llamado objetivo. El subjetivo [moral, entre otros]. 
El filosófico.) 

3] Relaciones de producción derivadas en general, relaciones 
transmitidas, no originarias, secundarias y terciarias. Aquí entran 
en juego las relaciones internacionales. 

4] Objeciones sobre el materialismo de esta concepción. Rela- . 
ción con el materialismo naturalista. 


5] Dialéctica de los conceptos de fuerza ¿roductiva (medios de 


60 KARL MARX 


produción) y relaciones de producción. Una dialéctica cuyos lími- 
tes habrá que definir y que no suprime la diferencia real. 

6] La desigual relación del desarrollo de la producción material 
con el desarrollo, por ejemplo, artistico. En general, el concepto 
de progreso no debe ser concebido de la manera abstracta habi- 
tual. Con respecto al arte, etc., esta desproporción no es aún tan 
importante ni tan difícil de apreciar como en el interior de las 
relaciones práctico-sociales mismas. Por ejemplo, de la cultura. 
Relación de los United States con Europa. Pero el punto verdade- 
ramente difícil que aquí ha de ser discutido es el de saber cómo 
las relaciones de produción, bajo el aspecto de relaciones jurídi- 
cas, tienen un desarrollo desigual. Así, por ejemplo, la relación 
del derecho privado romano (esto es menos válido para el derecho 
penal y el derecho público) con la producción moderna. 

7] Esta concepción se presenta como un desarrollo necesario. 
Pero justificación del azar. Cómo. (Entre otras cosas, también de 
la libertad.) (Influencia de los medios de comunicación. La histo- 
ria universal no siempre existió; la historia como historia universal 
€s un resultado.) 

8] El punto de partida está dado naturalmente por las deter- 
minaciones naturales; subjetivamente y objetivamente. Tribus, ra- 
zas, etcétera.[*21 


[El arte griego y la sociedad moderna] 


1] En lo concerniente al arte, ya se sabe que ciertas épocas de 
florecimiento artístico no están de ninguna manera en relación 
con el desarrollo general de la sociedad, ni, por consiguiente, con 
la base material, con el esqueleto, por así decirlo, de su organi- 
zación. Por ejemplo, los griegos comparados con los modernos, o 
también Shakespeare. Respecto de ciertas formas del arte, la épica 
por ejemplo, se reconoce directamente que, una vez que hace su 
aparición la producción artística como tal, ellas no pueden produ- 
cirse nunca en su forma clásica, en la forma Que hace época mun» 
dialmente; se admite así que en la propia esfera del arte, algunas 
de sus creaciones insignes son posibles solamente en un estadio 
poco desarrollado del desarrollo artístico. Si esto es vereda en el 
caso de relación entre los distintos géneros artísticos en el ámbito 
del propio arte, es menos sorprendente que lo mismo ocurra en 
la relación entre el dominio total del arte y el desarrollo general 
de la sociedad. La dificultad consiste tan sólo en formular una 


INTRODUCCIÓN DE 1857 61 


concepción general de estas contradicciones. No bien son especifi- 
cadas, resultan esclarecidas. 

Tomemos, por ejemplo, la relación del arte griego, y luego, del 
de Shakespeare, con la actualidad. Es sabido que la mitología 
griega no fue solamente el arsenal del arte griego sino también su 
tierra nutricia. La idea de la naturaleza y de las relaciones sociales 
Que está en la base de la fantasía griega, y, por lo.tanto, del [arte] 
griego, ¿es posible con los self-actors, los ferrocarriles, las locomo- 
toras y el telégrafo eléctrico? ¿A qué queda reducido Vulcano al 
lado de Roberts £ Co., Júpiter al lado del pararrayos y Hermes 
frente al Crédit mobilier? Toda mitología somete, domina, moldea 
las fuerzas de la naturaleza en la imaginación y mediante la ima- 
ginación; desaparece por lo tanto con el dominio real sobre ellas. 
¿En qué se convierte Fama frente a la Printinghousesquare?tt81 El 
arte griego tiene como supuesto la mitología griega, es decir la na- 
turaleza y las formas sociales ya modeladas a través de la fantasía 
popular de una manera inconscientemente artística. Éste es su 
material. No cualquier mitología, es decir no cualquier elaboración 
inconscientemente artística de la naturaleza (aquí la palabra natu- 
raleza designa todo lo que es objetivo, comprendida la sociedad). 
La mitología egipcia no hubiese podido jamás ser el suelo, el seno 
materno del arte griego. Pero de todos modos era necesaria una 
mitología. Incompatible con un desarrollo de la sociedad que ex- 
cluya toda relación mitológica con la naturaleza, toda referencia 
mitologizante a ella; y que requiera por tanto del artista una fanta- 
sía independiente de la mitología. 

Por otra parte, ¿sería posible Aquiles con la pólvora y el plomo? 
¿O, en general, La Ilíada con la prensa o directamente con la im- 
presora? Los cantos y las leyendas, las Musas, ¿no desaparecen ne- 
cesariamente ante la regleta del tipógrafo y no se desvanecen 
de igual modo las condiciones necesarias para la poesía épica? 

Pero la dificultad no consiste en comprender que el arte griego 
y la epopeya estén ligados a ciertas formas del desarrollo social, 
La dificultad consiste en comprender que puedan aún proporcio- 
narnos goces artísticos y valgan, en ciertos aspectos, como una nor- 
ma y un modelo inalcanzables; 

Un hombre no puede volver a ser niño sin volverse infantil. 
Pero, ¿no disfruta acaso de la ingenuidad de la infancia, y no debe 
aspirar a reproducir, en un nivel más elevado, su verdad? ¿No 
revive en la naturaleza infantil el carácter propio de cada época 
en su verdad natural? ¿Por qué la infancia histórica de la humani- 
dad, en el momento más bello de su desarrollo, no debería ejercer 


62 KARL MARX 


un encanto eterno, como una fase que no volverá jamás? Hay niños 
mal educados y niños precoces. Muchos pueblos antiguos pertene- 
cen a esta categoría. Los griegos eran niños normales. El encanto 
que encontramos en su arte no está en contradicción con el débil 
desarrollo de la sociedad en la que maduró. Es más bien su re- 
sultado; en verdad está ligado indisolublemente al hecho de que 
las condiciones sociales inmaduras en que ese arte surgió, y que eran 
las únicas en que podía surgir, no pueden volver jamás.!tt) 


KARL MARX/FRIEDRICH ENGELS 


TEXTOS SOBRE PROBLEMAS DE MÉTODO 
DE LA ECONOMIA POLÍTICA 


1] PRÓLOGO A LA CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA 
ECONOMÍA POLÍTICA 


KARL MARX 


Consideraré el sistema de la economía burguesa en la siguiente 
secuencia: el capital, la propiedad de la tierra, el trabajo asalaria- 
do; el estado, el comercio exterior, el mercado mundial. Bajo los 
tres primeros investigaré las condiciones económicas de vida de 
las tres grandes clases en las que se divide la sociedad burguesa 
moderna; la relación entre los otros tres rubros salta a la vista. La 
primera sección del primer libro, que trata del capital, consta de 
los siguientes capítulos: 1] la mercancía; 2] el dinero o la circu- 
lación simple; 3] el capital en general. Los dos primeros capítulos 
constituyen el contenido del presente fascículo. Todo el material 
se halla ante mí en la forma de monografías, escritas en períodos 
muy distanciados entre sí y destinadas a mi propia comprensión del 
asunto, pero no a su edición, y cuya elaboración coherente según 
el plan indicado habrá de depender de circunstancias externas.!15 

He suprimido una introducción general!*% que había esbozado, 
puesto que, ante una reflexión más profunda, me ha parecido que 
toda anticipación de resultados que aún quedarían por demos- 
trarse sería perturbadora, y el lector que esté dispuesto a seguirme 
tendrá que decidirse a remontarse desde lo particular hacia lo ge- 
neral. Por ello, acaso sean oportunas aquí algunas indicaciones 
acerca de la marcha de mis propios estudios político-económicos. 

Mi carrera profesional ha sido la de jurisprudencia, aunque sólo 
la he ejercido como disciplina subordinada, junto a la filosofía 
y a la historia. Durante los años 1842-1843, en fi carácter de/ di- 
rector de la Neue Rheinische Zeitung,'*11 me vi por vez primera: 
en el compromiso de tener que opinar acerca de lo que han dado en 
llamarse intereses materiales. Los debates de la Dieta renana acer- 
ca del robo de leña y el parcelamiento de la propiedad de la tierra, 
la polémica oficial sobre la situación de los campesinos del Mosela, 
iniciada por el señor von Schaptr, a la sazón gobernador de la 
provincia renana, con la Rheinische Zeitung, y por último debates 
sobre el libre comercio y los aranceles proteccionistas, me brinda- 
ron una primera ocasión para ocuparme de problemas económi- 


[65] 


66 KARL MARX 


cos. Por otra parte, en aquella época, en la cual la buena voluntad 
de “seguir adelante” compensaba en gran parte los conocimientos 
técnicos, se había tornado perceptible en la Rheinische Zeitung 
un eco, con.un débil tinte de filosofía, del socialismo y el comu- 
nismo franceses. Yo me declaré contrario a esa chapucería, pero 
al mismo tiempo, en una controversia con el Aligemcine Augs- 
burger Zeitung,!*81 confesaba lisa y llanamente que los estudios 
que había realizado hasta ese momento no me permitían arriesgar 
juicio alguno acerca del contenido de las corrientes francesas. 119 
Por el contrario, aproveché ávidamente la ilusión de los gerentes 
de la Rheinische Zeitung, quienes, mediante una posición más 
atenuada de ese periódico, creían poder hacer retrogradar la senten- 
cia de muerte que se había dictado en contra del mismo, para reti- 
rarme de la escena pública hacia mi gabinete de estudio. 

La primera tarea que emprendí con el objeto de resolver las 
dudas que me asediaban fue una revisión crítica de la filosofía 
del derecho dé Hegel,'5% un trabajo cuya introducción apareció 
en los Deutsch-Franzósische Jahrbicher Ml editados en París en 
1844, Mi investigación desembocó en el resultado de que tanto 
las condiciones jurídicas como las formas políticas no podían com- 
prenderse por sí mismas ni a partir de lo que ha dado en llamarse 
el desarrollo general del espíritu humano, sino que, por el contra- 
rio, radican en las condiciones materiales de vida, cuya totalidad 
Agrupa Hegel, según el procedimiento de los ingleses y franceses 
del siglo xvi, bajo el nombre de “sociedad civil”, pero que era 
menester buscar la anatomía de la sociedad civil en la economía 
política. Comencé en París la investigación de esta última, prosi- 
guiéndola en Bruselas, hacia donde había emigrado como conse- 
cuencia de una orden de expulsión del señor Guizot. El resultado 
general que obtuve y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conduc- 
tor de mis estudios, puede formularse brevemente de la siguiente 
manera. En la producción social de su existencia, los hombres 
establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de 
su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un deter- 
minado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales, La 
totalidad de esas relaciones de producción constituye la' estructura 
económica de la sociedad, la base real sobre la” cual se alza un 
edificio [Uberbar] jurídico y político, y a la cual corresponden 
determinadas formas de conciencia social, El modo de producción 
de la vida material determina; [bedingen] el proceso social, político 


e intelectual de la vidtasen general.152 No es la conciencia de los- 


hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su exis- 


CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA 67 


tencia social lo que determina su conciencia.!*3l En un estadio 
determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales 
de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de pro- 
ducción existentes o —lo cual sólo constituye una expresión jurídi- 
ca de lo mismo— con las relaciones de propiedad dentro de las 
cuales se habían estado moviendo hasta ese momento. Esas rela- 
ciones se transforman de formas de desarrollo de las fuerzas pro- 
ductivas en ataduras de las mismas. Se inicia entonces una época 
de revolución social. Con la modificación del fundamento econó- 
mico, todo ese edificio descomunal se trastoca con mayor o menor 
rapidez. Al considerar esta clase de trastocamientos, siempre es me- 
nester distinguir entre el trastocamiento material de las condiciones 
económicas de producción, fielmente comprobables desde el pun- 
to de vista de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, 
religiosas, ' artísticas o filosóficas, en suma, ideológicas, dentro de 
las cuales los hombres cobran conciencia de este conflicto y lo 
dirimen. Así como no se juzga a un individuo de acuerdo con lo que 
éste cree ser, tampoco es posible juzgar una época semejante de 
revolución a partir de su propia conciencia, sino que, por el con- 
trario, se debe explicar esta conciencia a partir de las contradic- 
ciones de la vida material, a partir del conflicto existente entre 
fuerzas sociales productivas y relaciones de producción. Una for- 
mación social jamás perece hasta tanto no se hayan desarrollado 
todas las fuerzas productivas para las cuales resulta ampliamente 
suficiente, y jamás ocupan su lugar relaciones de producción nue- 
vas y superiores antes de que las condiciones de existencia de las 
mismas no hayan sido incubadas en el seno de la propia antigua 
sociedad. De ahí que la humanidad siempre se plantee sólo tareas 
que puede resolver, pues considerándolo más profundamente siem- 
pre hallaremos que la propia tarea sólo surge cuando las condicio- 
nes materiales para su resolución ya existen o, cuando menos, se 
hallan en proceso de devenir. A grandes rasgos puede calificarse 
a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués mo- 
derno de épocas progresivas de la formación económica de la so- 
ciedad. Las relaciones de producción burguesas son la última forma 
antagónica del «proceso social de la producción, antagónica no en 
el sentido del antagonismo individual, sino en el de un antago- 
nismo que surge de las condiciones sogiales de vida de los indi- 
viduos, pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno 
de la sociedad burguesa crean, al mismo tiempo, las condiciones 
materiales para resolver este antagonismo. Con esta formación so- 


ES KARL MARX 


cial concluye; por consiguiente, la prehistoria de la sociedad hu- 
mana. 154! á 
Friedrich Engels, con quien he estado mariteniendo un constan- 
te intercambio epistolar de ideas desde la aparición de su genial 
esbozo de una crítica de las categorías económicas (en los Deutsch- 
Franzósische Jahrbúcher), había llegado conmigo, por otra vía 


(véase su Lage der arbeitenden Klasse in England [La situación - 


de la clase obrera en Inglaterra]), al misma resultado,155 y cuando 
se estableció asimismo en Bruselas en la primavera de 1845, resol- 
vimos elaborar conjuntamente la oposición de nuestros puntos de 
vista contra el punto de vista ideológico de la filosofía alemana 
o, de hecho, ajustar cuentas con nuestra antigua conciencia filosó- 
fica.1581 Este propósito se llevó a cabo en forma de una crítica a la 
filosofía poshegeliana. Ei manuscrito, dos gruesos volúmenes in 
octavo, ya había arribado desde mucho tiempo atrás al lugar donde 
debía ser editado, en Westfalia, cuando recibimos la noticia de 
que un cambio de condiciones no permitía su impresión. Dejamos 
librado el manuscrito a la roedora crítica de los ratones, tanto más 
de buén grado cuanto que habíamos alcanzado nuestro objetivo 
principal: comprender nosotros mismos la cuestión. De los trabajos 
dispersos en los cuales presentamos por entonces, hacia uno u 
otro lado, [nuestros puntos de vista al público, sólo citaré el 
Manifest der Kommunistischen Partei [Manifiesto del partido 
comunista], redactado conjuntamente por Engels y por mí, y un 
Discours sur le libre échange [Discurso sobre el librecambio], publi- 
cado por mi parte. Los puntos decisivos de nuestro concepto fue- 
ron insinuados por vez primera en forma científica, aunque de un 
modo sólo polémico, en mi trabajo Misére de la philosophie, etc. 
[Miseria de la filosofía], publicado en 1847 y dirigido contra 
Proudhon. Un ensayo sobre el trabajo asalariado, escrito en alemán 
—Die Lohnarbeit—, en el cual entretejí mis conferencias pronun- 
ciadas sobre este tema en la Asociación Obrera «Alemana de Bru- 
selas,t57! resultó interrumpido en su impresión por la revolución 
de febrero y por el hecho de que, a consecuencia de la misma, fui 
violentamente alejado de Bélgica. 

La edición de la Neue Rheinische Zeitungi"8! en 1848 y 1849, 
y los acontecimientos posteriores, interrumpieron mis estudios teco- 
nómicos, que sólo pude reanudar en Londres, en 1850. El ingente 
material de historia de la economía política que se halla '3cumula- 
do en el Britisk Musenm, el punto de vista favorable que ofrece 
Londres para la observación de la sociedad burguesa, y por último 
la nueva etapa evolutiva en la cual pareció entrar esta última con 


+ x 
CRÍTICA DE LA FCONOMÍA POLÍTICA 69 


el descubrimiento del oro californiano y australiano, me decidie- 
ron a reiniciarlo todo desde un comienzo, y a abrirme paso críti- 
camente a través del nuevo material. Estos estudios me condujeron, 
en parte por sí solos, hacia disciplinas totalmente distantes en 
apariencia, dentro de las cuales he debido demorarme por mayor 
o menor tiempo. Pero sobre todo, el tiempo que se hallaba a mi 
disposición quedó reducido en virtud de la imperiosa necesidad 
de una actividad lucrativa. Mi colaboración, que ya lleva ocho 
años, con el primer periódico anglo-americano, el New York 
Tribune,!59! tornó necesaria una extraordinaria fragmentación de 
los estudios, puesto que sólo por excepción me ocupo de corres- 
pondencia periodística propiamente dicha. Sin embargo, artículos 
relativos a notables acontecimientos económicos en Inglaterra y 
en el continente constituían una parte tan significativa de mis con- 
tribuciones, que me vi forzado a familiarizarme con detalles prác- 
ticos situados fuera del ámbito de la ciencia de la economía po- 
lítica propiamente dicha. 

Este esbozo acerca de la marcha de mis estudios en el terreno 
de la economía política habrá de demostrar solamente que mis 
puntos de vista, comoquiera se los pueda juzgar y por poco que 
coincidan,con los prejuicios interesados de las clases dominantes, 
son el resultado de una investigación escrupulosa y que ha llevado 
largos años. Sin embargo, al entrar en la ciencia, así como en la 
entrada al Infierno, debe formularse esta exigencia: 


Qui si convien lasciare ogni sospetto 

Ogni vilta convien che qui sia morla, 

[Es bueno que el temor sea aquí dejado/ 

y aquí la cobardía, quede muerta.] (Dante) 1601 


Londres, enero de 71859 


KART. MARX 


2] PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 
DE EL CAPITAL 


KARL MARX 


La obra cuyo primer tomo entrego al público es la continuación 
de mi trabajo Contribución a la crítica de la economia política 
publicado en 1859. La prolongada pausa éntre comienzo y cónti- 
nuación se debió a una enfermedad que me ha aquejado durante 
años e interrumpido una y otra vez mi labor. 

En el primer capitulo del presente tomo se resume el contenido 
de ese escrito anterior. Y ello, no sólo para ofrecer una presen- 
tación continua y completa. Se ha mejorado la exposición. En la 
medida en que las circunstancias lo permitieron, ' ampliamos 
el desarrollo de muchos puntos que antes sólo se bosquejaban 
mientras que, a la inversa, aquí meramente se alude a aspectos 
desarrollados allí con detenimiento. Se suprimen ahora por entero 
naturalmente, las secciones sobre la historia de la teoría del valor 
y del dinero. Con todo, el lector del escrito precedente encontrará 
en las notas del capítulo primero, nuevas fuentes para la histo- 
ria de dicha teoría. 

_Los comienzos son siempre difíciles, y esto rige para todas las 
ciencias. La comprensión del prímer capítulo, y en especial de la 
parte dedicada al análisis de la mercancia, presentará por tanto 
la dificultad mayor. He dado el carácter más popular posible a lo 
que se refiere más concretamente al andlisis de la sustancia y mag- 
nitud del valor. La forma del valor, cuya figura acabada es la pl 
ma de dinero, es sumamente simple y desprovista de contenido 
No obstante, hace más de dos mil años que la inteligencia huma- 
na procura en vano desentrañar su secreto, mientras que ha logrado 
hacerlo, cuando menos aproximadamente, en el caso de formas 
mucho más complejas y llenas de contenido. ¿Por qué? Porque es 
más fácil estudiar el organismo desarrollado que las células que 
lo componen. Cuando analizamos las formas económicas, por otra 
parte. no podemos servirnos del microscopio ni de reactivos quí- 
micos. La facultad de abstraer debe hacer las veces del uno y los 
otros, 


[70] 


PRÓLOGO A EL CAPITAL Al 


Para la sociedad burguesa la forma de mercancía, adoptada por 
el producto del trabajo, o la forma de valor de la mercancía, es la 
forma celular económica. Al “profano le parece que analizarla 
no es más que perderse en meras minucias y sutilezas. Se trata, en 
efecto, de minucias y sutilezas, pero de la misma manera que 
es a ellas a que se consagra la anatomia micrológica. 

Exceptuando el apartado referente a la forma del valor, a esta 
obra no se le podrá acusar de ser difícilmente comprensible. Con- 
fío, naturalmente, en que sus lectores serán personas deseosas de 
aprender algo nuevo, y, por tanto, también de pensar por su pro- 
pia cuenta. 

El físico observa los procesos naturales allí donde se presentan 
en la forma más nítida y menos oscurecidos por influjos pertur- 
badores, o bien, cuando es posible, efectúa experimentos en condi- 
ciones que aseguren el transcursó incontaminado del proceso. Lo 
que he de investigar en esta obra es el modo de producción capi- 
talista y las relaciones de producción e intercambio a él corres 
pondientes. La sede clásica. de ese modo de producción es, hasta 
hoy, Inglaterra. Es éste el motivo por el cual, al desarrollar mi 
teoría, me sirvo de ese país como principal fuente de ejemplos. 
Pero si el lector alemán se encogiera farisaicamente de hombros 
ante la situación de los trabajadores industriales o agrícolas ingle- 
ses, o:si se consolara con la idea optimista de que en Alemania 
las cosas distan aún de haberse deteriorado tanto, me vería obli- 
gado a advertirle: Dé te fabula narratur! [¡A ti se refiere la his- 
toria!]161 

En sí, y para sí, no se trata del mayor o menor grado alcanzado, 
en su desarrollo, por los antagonismos sociales que resultan de las 
leyes naturales de la producción capitalista. Se trata de estas leyes 
mismas, de esas tendencias que operan: y se imponen con férrea 
necesidad. El país industrialmente. más desarrollado no hace sino 
mostrar al menos desarrollado la imagen de su propio futuro. 

Pero dejemos esto a un lado. Donde la producción capitalista 
se ha aclimatado plenamente entre nosotros, por ejemplo. cn las 
fábricas propiamente dichas, las condiciones son mucho peores 
que en Inglaterra, pues falta el contrapeso de las leyes fabriles. 

En todás las demás esferas nos atormenta, al igual que en los restan- 
tes países occidentales del continente europeo, no sólo el desarrollo 
de la producción capitalista, sino la falta de ese «desarrollo. Además 
de las miserias modernas, nos agobia toda una serie de miserias 
heredadas, resultantes de que siguen vegetando modos de produc- 
ción vetustos, meras supervivencias, con su cohorte de relaciones 


72 KARL MARX 


sociales y políticas anacrónicas. No sólo padecemos a causa de los 
vivos, sino también de los muertos. Le mort saisit le vif! (¡El 
muerto atrapa al vivo!]162 

Comparada con la inglesa, la estadística social de Alemania y 
de los demás países occidentales del continente europeo es paupérri- 
ma. Aun así, descorre el velo lo suficiente para que podamos 
vislumbrar detrás del mismo una cabeza de Medusa. Nuestras pro- 
pias condiciones nos llenarian de horror si nuestros gobiernos 
y parlamentos, como en Inglaterra, designaran periódicamente co- 
misiones investigadoras de la situación económica; si a esas comi- 
siones se les confirieran los mismos plenos poderes de que gozan 
en Inglaterra para investigar la verdad; si a tales efectos se pudie- 
ra encontrar hombres tan competentes, imparciales e inflexibles 
como los inspectores fabriles ingleses, como sus autores de infor- 
mes médicos acerca de la “public health” (salud pública], sus 
funcionarios encargados de investigar la explotación de las mujeres 
y los niños y las condiciones de vivienda y de alimentación. Perseo 
se cubría con un yelmo de niebla para perseguir a los monstruos. 
Nosotros nos encasquetamos la caperuza de niebla, cubriéndonos 
ojos y oídos para poder negar la existencia de los monstruos. 

No deberas engañarnos. Así como la guerra norteamericana por 
la independencia, en el siglo xvnt, tocó a rebato para la clase media 
europea, la guerra civil norteamericana del siglo xix hizo otro tanto 
con la clase obrera europea. En Inglaterra, el proceso de trastroca- 
miento €s tangible. Al alcanzar cierto nivel, habrá de repercutir en 
el continente. Revestirá allí formas más brutales o más humanas, 
conforme al grado de desarrollo alcanzado por la clase obrera mis- 
ma. Prescindiendo de motivos más elevados, pues, su propio y parti- 
cularisimo interés exige de las clases hoy dominantes la remoción 
de todos los obstáculos legalmente fiscalizables que traban el des- 
arrollo de la clase obrera. Es por eso que en este tomo he asignado 
un lugar tan relevante, entre otras cosas, a la historia, el conteni- 
do y los resultados de la legislación fabril inglesa. Una nación 
debe y puede aprender de las otras. Aunque una sociedad haya 
descubierto la ley natural que preside su propio movimiento —y 
el objetivo último de esta obra es, en definitiva, sacar a la luz la 
ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna— 
no puede saltearse fases naturales de desarrollo ni abolirlas por 
decreto. Pero puede abreviar y mitigar los dolores del parto. 

Dos palabras para evitar posibles equívocos. No pinto de color 
de rosa, por cierto, las figuras del capitalista y el terrateniente. 
Pero aquí sólo se trata de personas en la medida en que son 


PRÓLOGO A EL CAPITAL 73 


la personificación de categorías económicas, portadores de deter- 
minadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, con 
arreglo al cual concibo como proceso de historia natural el des- 
arrollo de la formación socioeconómica, menos que ningún otro 
podría responsabilizar al individuo por relaciones de las cuales 
él sigue siendo socialmente una creatura, por .más que subjeti- 
vamente pueda elevarse sobre las mismas. 

En el dominio de la economía política, la investigación cienti- 
fica libre no solamente enfrenta al mismo enemigo que en todos 
los demás campos. La naturaleza peculiar de su objeto convoca 
a la lid contra ella a las más violentas, mezquinas y aborrecibles 
pasiones del corazón humano: las furias del interés privado. La 
Alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, antes perdonará el ataque 
a treinta y ocho de sus treinta y nueve artículos de fe que a un 
treintainueveavo de sus ingresos. Hoy en día el propio ateísmo 
es culpa levis [pecado venial] si se lo compara con la crítica a las 
relaciones de propiedad tradicionales. No se puede desconocer, 
con todo, que en este aspecto ha habido cierto progreso. Me re- 
mito, por ejemplo, al libro azul publicado hace pocas semanas: 
Correspondence with Her Majesty's Missions Abroad, Regarding 
Industrial Questions and Trade Unions. Los representantes de la 
corona inglesa en el extranjero manifiestan aquí, sin circunloquios, 
que en Alemania, Francia, en una palabra, en todos los estados 
civilizados del continente europeo, la transformación de las rela- 
ciones existentes entre el capital y el trabajo es tan perceptible 
e inevitable como en Inglaterra. Al mismo tiempo, allende el 
océano Atlántico, el señor Wade, vicepresidente de los Estados 
Unidos de Norteamérica, declaraba en mítines públicos: tras la 
abolición de la esclavitud, pasa a la orden del día la transformación 
de las relaciones del capital y las de la propiedad de la tierra. Son 
signos de la época, que no se dejan encubrir: ni por mantos de 
púrpura ni con negras sotanas. No anuncian que ya mañana vayan 
a ocurrir milagros. Revelan cómo hasta en las clases dominantes 
apunta el presentimiento de que la sociedad actual no es un inal- 
terable cristal, sino un organismo sujeto a cambios y constantemen- 
te en proceso «de transformación, 

El segundo tomo de esta obra versará en torno al proceso de 
circulación del capital (Libro Primero) y a las configuraciones 
del proceso en su conjunto (Libro Tercero); el tercéro y final 
(Libro Cuarto), a la historia de la teoría, 

Bienvenidos todos los juicios fundados en una crítica cientifi- 
ca. En cuanto a los prejuicios de la llamada opinión pública, a la 


74 KARL MARX 


que nunca he hecho concesiones, será mi divisa, como siempre, 
la del gran florentino: 


Segui il tuo corso, e lascia dir le genti! 
[¡Sigue:tu camino y deja que la gente hable!]1031 


Londres, 25 de julio de 1967 


KARL MARX 


3] DEL EPÍLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN DE EL CAPITAL 


KARL MARX 


[...] La rápida comprensión con que amplios círculos de la clase 
obrera alemana recibieron El capital es la mejor recompensa por 
mi trabajo. Un hombre que en lo económico representa el pun- 
to de vista burgués, el fabricante vienés señor Mayer, expuso cer- 
teramente en un folleto! publicado durante la guerra franco- 
prusiana que la gran capacidad teórica, que pasa por ser el pa- 
trimonio alemán, ha abandonado totalmente a las clases presun- 
tamente cultas de Alemania y renace, por el contrario, en su clase 
obrera, 

La economía política ha seguido siendo en Alemania, hasta 
la hora actual, una ciencia extranjera. En su Geschichtliche Dar- 
stellung des Handels, der Gewerbe usw., y particularmente en los 
dos primeros tomos de la obra, publicados en 1830, Gustav von 
Gúlich examinó ya las circunstancias históricas que obstruyeron, 
entre nosotros, el desarrollo del modo de producción capitalista, y, 
por tanto también el que se constituyera la sociedad burguesa 
moderna. Faltaba. pues, el suelo nutricio de la economía política- 
Se la importó, en calidad de mercancía ya terminada de Inglaterra 
y Francia; los profesores alemanes de esa ciencia siguieron siendo 
discípulos. En sus manos, la expresión teórica de una realidad ex- 
tranjera se transformó en colección de dogmas, interpretados por 
ellos conforme al espíritu del mundo pequeñoburgués que los ro- 
deaba, y en consecuencia mal interpretados. Se procuraba ocultar 
el sentimiento de impotencia. científica —no totalmente reprimi- 
ble—, la conciencia poco tranquilizadora de tener que oficiar de 
dómines en un territorio que en realidad les era extraño, bajo el 
relumbrón de la sapiencia histórico-literaria o mediante la mezcla 
de ingredientes extraños, tomados en préstamo de Jas llamadas 
ciencias de cámara,(%% un revoltijo de conocimientos a cuyo pur- 


'gatorio debe someterse el esperanzado candidato a la burocracia 


alemana, 
A partir de 1848 la producción capitalista se desarrolló rápida- 
mente en Alemania, y hoy en día ha llegado ya a su habitual 


[75] 


76 KARL MARX 


floración de fraudes y estafas. Pero la suerte sigue siendo esquiva 
a nuestros especialistas. Mientras pudieron cultivar desprejuicia- 
damente la economía política, faltaban en la realidad alemana las 
modernas relaciones económicas. Y no bien surgieron dichas rela- 
ciones, ello ocurrió en circunstancias que ya no permitían su estudio 
sin prejuicios dentro de los confines del horizonte intelectual 
burgués. En la medida en que es burguesa, esto es, en la medida 
en que se considera el orden capitalista no como fase de desarro- 
llo históricamente transitoria, sino a la inversa, como figura ab- 
soluta y definitiva de la producción social, la economía política 
sólo puede seguir siendo una ciencia mientras la lucha de clases 
se mantenga latente o se manifieste tan súlo episódicamente. 
Veamos el caso de Inglaterra. Su economía política clásica coin- 
cide con el período en que la lucha de clases no se había desarro- 
lado. Su último gran representante, Ricardo, convierte por fin, 
conscientemente, la antítesis entre los intereses de clase, entre el 
salario y la ganancia, entre la ganancia y la renta del suelo, en 
punto de partida de sus investigaciones, concibiendo ingenuamen- 
te esa antítesis como ley natural de la sociedad. Pero con ello la 
conciencia burguesa de la economía había alcanzado sus propios 
e infranqueables límites. La crítica, en la persona de Sismondi, se 
enfrentó a aquélla ya en vida de Ricardo, y en oposición a él. 
La época subsiguiente, 1820-1830, se distingue en Inglaterra por 
la vitalidad científica que se manifiesta en el dominio de la econo- 
mía política. Fue el período tanto de la vulgarización y difusión 
de la teoría ricardiana como de su lucha con la vieja escuela. Se 
celebraron brillantes torneos. Las contribuciones efectuadas enton- 
ces son poco conocidas en el continente europeo, ya que en gran 
parte la polémica está diseminada en artículos de revistas, escritos 
ocasionales y folletos. El carácter desprejuiciado de esta polémica 
—aunque la teoría ricardiana sirve excepcionalmente, también, 
como arma de ataque contra la economía burguesa— se explica por 
las circunstancias de la época. Por una parte, la gran industria 
salía apenas de su infancia, como lo demuestra el mero hecho de 
que el ciclo periódico de su vida moderna no es inaugurado sino 
por la crisis de 1825. Por otra parte, la lucha de clases entre el 
capital y el trabajo quedaba relegada a un segundo plano: políti- 
camente por la contienda que oponía al bando formado por los 
gobiernos y los señores feudales congregados en la Santa Alianza, 
a las masas populares, acaudilladas por la burguesía; económica- 
mente, por la querella entre el capital industrial y la propiedad 
aristocrática de la tierra, tendencia que en Francia” se ocultaba 


EPÍLOGO A EL CAPITAL 77 


tras el antagonismo entre la propiedad parcelaria y la gran propie- 
dad rural, y que en Inglaterra irrumpió abiertamente con las 
leyes cerealeras. La literatura económica inglesa correspondiente 
a esa época recuerda el período de efervescencia polémica que so- 
brevino en Francia tras la muerte del doctor Quesnay, pero sólo 
de la manera en que el veranillo de San Martín recuerda la pri- 
mavera. Con el año 1830 se inicia la crisis definitiva, concluyente 

La burguesía, en Francia e Inglaterra. había conquistado el 
poder político. Desde ese momento la lucha de clases, tanto en 
lo práctico como en lo teórico, revistió formas cada vez más acen- 
tuadas y amenazadoras. Las campanas tocaron a muerto por la 
economía burguesa científica. Ya no se trataba de si este o aquel 
teorema era verdadero, sino de si al capital le resultaba útil o 
perjudicial, cómodo o incómodo, de si contravenía o no las orde- 
nanzas policiales. Los espadachines a sueldo sustituyeron a la in- 
vestigación desinteresada, y la mala conciencia y las ruines inten- 
ciones de la apologética ocuparon el sitial de la investigación 
científica sin prejuicios. De todos modos, hasta los machacones 
opúsculos que la Anti-Corn-Law League,!%él encabezada por los 
fabricantes Cobden y Bright, sembró a todos los vientos, presenta- 
ban aunque no un interés científico cuando menos un interés 
histórico por su polémica contra la aristocracia terrateniente. Pero 
la legislación librecambista, de sir Robert Peel en adelante, arran- 
có este último aguijón a la economía vulgar. 

La revolución continental de 1848 repercutió también en In- 
glaterra. Quienes aspiraban aún a tener cierta relevancia cientí- 
fica y se resistían a ser simples sofistas y sicofantes de las clases 
dominantes, procuraron compaginar la economía política del capi- 
tal con las reivindicaciones del proletariado, a las que ya no era 
posible seguir desconociendo. De ahí ese insípido sincretismo 
cuyo representante más destacado es John Stuart Mill. Trátase de 
una declaración de bancarrota por parte de la economía “burgue- 
sa”,[671 tal como lo ha esclarecido magistralmente el gran sabio 
y crítico ruso Nikolái Chernishevski en su obra Lineamientos de 
la economia política, según Mill. 

En Alemania, pues, el modo de producción capitalista alcanzó 
su madurez después que su carácter antagónico se hubiera reve- 
lado tumultuosamente en Francia e Inglaterra a través de luchas 
históricas, y cuando el proletariado alemán tenía ya una concien- 
cia teórica de clase mucho más arraigada que la burguesía del 
país. Por lo tanto, apenas pareció que aquí llegaría a ser posible 


78 KARL MARX 


una ciencia burguesa de la economía política, la misma se había 
vuelto, una vez más, imposible. 

En estas circunstancias, sus portavoces se escindieron en dos 
bandos. Unos —gente sagaz, ávida de lucro, práctica— se congre- 
garon bajo la bandera de Bastiat, el representante más pedestre 
y por lo tanto más cabal de la apologética economía vulgar; los 
otros, orgullosos de la dignidad profesoral de su ciencia, siguieron 
siendo meros aprendices, reiteradores e imitadores, vendedores am- 
bulantes y al por menor de los mayoristas extranjeros. 

El peculiar desarrollo histórico de la sociedad alemana, pues, 
cerraba las puertas del país a todo desarrollo original de la eco- 
nomía '““burguesa”,!98 pero no a su crítica. En la medida en que 
tal crítica representa, en general, a una clase, no puede representar 
sino a la clase cuya misión histórica consiste en trastocar el modo 
de producción capitalista y finalmente abolir las clases: el pro- 
letariado. 

En un principio, los portavoces cultos e ignaros de la burguesía 
alemana procuraron aniquilar El capital por medio del silencio, 
tal como habian logrado hacer con mis obras anteriores. Cuando 
esa táctica ya no se ajustó a las demandas de la época, se pusie- 
ron a redactar, con el pretexto de criticar mi libro, instrucciones 
“para tranquilizar la cenciencia burguesa”, pero encontraron en 
la prensa obrera —véanse por ejemplo los artículos de Joseph 
Dietzgen en el Volksstaat—10%1 paladines superiores, a los que aún 
hoy deben la respuesta. 

En la primavera de 1872 apareció en San Petersburgo una ex- 
celente traducción rusa de El capital. La edición de 3000 ejem- 
plares, ya está prácticamente agotada.!70) En 1871 el señor Nikolái 
Sieber, profesor de economía política en la Universidad de Kiev, 
había presentado ya, en su obra Teortia tsénnosti i kapitala D. Ri- 
cardo (La teoría de David Ricardo, sobre el valor y el capital), 
mi teoría del valor, del dinero y del capital, en sus lineamientos 
fundamentales, como desenvolvimiento necesario de la. doctrina 
de Smith-Ricardo. En la lectura de esta meritoria obra, lo que 
sorprende al europeo occidental es que el autor mantenga conse- 
cuentemente un punto de vista teórico puro. 

El método aplicado en El capital ha sido poco comprendido, 
como lo demuestran ya las apreciaciones, contradictorias entre sí, 
acerca del mismo. 


Así la Revue Positiviste'131 de París me echa en cara, por una. 


parte, que enfoque metafísicamente la economía, y por la otra 
—¡adivinesel— que me limite estrictamente al análisis crítico de 


EPÍLOGO A EL CAPITAL 79 


lo real, en vez de formular recetas de cocina (¿comtistas?) para el 
bodegón del porvenir. En cuanto a la inculpación de metafísi- 
ca, observa el profesor Sieber: “En lo que respecta a la teoría 
propiamente dicha, el método de Marx es el método deductivo 
de toda la escuela inglesa, cuyos defectos y vehtajas son comunes 
a los mejores ecohomistas teóricos.”12% El señor Maurice Block 
—Les théoriciens du socialisme en Allemagne. Extrait du Journal 
des Economistes, juillet e aoút 1872— descubre que mi método es 
analítico y dice, entre otras cosas: “Con esta obra, el señor Marx 
se coloca al nivel de las mentes analíticas más eminentes.” Los 
críticos literarios alemanes alborotan, naturalmente, acusándome 
de sofistería hegeliana. La revista de San Petersburgo Viéstiik 
Tevropi (El Mensajero de Europa), en un artículo dedicado exclu- 
sivamente al método de El capital (número de mayo de 1872, 
pp- 427-436), encuentra que mi método de investigaciones es estric- 
tamente realista, pero el de exposición, por desgracia, dialéctico- 
alemán. Dice así: “A primera vista, y si juzgamos por la forma 
externa de la exposición, Marx es el más idealista de los filósofos, 
y precisamente en el sentido alemán, esto es, en el real sentido 
de la palabra. Pero en rigor es infinitamente más realista que to- 
dos sus predecesores en el campo de la crítica económica... En 
modo alguno se lo puede llamar idealista.” No puedo dar más 
cumplida respuesta al autor de ese artículo!?31 que transcribir al- 
gunos extractos de su propia crítica, que tal vez interesen, además, 
a no pocos de los lectores para los cuales es inaccesible el original 
ruso. 

Luego de citar un pasaje de mi Prólogo a la Crítica de la eco- 
nomía política (Berlín, 1859, pp. Iv-vi, en el que discuto la 
base materialista de mi método, prosigue el autor: 

“Para Marx, sólo una cosa es importante: encontrar la ley de 
los fenómenos en cuya investigación se ocupa. Y no sólo le resulta 
importante la ley que los rige cuando han adquirido una forma 
acabada y se hallan en la interrelación que se observa en un pe- 
ríodo determinado. Para él es importante, además, y sobre todo, 
la ley que gobierna su transformación, su desarrollo, vale decir, la 
transición de una a otra forma, de un orden de interrelación 
a otro. No bien ha descubierto esa ley, investiga circunstanciada- 
nrente los efectos a través de los cuales se manifiesta en la vida 
social... Conforme a ello, Marx sólo se empeña en una cosa: en 
demostrar, mediante una rigurosa investigación científica, la nece- 
sidad de determinados órdenes de las relaciones sociales y, en la 
medida de lo posible, comprobar de manera inobjetable los hechos 


80 KARL MARX 


que le sirven de puntos de partida y de apoyo. A tal efecto, basta 
plenamente que demuestre, al tiempo que la necesidad del orden 
actual, la necesidad de otro orden en que aquél tiene que trans- 
formarse inevitablemente, siendo por entero indiferente que los 
hombres lo crean d no, que sean o no conscientes de ello. Marx 
concibe el movimiento social como un proceso de historia natu- 
ral, regido por leyes que no sólo son independientes de la volun- 
tad, la conciencia y la intención de los hombres, sino que, por el 
contrario, determinan su querer, conciencia e intenciones... Si 
el elemento consciente desempeña en la historia de la civilización un 
papel tan subalterno, ni qué decir tiene que la crítica cuyo objeto 
es la civilización misma, menos que ninguna otra puede tener como 
base una forma o un resultado cualquiera de la conciencia. O sea, 
que no es la idea sino únicamente el fenómeno externo lo que 
puede servirle de punto de partida, La crítica habrá de reducirse 
a cotejar o confrontar un hecho no con la idea sino con otro he- 
cho. Lo importante para ella, sencillamente, es que se investiguen 
ambos hechos con la mayor precisión posible y que éstos constitu- 
yan en realidad, el uno con respecto al otro, diversas fases de 
desarrollo; le importa, ante todo, que no se escudriñe con menor 
exactitud la serie de los órdenes, la sucesión y concatenación en 
que se presentan las etapas de desarrolio. Pero, se dirá, las leyes 
generales de la vida económica son unas, siempre las mismas, sien- 
do de todo punto indiferente que se las aplique al pasado o al 
presente. Es esto, precisamente, lo que niega Marx. Según él no 
existen tales leyes abstractas, En su opinión, por el contrario, 
cada período histórico tiene sus propias leyes... Una vez que la 
vida ha hecho que caduque determinado periodo de desarrollo, 
pasando de un estadio a otro, comienza a ser regida por otras leyes. 
En una palabra, la vida económica nos ofrece un fenómeno análo- 
go al que la historia de la evolución nos brinda en otros dominios 
de la biología... Al equipararlas a las de la física y las de la quí- 
mica, los antiguos economistas desconocían la naturaleza de las 
leyes económicas... Un análisis más profundo de los fenómenos 
demuestra que los organismos sociales se diferencian entre sí tan 
radicalmente como los organismos vegetales de los animales... 
Es más: exactamente el mismo fenómeno está sometido a leyes por 
entero diferentes debido a la distinta estructura general de aque- 
llos organismos, a la diferenciación de sus diversos órganos, a la 
diversidad de las condiciones en que funcionan, etcétera. Marx 
niega, a modo de ejemplo, que la ley de la población sea la misma 
en todas las épocas y todos los lugares. Asegura, por el contrario, 


EPÍLOGO A EL CAPITAL 81 


que cada etapa de desarrollo tiene su propia ley de la población... 
Con el diferente desarrollo de la fuerza productiva se modifican 
las relaciones y las leyes que las rigen. Al fijarse como objetivo 
el de investigar y dilucidar, desde este punto de vista, el orden 
económico capitalista, no hace sino formular con rigor científico 
la meta que debe proponerse toda investigación exacta de la vida 
económica... El valor científico de tal investigación radica en la 
elucidación de las leyes particulares que rigen el surgimiento, exis- 
tencia, desarrollo y muerte de un organismo social determinado y 
su remplazo por otro, superior al primero. Y es éste el valor que, 
de hecho, tiene la obra de Marx.” 

Al caracterizar lo que él llama mi verdadero método de una 
manera tan certera, y tan benévola en lo que atañe a mi empleo 
personal del mismo, ¿qué hace el articulista sino describir el mé- 
todo dialéctico? 

Ciertamente, el modo de exposición debe distinguirse, en lo for- 
mal, del modo de investigación. La investigación debe apropiarse 
pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas 
de desarrollo y rastrear su nexo interno. Tan sólo después de con- 
sumada esa labor, puede exponerse adecuadamente el movimiento 
real. Si esto se logra y se llega a reflejar idealmente la vida de ese 
objeto, es posible que al observador le parezca estar ante una cons- 
trucción apriorística, 

Mi método dialéctico no sólo difiere del de Hegel, en cuanto 
a sus fundamentos, sino que es su antítesis directa. Para Hegel el 
proceso del pensar, al que convierte incluso, bajo el nombre de 
idea, en un sujeto autónomo, es el demiurgo de lo real: lo real 
no es más que su manifestación externa. Para mí, a la inversa, lo 
ideal no es sino lo material traspuesto y traducido en la mente 
humana, 

Hace casi treinta años sometí a crítica el aspecto mistificador 
de la dialéctica hegeliana, en tiempos en que todavía estaba de 
moda.!7*1 Pero precisamente cuando trabajaba en la preparación del 
primer tomo de El capital, los irascibles, presuntuosos y medio- 
cres epígonos que ¡llevan hoy la voz cantante en la Alemania cul- 
ta,1151 dieron en tratar a Hegel como el bueno de Moses Men- 
delssohn trataba a Spinoza en tiempos de Lessing: como a un “perro 
muerto”. Me declaré abiertamente, pues, discípulo de aquel gran 
pensador, y llegué incluso a coquetear aquí y allá, en el capítulo 
acerca de la teoría del valor, con el modo de expresión que le es 
peculiar. La mistificación que sufre la dialéctica en manos de 
Hegel, en modo alguno obsta para que haya sido él quien, por 


82 j A KARL MARX 


vez primera, expuso de manera amplia y consciente las formas 
generales del movimiento de aquélla. En él la dialéctica está pues- 
ta al revés. Es necesario darle vuelta, para descubrir así el núcleo 
racional que se oculta bajo la envoltura mística. 

En su forma mistificada, la dialéctica estuvo en boga en Alema- 
nia, porque parecía glorificar lo existente. En su figura racional, 
es escándalo y abominación para la burguesía y sus portavoces 
doctrinarios, porque en la intelección positiva de lo existente in- 
cluye también, al propio tiempo, la inteligencia de su negación, 
de su necesaria ruina; porque concibe toda forma desarrollada en 
el fluir de su movimiento, y por tanto sin perder de vista su lado 
perecedero; porque ñada la hace retroceder "y es, por esencia, críti- 
ra y revolucionaria. 

El movimiento contradictorio de la sociedad capitalista se le re- 
vela al burgués práctico, de la manera más contundente, durante 
las vicisitudes del ciclo periódico que recorre la industria moderna 
y en su punto culminante: la crisis general. Esta crisis nuevamen- 
te se aproxima, aunque aún se halle en sus prolegómenos, y por 
la universalidad de su escenario y la intensidad de sus efectos, 
atiborrará de dialéctica hasta a los afortunados advenedizos del 
nuevo Sacro Imperio prusiano-germánico. 


Londres, 24 de enero de 1873 


KARL MARX 


4] CORRESPONDENCIA DE MARX CON ENGELS, LASSALLE 
Y WEYDEMEYER 


I. DE MARX A ENGELS 


14 de enero de 1858 


[. ..] Me siento exceedingly [extraordinariamente] contento de que 
tu salud vaya well [bien]. Yo mismo, desde hace tres semanas, he 
vuelto a ingerir medicamentos y no he terminado hasta hoy. Ha- 
bía abusado de los trabajos por la noche, sazonados por una parte, 
es cierto, con simple limonada, pero, por otra parte, with an 
immense deal of tobacco [con una enorme cantidad de, tabaco]. 
Por lo demás, doy con magníficos hallazgos. Por ejemplo, he cap- 
tado en el aire toda la teoría de la ganancia tal como existía hasta 
ahora. En el método de elaboración del tema, hay algo que me ha 
prestado un gran servicio; by mere accident [por pura casualidad], 
había vuelto a hojear la Lógica de Hegel. (Freiligrath ha encon- 
trado algunos libros de Hegel que habían pertenecido antes a 
Bakunin y me los ha enviado como regalo.) Si alguna vez vuelvo 
a tener tiempo para este tipo de trabajo, me proporcionaré el 
gran placer de hacer accesible, en dos o tres pliegos impresos, a los 
hombres con sentido común, el fondo racional del método que 
H[egel] ha descubierto y al mismo tiempo mistificado. 

De todos los economistas recientes, el potaje de fadaises [nece- 
dades] más concentrado se encuentra en las Harmonies économi- 
ques del señor Bastiat.I701 Sólo un crafpaud [sapo] ha podido co- 
nocer un pot-au-feu [puchero] tan armonioso [...] 


1. DE MARX A LASSALLE 
22 de febrero de 1858 


[.. .] Quiero informarte del estado en que se encuentran mis tra- 
bajos económicos. He emprendido de hecho la redacción final 
desde hace algunos meses, Pero avanza muy lentamente, porque los 
temas de los que desde hace muchos años se ha hecho el centro 


[83] 


84 MARX / ENGELS/LASSALLE /WEYDEMEYER 


de los estudios de uno, cuando se quiere terminar con ellos siem- 
pre ofrecen nuevos aspectos y exigen nuevas reflexiones. Además, 
no soy dueño de mi tiempo, sino rather [más bienj su criado.(771 
No me queda más que la noche para ocuparme de mis trabajos 
personales, y los frecuentes ataques o recaídas de una enfermedad 
del hígado entorpecen incluso mis trabajos nocturnos. En estas con- 
diciones, lo más cómodo para mí sería poder publicar todo ese 
trabajo por entregas separadas, sin establecer una cadencia de pu- 
blicación. Y esta solución quizá tuviera la ventaja de encontrar más 
fácilmente un librero, ya que los fondos a invertir en esta empresa 
serían poco importantes. Te quedaría muy agradecido, of course 
[naturalmente], si vieras si en Berlín puedes descubrir un em- 
presario de ese tipo. Por “entregas” entiendo cuadernos bastante 
análogos a aquellos en que ha aparecido poco a poco la Estética[78) 
de Vischer. ] 

El trabajo de que se trata es, en primer lugar, la crítica de las 
categorías económicas, o bien, if you like [si quieres], el sistema 
de la economía burguesa presentado en forma crítica. Es a la vez 
un cuadro del sistema y la crítica de ese sistema a través de su 
propia exposición. No calculo en absoluto cuántas galeras de im- 
prenta dará en total. Si tuviera el tiempo, calma y medios para 
elaborarlo todo, antes de entregarlo al público, lo haría mucho 
más conciso, porque siempre me ha gustado el método que consis- 
te en condensar. Pero impreso así, por entregas sucesivas, lo que 
quizá facilite la comprensión por parte del público pero perjudi- 
cará seguramente la forma, la obra adquirirá necesariamente una 
ligera amplitud. Nota bene: en cuanto sepas con seguridad si se 
puede resolver o no este asunto en Berlín, te agradeceré que me 
lo comuniques, porque si no puede resolverse ahí, lo intentaré en 
Hamburgo. Otra cosa: es imprescindible que el librero que empren- 
da esta publicación me fague, una necesidad que podría hacerla 
fracasar en Berlín. La exposición, quiero decir la forma de expo- 
ner el tema, es absolutamente científica, es decir, que no contra- 
viene €n nada las reglas en el sentido habitual del término. El 
conjunto se divide en seis libros.1791 1, Del capital (contiene algu- 
nos capítulos introductorios). 2. De la propiedad territorial. 3. Del 
trabajo asalariado. 4. Del estado. 5. Comercio internacional. 6. Mer- 
cado mundial. No puedo por menos de hacer de cuando en cuando 
alusiones críticas a otros economistas, de polemizar, por ejemplo, 
con Ricardo, en la medida en que él mismo, quía burgués, se ve 
obligado a cometer errores incluso desde un punto de vista estric- 
tamente económico. Pero en conjunto, la crítica y la historia de la 


CORRESPONDENCIA 85 


economía política y del socialismo debería ser el tema de otro 
trabajo.!$! Finalmente, el breve esbozo histórico del desarrollo de 
las categorías o de las condiciones económicas, es el tema de un 
tercer libro.'8MM After all [después de todo], tengo el presentimien- 
to de que ahora, cuando, al cabo de quince años de estudios, he 
llegado a poder dedicarme a ésta obra, van a interferir probable- 
mente acontecimientos tempestuosos. Never mind [eso no importa]. 
Si he terminado demasiado tarde para atraer todavía la atención 
del mundo sobre esos temas, será evidentemente my own [mi pro- 
pia] falta [...] 


11. DE MARX A LASSALLE 


11 de marzo de 1858 


[.. .]El primer fascículo debería constituir en todo caso!821 rela. 
tivamente un todo, y, como las bases de todo el desarrollo están 
contenidas én ella, esta parte difícilmente podría, ser redactada en 
menos de 5 o 6 pliegos.!88) Todo esto lo veré cuando haga la redac- 
ción definitiva. Este fascículo comprende: 1. Valor. 2.* Dinero. 3. 
Capital en general (proceso de producción del capital, proceso 
de circulación del capital, unidad de ambos o capital y ganancia, 
interés). Esto constituye un folleto independiente. A lo largo de 
tus estudios de economía habrás encontradu seguramente que 
Ricardo, estudiando la ganancia, incurre en contradicción con su 
definición (exacta) del valór, contradicciones que, dentro de su 
escuela, han llevado al abandono completo del punto de partida 
o al eclecticismo más repugnante. Creo que he puesto la cosa en 
claro, (Los economistas encontrarán, seguramente, mirando las co- 
sas más de cerca, que altogether it is a dirty business [todo eso es 
un asunto turbio].) 

Por loque se refiere a] número total de los pliegos «dle impren- 
ta, me encuentro, a decir verdad, en la más completa incertidum- 
bre, supuesto que la documentación de la obra se encuentra en 
mis cuadernos en forma de monografías, que muchas vetes «des- 
ciende a muchos detalles, cosa que desaparecerá al darle su forma 
definitiva. Además, cuando se publique, no: tengo en absoluto la 
intención de profundizar igualmente en los seis libros que consti- 
tuirán las seis partes del conjunto; mi intención, en las tres últi- 
mas, es más bien la de limitarme a los rasgos principales, mientras 
que en las tres primeras, que comprenden el desarrollo económico 


86 MARX /ENGELS/LASSALLE / WEYDEMEYER 


fundamental propiamente dicho, las explicaciones no podrán siem- 
pre evitarse. Apenas puedo creer que la totalidad pueda quedar 
determinada en menos de 30 o 40 pliegos.(84 


IV. DE MARX A ENGELS 
2 de abril de 1858 


[...] Lo que sigue es un short outline of the first part [breve 
esquema de la primera parte]. Todo este material tiene que divi- 
dirse en 6 libros: 1. Del capital. 2. Propiedad territorial. 3. Tra- 
bajos asalariados. 4. Estado. 5. Comercio internacional. 6. Mercado 
mundial. 

1. El capital se subdivide en 4 secciones: a) Capital en gene- 
ral. (Éste es el tema del primer fascículo.)($51 b) La competencia 
o acción recíproca de múltiples capitales. c) El crédito en donde el 
" capital aparece como un elemento general frente a los capitales 
aislados. d) El capital por acciones, [$61 como la forma más perfecta 
(que desemboca een el comunismo), con, al mismo tiempo, todas 
sus contradicciones. El paso del capital a lá propiedad territorial 
es al mismo tiempo histórico, ya que la forma moderna de la pro- 
piedad territorial es el producto de la acción del capital sobre la 
propiedad del suelo feudal, etc. Igualmente, el paso de la propie- 
dad territorial al trabajo asalariado no es sólo dialéctico, sino tam- 
bién histórico, ya que el último producto de la propiedad terri- 
torial moderna es la instauración generalizada del trabajo asalaria- 
do, que, después, aparece como la base de todo este sistema. Well 
(it is difficult for me today write) [Pues bien (hoy me es difícil 
escribir)] volvamos ahora al corpus delicti [cuerpo del delito). 

1. El capital. Primera sección. El capital en general. (En toda 
esta sección se tomará como hipótesis que el salario del trabajo 
es siempre igual a su mínimo. Las fluctuaciones del salario en sí, 
baja o alza por encima del mínimo, forman parte del estudio del 
trabajo asalariado. Además se plantea la propiedad territorial —= 0, 
es decir, que la propiedad territorial como relación económica 
particular no nos interesa aquí por ahora. Sólo mediante este re- 
curso es posible no hablar siempre de todo a propósito de todas 
las conexiones.) 


CORRESPONDENCIA 87 


1] Valor 


Reducido pura y simplemente a la cantidad de trabajo. El tiem- 
po como medida del trabajo. El valor de uso,/ya se trate de un 


punto de vista subjetivo, de la usefulness [utilidad del producto], 


o de un punto de vista objetivo, de su posibilidad de utility [uti- 
lización], el valor de uso aparece, pues, aquí tar sólo como la 
condición material previa al valor, que provisionalmente se sitúa 
por completo fuera de la determinación de la forma económica. 
El valor como tal no cuenta con otro “material” que el trabajo 
mismo. Esta definición del valor, sugerida primero por Petty, des- 
pués claramente estructurada por Ricardo, no es sino la forma 
más abstracta de la riqueza burguesa. Implica ya en sí misma: 
1] la abolición del comunismo natural primitivo (India, etc.); 2] 
la supresión de todas las formas de producción no evolucionadas 
y preburguesas, en donde el cambio no domina aún la producción 
en toda su amplitud. Aun cuando sea una abstracción, se trata de 
una abstracción histórica a la que no se ha podido proceder pre- 
cisamente sino partiendo de una determinada evolución económi- 
ca de la sociedad. Todas las objeciones contra esta definición del 
valor están tomadas de unas relaciones de producción menos des- 
arrolladas, o bien se apoyan en la confusión que consiste. en 
oponer a ese valor, bajo esa forma abstracta y no desarrollada, 
determinaciones económicas más concretas, cuyo valor ha sido abs- 
tracto, y que, consiguientemente, pueden por otro lado ser consi- 
deradas como el desarrollo ulterior de ese valor. Dada la oscuridad 
de los mismos señores economistas en cuanto a saber cuáles son los 
nexos de esa abstracción con formas ulteriores más concretas de la 
riqueza burguesa, esas objeciones estaban plus ou moins [más o 
menos] justificadas. ] 

De esta contradicción que opone las características generales del 
valor a su existencia material en una mercancía determinada, 
etc. —siendo, como son, esas características idénticas a Jas que 
aparecen más tarde een el dinero—, resulta la categoría de éste. 


2] Dinero 


Algunas palabras sobre los metales preciosos como soporté del di- 
nero en sus distintas relaciones. 

a] El dinero como patrón. Algunos comentarios marginales so- 
bre el patrón ideal en Steuart, Attwood, Urquhart; de una forma 
más comprensible, en los apologistas de la moneda-trabajo (Gray, 


88 MARX /ENGELS/LASSALLE / WEYDEMEYER 


Bray, etc., de cuando en cuando algunos palos contra los proudho- 
nianos). El valor de la mercancía, traducido en dinero, es su precio, 
que provisionalmente aparece en una forma que no se diferencia 
del valor más que de esa manera puramente formal. Conforme a 
la ley general del valor, una cantidad determinada de dinero no 
hace sino expresar cierta cantidad de trabajo materializado. Debi- 
do precisamente a que el dinero es un patrón, es indiferente que 
su valor propio sea variable. 

b] El dinero como medio de cambio, o la circulación simple. 
No hay lugar para considerar aquí más que la forma simple de 
esa circulación. "Todas las circunstancias que la determinan pos- 
teriormente no forman parte de ella, y no las examinaremos has- 
ta más adelante. (Supongamos relaciones más evolucionadas.) Si 
a la mercancía la llamamos M y al dinero D, la circulación sim- 
ple presenta sin duda los dos movimientos circulatorios o ciclos: 
M-D-D-M y D-M-M-D (este último constituye la transición ha- 
cia c), pero el punto de partida y el punto de llegada no coin- 
ciden en absoluto o, si acaso, por pura casualidad. Lo esencial 
de las pretendidas leyes, establecidas por los teóricos de la eco- 
nomía, no considera la circulación del dinero dentro de sus pro- 
pios límites, sino en cuanto asumida y determinada por movi- 
mientos superiores. Todo esto hay que rechazarlo. (Constituye, 
en parte, uno de los elementos de la teoría del crédito; pero hay 
que considerarlo, también en parte, en puntos donde el dinero 
reaparece, si bien ha sufrido ya otras determinaciones.) Aquí se 
trata, pues, del dinero como medio de circulación (moneda). 
Y también ten cuanto realización del precio (no sólo forma evanes- 
cente). De la definición simple, según la cual la mercancía, a par- 
tir del momento en que se la presenta como precio, es ya cambiada 
idealmente por dinero, antes de serlo efectivamente, resulta por 
lógica esa importante ley económica de que la masa de los medios 
de circulación es determinada por el precio y no inversamente. 
(Aquí algunas observaciones históricas a propósito de la polémica 
sobre este punto.) Resulta, además, que la velocidad puede rem- 
plazar a la masa, pero también que es necesaria una masa deter- 
minada para los actos de cambios simultáneos en la medida en 
que éstos no se comportan recíprocamente como + y —, €quiva- 
lencia y restricción que no hay por qué abordar en este punto del 
desarrollo más que por anticipación. No entro aquí en los detalles 
del desarrollo ulterior de esta sección. Advierto tan sólo que la no 
coincidencia de M-D y de D-M es la forma más abstracta y más 
superficial en que se expresa la posibilidad de las crisis. Del des- 


CORRESPONDENCIA 89 


arrollo de la ley que determina la masa en circulación por los 
precios resulta que sobre este punto se formulan hipótesis que no 
son en absoluto válidas en todos los estadios de evolución de la 
sociedad. De ahí la estupidez que supone, por ejemplo, establecer 
por las buenas un paralelo entre las relaciones cpmerciales mo- 
dernas y la afluencia a Roma del dinero procedente de Asia y 
su repercusión sobre los precios de entonces. Las definiciones más 
abstractas, si se las somete a un examen más detenido siempre 
dejan al descubierto una base determinada, concreta, histórica. 
(Of course [naturalmente], debido a que han sido deducidas en 
esa dirección determinante.) : 

.c] El dinero como dinero. Es el desarrollo de la fórmula: 
D-M-M-D. El dinero como existencia autónoma del valor respec- 
to de la circulación; existencia material de la riqueza abstracta. 
Se manifiesta ya en la circulación debido a que no aparece sólo 
como medio de circulación sino en cuanto que realiza un precio. 
En su calidad de c, puesto que a y b no aparecen más que como 
funciones suyas, el dinero es la mercancía general de los contra- 
tos (aquí el carácter variable de su valor, un valor determinado 
por el tiempo de trabajo, adquiere importancia), objeto de hoarding 
[atesoramiento]. (Esta función es hoy todavía importante en Asia 
y de forma generally [general] en el mundo antiguo y en la Edad 
Media, Subsiste actualmente el sistema bancario, pero desempeña 
tan sólo un papel secundario. En los períodos de crisis, importan- 
cia del dinero otra vez en esa forma. El dinero considerado de ese 
modo con las delusions [ilusiones] que origina en toda la historia 
mundial, etc. Propiedades destructoras, etc.) En cuanto realización 
de todas las formas superiores tras las que aparecerá el valor; for- 
mas definitivas: externamente, liquidación de todas las relaciones 
de valor. Pero el dinero deja de ser una relación económica cuando 
se inmoviliza en esa forma que se agota, se disuelve, en su rela- 
ción material, plata u oro. Por otra parte, en la medida en que 
entra en circulación y se intercambia de nuevo por M, el proceso 
final, el consumo de la mercancía, se sitúa de nuevo fuera de la 
relación económica. La circulación simple del dinero mo implica 
el principio de autorreproducción, y remite, pues, a otras catego- 
rías que se sitúan fuera de ella. En el dinero “como lo demuestra 
el desarrollo de sus determinaciones— se plantea la exigencia del 
valor que entra en la circulación, se mantiene en esa circulación 
y al mismo tiempo la implica: el capital. Esa transición es tam- 
bién histórica. La forma antediluviana del capital es el capital 
mercantil, que siempre da como resultado «dinero. Al mismo tiem- 


90 . MARX [ENGELS/LASSALLE/WEYDEMEYER 


po, nacimiento' del capital real a partir del dinero o del capital 
mercantil que se adueña de la producción. 

d] Esa circulación simple considerada en sí misma —y constitu- 
ye la superficie de la sociedad burguesa, en que las operaciones 
más profundas, de las que ha nacido, han desaparecido-- no ofrece 
ninguna diferencia entre los sujetos del cambio, sino tan sólo dife- 
rencias formales y efímeras. Es el reino de la libertad, de la igual- 
dad, de la propiedad fundada sobre el “trabajo”. La acumulación, 
tal como aparece aquí en forma de hoarding [atesoramiento], no 
es más que una mayor capacidad de economía, etc. Torpeza, por 
una parte, de los teóricos de la armonía económica, modernos 
frectraders [librecambistas] (Bastiat, Carey, etc.), en oponer, como 
su verdad, a esas relaciones de producción más evolucionadas y 
a sus antagonismos esa visión de las cosas que es lo más abstracto 
y superficial que puede darse. Torpeza de los proudhonianos y de 
los socialistas del mismo cuño en oponer las ideas de igualdad (etc.), 
correspondientes a ese intercambio de equivalentes (o considera- 
dos as such [como tales)) a las desigualdades de donde ha nacido 
ese intercambio y en las que desemboca. En cuanto ley de la apro- 
piación en esa esfera, la apropiación por el trabajo aparece como 
un cambio de equivalentes, cuando en realidad el cambio no hace 
más que reproducir el mismo valor en forma de otra materialidad. 
En una palabra: todo eso está muy bien, pero terminará muy 
pronto en un horrible final, y todo ello como consecuencia de la 
ley de equivalencia, Ahora estamos llegando, pues, al: 


3] Capital 


Ésta constituye, propiamente hablando, la parte importante de este 
fascículo, y sobre este punto es sobre el que más necesito tu opi- 
nión. Pero hoy no puedo seguir escribiendo; esta maldita bilis 
me hace intolerable el hecho de mantener la pluma y la cabeza me 
da vueltas de tanto tenerla inclinada sobre el papel. Por tanto, 
for next time [hasta la próxima vez]. 


Y. DE ENGELS A MARX 
9 de abril de 1858 


El estudio de tu abstract [resumen] del primer medio fascículo 
me ha llevado mucho tiempo; ¿t is very abstract indeed [es en 


CORRESPONDENCIA 9r 


verdad un resumen muy abstracto], cosa que no puede evitarse 
en una exposición tan breve; y muchas veces me veo obligado a. 
tomarme mucho trabajo para buscar las transiciones dialécticas, 
porque he perdido del todo el hábito de all abstract reasoning 
[todo razonamiento abstracto]. Esta disposición del conjunto en 
seis libros no podría ser mejor y me gusta extraórdinariamente, 
aun cuando no vea todavía claro el nexo dialéctico entre la propie- 
dad territorial y el trabajo asalariado. El desarrollo de.la historia 
del dinero está igualmente muy bien; tampoco aquí veo aún cla- 
ramente todos los detalles, ya que muchas veces tengo que volver 
a comenzar para encontrar la fundamentación histórica. Peró creo 
que cuando haya llegado a mi poder la conclusión general del 
capítulo, !$71 veré mejor el drift [curso] de las ideas y te escribiré 
con más detalle lo que pienso. El tono abstracto y dialéctico de 
este. epítome desaparecerá evidentemente en la redacción defini- 
tiva [...] 


VI, DE MARX A LASSALLE 


12 de noviembre de 1858 


[. ..] Por lo que se refiere al retraso en enviarte el manuscrito, 
lo primero que me lo ha impedido ha sido la enfermedad; des- 
pués he tenido que recuperar el tiempo invertido en mis traba- 
jos alimenticios. Pero la verdadera razón es la siguiente: la ma- 
teria la tenía delante de mí, todo. se reducía a una cuestión de 
forma. En todo lo que escribía advertía que en mi estilo se trans- 
parentaba mi enfermedad del hígado. Y tengo dos razones para no 
tolerar que motivos de tipo médico vengan a estropear esta obra: 

1] Es el resultado de quince años de trabajo y, consiguientemen- 
te, el fruto del mejor período de mi vida. 

2] Presenta por primera vez, científicamente, un punto de vista 
importante sobre las relaciones sociales.!$8l Por deber a nuestro 
partido no puedo menoscabar la causa con un estilo deslucido y 
falso que es el reflejo de un hígado enfermo. 

No aspiro a la elegancia de la exposición, sino sólo a escribir 
con mi estilo habitual, lo que me ha resultado imposible duran- 
te los meses de sufrimiento, al menos sobre este tema, aun cuan- 
do «durante ese período he tenido que escribir, y he escrito, por 
lo menos dos tomos de editoriales en inglés omnibus rebus el 
quibusdam aliis [de toda clase de temas y algunos más] [...] 


92 MARX /ENGELS/LASSALLE/WEYDEMEYER 


VII. DE ENGELS A MARX 
[Hacia el 13 de enero de 1859] 


[...] El manuscrito tiene about [unos] 12 pliegos de imprenta 
(3 fascículos) y —no te caigas de espaldas— a pesar de su título: 
“El capital en general”,. estos fascículos no contienen todavía nada 
sobre el capital, sino sólo los dos primeros capítulos: 1. La mer- 
cancia, 2. El dinero, o la circulación simple. Como ves, la parte 
elaborada en detalle (en mayo, cuando fui a verte) no aparecerá 
aún. Esto está bien desde un doble punto de vista. Si la cosa gus- 
ta, podrá seguir rápidameñte el tercer capítulo sobre el capital.180 
En segundo lugar: como en la parte publicada, conforme a la na- 
turaleza misma de las cosas, los perros no podrán reducir su. crítica 
a simples insultos contra nuestra tendencia, y como el conjunto 
ofrece un tono exceedingly [extremadamente] serio y científico, 
obligo a esa canaille [canalla] a tomar ulteriormente rather seriously 
[más en serio] mis conceptos sobre el capital. Independientemente 
de todos esos objetivos prácticos, pienso además que el capítulo 
sobre el dinero será interesante para los especialistas [...] 


VII. DE MARX A WEYDEMEYER 
1 de febrero de 1859 


[. . .] Mi Critica de la economia polítical90! aparecerá en fascículos 
(los primeros cuadernos dentro de 8 o 10 días a partir de hoy) en 
Ta casa Franz Duncker, de Berlín (Bessersche Verlagsbuchhandlung) 
[Casa editorial Besser]. Sólo gracias a su celo extraordinario y su 
talento persuasivo ha logrado Lassalle impulsar a Duncker a dar 
este paso. Sin embargo, el editor se ha reservado una puerta de 
salida. El contrato definitivo depende de la venta de los primeros 
cuadernos. 

Distribuyo toda la economía política en 6 libros: 

Capital; propiedad territorial; trabajo asalariado; estado; comer- 
cio exterior; mercado mundial. 

El libro 1 sobre el capital se divide ten cuatro partes: 

Primera parte: El capital en general se subdivide en 3 capítulos: 

1] La mercancía; 2] El dinero, o la circulación simple, 3] El ca- 
pital. 1] y 2] about [aproximadamente] 10 pliegos de imprenta, 
constituyen la materia de los primeros cuadernos próximos a apa- 


CORRESPONDENCIA 93 


recer. Comprenderás las razones políticas que me han impulsado 
a tener en reserva el capítulo 3 sobre el “capital”, hasta que nue- 
vamente pueda poner pie en Alemania. 

La materia de los fascículos próximos a aparecer, es la siguiente: 


1] Primer capitulo. La mercancía. 

A] Datos históricos sobre el análisis de la mercancía. (William 
Petty, inglés de la época de Carlos II); Boisguillebert (Luis XIV); 
B. Franklin (primer escrito de juventud en 1719); los fisiócratas, 
Sir James Steuart; Adam Smith; Ricardo y Sismondi). 

2] Segundo capitulo. El dinero o la circulación simple. 

1] Medida de los valores. ; 

B] Teorías sobre el dinero unidad de medida (finales del si- 
glo xvm, Locke y Lowndes; obispo Berkeley [1750]; Sir James 
Steuart; Lord Castlereagh; "Thomas Attwood; John Gray; los prou- 
dhonianos). : 

n] Medio de circulación. 

a] La metamorfosis de las mercancias. 
b] La circulación del dinero. 
c] Numerario. Signo de valor. 
ni] Dinero 
a] Atesoramiento. 
b] Medio de pago. * 
c] Moneda mundial (money of the world)... 

1v] Los metales preciosos. - 

C] Teorias sobre los medios de circulación del dinero. (Sistema 
monetario; Spectator, Montesquieu, David Hume; Sir James Steuart; 
A. Smith; J. B. Say, Bullion Committee; Ricardo, James Mill; 


Lord Overstone y su escuela; Thomas Tooke, James Wilson, John 
Fullarton.) 


En estos dos capítulos destruyo al mismo tiempo el socialismo 
proudhoniano, que es ahora en Francia el socialismo fashionable 
[de moda], que quiere dejar que siga subsistiendo la producción 
privada, pero quiere organizar el intercambio de los productos pri- 
vados, que quiere mercancía pero no quiere dinero. El comunis- 
mo debe ante todo desembarazarse de ese “falso hermano”. Ha- 
ciendo abstracción de toda finalidad polémica, tú sabes que el 
análisis de las formas simples del dinero es la parte más difícil, 
porque es la más abstracta, de la economía política, : 

Espero conseguir para nuestro partido una victoria en el terreno 
científico. Ahora lo que se necesita es que él mismo demuestre 


94 MARX /ENGELS/LASSALLE / WEYDEME YER 


que es bastante numeroso como para comprar suficientes ejem- 
plares a fin de tranquilizar los “escrúpulos de conciencia” del edi- 
tor. De la venta de los primeros fascículos depende la continua- 
ción de la empresa. Una vez que tenga el contrato definitivo, todo 
estará entonces all right [en orden]. 


1X. DE MARX A ENGELS 
25 de febrero de 1859 


[.. ] Estoy moralmente seguro de que Duncker, después de mi 
carta a Lassalle, aceptará mi folleto. Sin duda el pequeño judío 
Braun!*) no me ha escrito después de haber recibido mi manus- 
crito, y ya hace más de cuatro semanas. Por una parte, estaba 
ocupado en editar su propia obra, obra inmortal y que “electriza” 
al lector (y sin embargo, el pequeño judío, e incluso su Heraklei- 
tos,1921 aunque horriblemente mal escrito, son better than anything 
the democrates could boast of [mejores que cualquier otra cosa 
de que puedan enorgullecerse los demócratas] y además tendrá 
que ocuparse probablemente de la última corrección de las prue- 
bas de mi libro. En segundo lugar, ha recibido, indirectamente, 
a través de mi análisis del dinero, un rudo golpe en la cabeza 
que probablemente le ha dejado un tanto aturdido. En efecto, él 
había hecho la siguiente observación a propósito de Heráclito; 
te la copio palabra por palabra a pesar de su infinita extensión 
(pero tienes que leerla tú también): 

“Cuando más arriba decíamos que Heráclito, en este fragmen- 
to, ha señalado la verdadera naturaleza y la función. del dinero 
en el plano de la economía política (Heráclito dice, en efecto: 
[pero todo viene del fuego y el fuego viene de todo, lo mismo 
que el oro viene de los bienes materiales y que del oro vienen 
los bienes materiales]), resulta superfluo advertir que con eso no 
queríamos hacer de él un teórico de la economía política y que, 
por consiguiente, estábamos muy lejos de querer afirmar que había 
concebido algunas de las demás consecuencias que resultan de este 
fragmento. Pero, aun cuando esta ciencia no existiera ni pudiera 
existir en aquella época, y que, por consiguiente, no pudo ser 
objeto de las reflexiones de Heráclito, sin embargo, sí es exacto 
que Heráclito —precisamente porque no persigue nunca el estudio 
de determinaciones reflejas, sino sólo conceptos especulativos— en 
este fragmento ha reconocido la naturaleza del dinero en su pro- 


CORRESPONDENCIA 95 


fundidad real, y de una forma más exacta que muchos de nues- 
tros teóricos modernos de la economía; y quizá no carezca por com- 
pleto de interés —y no tan alejado de nuestro tema como pudiera 
parecer a primera vista— el ver cómo los descubrimientos moder- 
nos en este terreno resultan lógicamente de esta idea y son una 
simple consecuencia de ella. (Nota bene. Lassalle no tiene la me- 
nor idea de esos descubrimientos.) 

Cuando Heráclito hacía del dinero un medio de intercambio 
por oposición, a todos los productos reales que intervienen en el 
intercambio y lo dotaba de una existencia real (subrayo donde 
Lassalle ha subrayado) únicamente al contacto con esos productos, 
el dinero como tal no es entonces por sí mismo un producto afec- 
tado de un valor autónomo, material, no es una mercancía al lado 
de otras mercancías, interpretación de la moneda metálica a la que 
la escuela de Say (bella ilusión continental la de creer que existe 
una escuela de Say) sigue apegada hasta hoy tozudamente; no es 
sino representante ideal de los productos reales en circulación; su 
signo de valor que no significa más que esos productos. Por una 
parte, este razonamiento tes una deducción hecha partiendo de 
este fragmento, y por otra parte no es más que la idea contenida 
en este fragmento, según el mismo Heráclito. 

Pero si todo dinero no es más que la unidad ideal o la expre- 
sión del valor de todos los productos reales en circulación, y si no 
adquiere existencia real más que en esos productos que constitu- 
yen al mismo tiempo su contrario, entonces de todo eso se sigue 
por pura consecuencia de esa idea (¡Buen estilo! se sigue por 
“pura consecuencia”) que la suma de los valores o la riqueza de un 
país puede acrecentarse tan sólo por el aumento de los productos 
reales, y nunca por el aumento de la cantidad de dinero, ya que 
el dinero, lejos de constituir siquiera un elemento cualquiera de la 
riqueza y del valor (ahora tenemos riqueza y valor; antes suma 
de los valores o riqueza), no expresa siempre más que el valor apo- 
sentado en los productos (he ahí una hermosa residencia) y que 
no tiene valor real más que en ellos como unidad abstracta. De ahí 
proviene el error del sistema de la balanza comercial(931- (he ahí algo 
digno de Ruge). Además, de ahí se sigue que todo el dinero es, 
en cuanto a su valor, siempre igual a los productos en circulación, 
puesto que se limita a abarcar esos productos en la unidad ideal 
de valor, y que; por consiguiente, no expresa más que su valor; de 
ahí se sigue, en consecuencia, que el valor de esa masa total de di- 
nero no será nunca modificada por un aumento o una disminu- 
ción de la suma de dinero existente, y que será siempre igual a los 


96 MARX /ENGELS/LASSALLE/WEYDEMEYER 


productos en circulación; que, en sentido estricto, no podría ha- 
blarse en absoluto de un valor del dinero, comparado con el valor 
de todos los productos en circulación, porque en una compara- 
ción de ese tipo se sitúa el valor de los productos y el valor del 
dinero como dos valores autónomos, cuando en realidad no existe 
más que un solo valor que es realizado concretamente en los pro- 
ductos palpables, y se expresa en el dinero en forma de una medi- 
da de valor abstracto, o más bien cuando ten realidad el valor 
mismo no es nada más que la medida que se ha abstraído de las 
cosas reales, en las que no está presente coíno tal, medida a la que 
se da una expresión particular en el dinero; de ahí no se sigue, 
pues, que el valor de todo el dinero sea simplemente igual al va- 
lor de todos los productos, sino, en términos más exactos, que 
todo el dinero no es más que el valor de todos los productos en 
circulación. (Esta manera de subrayar la palabra es del autor.) 
De ahí se sigue por consecuencia que, en caso de aumento del nú- 
mero de piezas de moneda, ya que el valor de la suma sigue siendo 
idéntico, sólo disminuirá el valor de cada pieza tomada aislada- 
mente, y que, en caso de disminución de ese número, el valor de 
cada una aumentará de nuevo necesariamente. Otra consecuencia: 
como el dinero no representa más que abstracción irreal del valor 
y lo contrario de las materias y productos reales, el dinero como 
tal no necesita tener una realidad propia, es decir que no nece- 
sita estar hecho de una materia que tenga realmente valor, sino 
que puede ser perfectamente papel moneda, y entonces será pre- 
cisamente cuando corresponderá mejor a su esencia. Todos estos 
resultados y otros muchos que no se han adquirido hasta después 
de las investigaciones de Ricardo y por un camino totalmente dis- 
tinto —y que están lejos de haber sido adoptados universalmen- 
te— se deducen simplemente de ese concepto especulativo estable- 
cido por Heráclito.” 

Naturalmente que no he tenido ninguna clase de miramientos 
hacia esta sabiduría talmúdica: he criticado rudamente a Ricardo 
en razón de su teoría del dinero, que —entre paréntesis— no es 
suya, sino de Hume y Montesquieu. De ahí que muy bien pudiera 
ser que Lassalle se sienta personalmente afectado. En sí no había 
nada malo en ello, ya que yo mismo he adoptado la teoría de Ri- 
cardo en la obra contra Proudhon.i%% Pero nuestro pequeño judío 
Braun me había escrito una carta muy ridícula en la que me de- 
cía “que estaba interesado por la próxima aparición de mi obra 
aun cuando él mismo tuviera en marcha una gran obra sobre la 
economía política”, y que “se tomaba aún dos años para escribirla”. 


CORRESPONDENCIA 97 


Decía también que si yo le quitaba “demasiadas ideas nuevas, re- 
nunciaría quizá completamente a su proyecto”. Well! [¡Muy bien!] 
Yo le contesté que no tenía que temer ninguna rivalidad, puesto 
que en esta “nueva” ciencia había sitio para él, para mí, y para 
una docena más de investigadores. De mi exposición sobre el dine- 
ro, ahora tendrá que sacar la conclusión o de que yo no entiendo 
nada sobre esta cuestión, o bien que en esta hipótesis está el pe- 
cado de todo el asunto de las teorías sobre el dinero al mismo. 
tiempo que la mía, o bien que él es un borrico, que, con algunas * 
frases abstractas, como “unidad abstracta” y otras fórmulas por el 
estilo, tiene la pretensión de emitir juicios sobre cosas empíricas 
que hay que estudiar, y. durante mucho tiempo into the bargain 
[por lo demás], para poder hablar de ello [-..] 


X. DE MARX A LASSALLE 


28 de marzo de 1859 


[. ..] Te darás cuenta de que la primera sección no comprende 
aún el capítulo principal, es decir, el tercero, en el que se trata 
del capital. He considerado que era mejor así, por razones poli. 
ticas, porque la batalla propiamente dicha comienza con. ese ca- 
pítulo 3, y me ha parecido prudente no meter miedo de prime 
abord [ya de entrada] (...] 


XI. DE MARX A ENGELS 


22 de julio de 1859 


[...] Te has olvidado indicarme si querías escribir una nota so- 
bre mi obra. Mucho entusiasmo entre los muchachos de aquí. 
Creen que el negocio ha fracasado porque no saben que Dunc- 
Ker ni siquiera lo ha anunciado aún. En el caso de que escribas 
algo, no habría que olvidar: 1] que el proudhonismo es aniquila- 
do en su raíz; 2] que el carácter especificamente social, en modo 
alguno absoluto, de la producción burguesa es analizado aquí des- 
de su forma más simple: la de la mercancía, Liebknecht ha decla- 
rado a Biskamp que “nunca un libro le había decepcionado tanto 
hasta ahora” y Biskamp mismo me ha dicho que no veía a quoi 
bon [su utilidad] [...] 


5] “LA CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA 
POLÍTICA DE KARL MARX” 


FRIEDRICH ENGELS 


Los alemanes han demostrado que en todos los campos de la 
ciencia valen tanto, y en algunos de ellos más, como las otras 
naciones civilizadas. No había más que una ciencia que no 
contase entre sus talentos ningún nombre alemán: la economía 
política. La razón se advierte fácilmente. La economía política es 
el análisis teórico de la moderna sociedad burguesa y presupone, 
por tanto, condiciones burguesas desarrolladas, condiciones que 
después de las guerras de Reforma y las guerras campesinas, y 
sobre todo después de la guerra de los Treinta años, no podían 
darse en Alemania antes de que pasasen varios siglos. La separa- 
ción de Holanda del imperio alemán, apartó a Alemania del co- 
mercio mundial y redujo de antemano su desarrollo industrial 
a las proporciones más mezquinas. Y, mientras los alemanes se 
reponían tan fatigosa y lentamente de los estragos de las guerras 
intestinas, mientras gastaban todas sus energías cívicas, que nunca 
fueron demasiado grandes, en una lucha estéril contra las trabas 
aduaneras y las necias ordenanzas comerciales que cada príncipe 
en miniatura y cada barón del Reich imponía a la industria de sus 
súbditos; mientras las ciudades imperiales languidecían entre la 
quincalla de los gremios y el patriciado, Holanda, Inglaterra y 
Francia conquistaban los primeros puestos en el mercado mundial, 
establecían colonia tras colonia y llevaban la industria manufac- 
turera a su máximo apogeo, hasta que, por último, Inglaterra, con 
la invención del vapor, que valorizó por fin sus yacimientos de 
hulla y sus existencias de hierro, se colocó a la cabeza del desarro- 
llo burgués moderno. Mientras hubiese que luchar contra restos 
tan ridículamente anticuados de la Edad Media como los que hasta 
1830 obstruían el progreso material de la burguesía de Alema- 
nia, no había que pensar en que existiese una economía política 
alemana. Hasta la fundación de la Liga aduanera,195l los alema- 
nes no se encontraron en condiciones de poder entender, por lo 
menos, la economía política. En efecto, a partir de entonces co- 


198] 


LA “CONTRIBUCIÓN” DE KARL MARX 99 


mienza a importarse la economía inglesa y francesa, en provecho 
de la burguesía alemana. La gente erudita y los burócratas no tar- 
daron en adueñarse de la materia importada, aderezándola de un 
modo que honra precisamente al “espíritu alemán”. De la turba- 
multa de caballeros de industria, mercaderes, dómines y chupatintas 
metidos a escritores, nació una literatura económica alemana que, 
en punto de insipidez, superficialidad, vacuidad, prolijidad y pla- 
gio, sólo puede parangonarse con la novela alemana. Entre la 
gente de sentido práctico se formó en primer término la escuela 
de los industriales proteccionistas, cuya primera autoridad, List, 
sigue siendo lo mejor que ha producido la literatura económica 
burguesa alemana, aunque toda su obra gloriosa esté copiada del 
francés Ferrier, padre teórico del sistema continental.98l Frente 
a esta tendencia, apareció en la década del cuarenta la escuela 
librecambista de los comerciantes de las provincias del Báltico, 
que repetían balbuceando, con una fe infantil, aunque interesa- 
da, los argumentos de los freetraders [partidarios del librecam- 
bio] ingleses. Finalmente, entre los dómines y los burócratas, a 
cuyo cargo corría el lado teórico de esta ciencia, tenemos áridos 
herboristas sin sentido crítico, como el señor Rau, especuladores 
seudoingeniosos como el señor Stein, que se dedicaba a traducir 
las tesis de los extranjeros al lenguaje indigerido de Hegel, o espi- 
gadores literaturizantes dentro del'campo de la “historia de la 
cultura”, como el señor Riehl. De todo esto salieron, por último, 
las ciencias camerales, un potaje de yerbajos de toda especie, re- 
vuelto con una salsa ecléctico-economista, que servía*a los oposito- 
res para ingresar en los escalafones de la administración pública. 
Mientras, en Alemania, la burguesía, los dómines y los buró- 
cratas se esforzaban por aprenderse de memoria, como dogmas 
intangibles, y por- explicarse un poco los primeros rudimentos 
de la economía política anglo-francesa, salió a la palestra el par- 
tido proletario alemán. Todo el contenido de la teoría de este 
partido emanaba del estudio de la economía política, y del instante 
de su advenimiento data también la economía política alemana, 
como ciencia con existencia propia. Esta economía política alema- 
na se basa sustancialmente en la concepción materialista de la 
historia, cuyos rasgos fundamentales se exponen concisamente en 
el prólogo de la obra que comentamos. La parte principal de este 
prólogo!"! se ha publicado ya en Das Volk(98l por lo cual nos 
remitimos a ella. La tesis de que “el modo de producción, de la 
vida material condiciona el proceso de la vida social, política y 
espiritual en general”, de que todas las relaciones sociales y esta- 


100 FRIEDRICH ENGELS 


tales, todos los sistemas religiosos y jurídicos, todas las ideas teóri- 
cas que brotan en la historia sólo pueden comprenderse cuando 
se han comprendido las condiciones materiales de vida de la época de 
que se trata y se ha sabido explicar todo aquello por estas condi- 
ciones materiales; esta tesis era un descubrimiento que venía a re- 
volucionar no sólo la economía, sino. todas las ciencias históricas 
(y todas las ciencias que no son. naturales son históricas). “No 
es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el 
contrario, el-ser social es lo que determina su conciencia.” Es una 
tesis: tan sencilla, que por fuerza tenía que ser la evidencia misma, 
para todo el que no se hallase empantanado en las engañifas 
idealistas. Pero esto no sólo encierra consecuencias eminentemente 
revolucionarias para la teoría, sino también para la práctica: “Al 
llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas producti- 
vas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de produc- 
ción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de 
esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han 
desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas pro- 
ductivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre 
así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, 
se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa super- 
estructura erigida: sobre ella (...] Las relaciones burguesas de 
producción son la última forma antagónica del proceso social 
de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo 
individual, sino de un antagonismo que proviene de las condicio- 
nes sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas producti- 
vas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, 
al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de 
este antagonismo.” Por tanto, si seguimos desarrollando nuestra 
tesis materialista y la aplicamos a los tiempos actuales, se abre in- 
mediatamente ante nosotros la perspectiva de una potente revolu- 
ción, la revolución más potente. de todos los tiempos. 

Pero, mirando las cosas de cerca, vemos también, inmediata- 
mente, que esta tesis, en apariencia tan sencilla, de que la con- 
ciencia del hombre depende de su existencia, y no al revés, rechaza 
de plano, ya en sus primeras consecuencias, todo idealismo, aun el 
más disimulado. Con ella, quedan negadas todas las ideas tradi- 
cionales y acostumbradas acerca de cuanto es objeto de la historia. 
Toda la manera tradicional de la argumentación política se viene 
a tierra; la hidalguía patriótica se revuelve, indignada, contra esta 
falta de principios en el modo de ver las cosas, Por eso la nueva 
concepción tenía que chocar forzosamente, no sólo con los repre- 


LA “CONTRIBUCIÓN” DE KARL MARX 101 


sentantes de la burguesía, sino también con la masa de los socia: 
listas franceses que pretenden sacar al mundo de quicio con su 
fórmula mágica de liberté, egalité, fraternité. Pero, donde provocó 
la mayor cólera fue entre los voceros democráticos vulgares de 
Alemania. Lo cual no fue obstáculo para que pusiesen una espe- 
cial predilección en explotar, plagiándolas, las nuevas ideas, si. 
bien con gran confusionismo. AN 
El desarrollar la concepción materialista, aunque sólo fuese a la 
luz de un único ejemplo histórico, era una labor científica que 
habría exigido largos años de estudio tranquilo, pues es evidente 
que aquí con simples frases no se resuelve nada, que sólo la exis- 
tencia de una masa de materiales históricos, críticamente cribados 
y totalmente dominados, puede capacitarnos para la solución de 
este problema. La revolución de febrero lanzó a nuestro partido 
a la palestra política, impidiéndole con ello entregarse a empresas 
puramente científicas, No obstante, aquella concepción fundamen- 
tal inspira, une como hilo de engarce, todas las producciones lite- 
rarias del partido. En todas ellas se demuestra, caso por «caso, cómo 
la acción brota siempre de impulsos directamente materiales y no 
de las frases que la acompañan; lejos de ello, las frases políticas y 
Jurídicas son otros tantos efectos de los impulsos materiales, ni más 
ni menos que la acción política y sus resultados. : 
Tras la derrota de la revolución de 1848-1849 legó un momen- 
to en que se hizo cada vez más imposible influir sobre Alemania 
desde el extranjero, y entonces nuestro partido abandonó a los 
demócratas vulgares el campo de los líos entre los emigrados, úni- 
ca actividad posible en tales momentos. Mientras aquéllos daban 
rienda suelta a sus querellas, arañándose hoy para abrazarse ma- 
ñana, y al día siguiente volver a lavar delante de todo el mundo 
sus trapos sucios; mientras recorrían toda América mendigando, 
para armar en seguida un nuevo escándalo por el reparto del pu- 
ñado de monedas reunido, nuestro partido se alegraba de encon- 
trar otra vez un poco de sosiego para el estudio. Llevaba a los 
demás la gran ventaja de tener por base teórica una nueva con- 
cepción científica del mundo, cuya elaboración le daba bastante 
que hacer, razón suficiente, ya de suyo, para que no pudiese caer 
nunca tan bajo como los “grandes hombres” de la emigración. 


El primer fruto de estos estudios es el libro que tenemos de- 
lante. 


102 FRIEDRICH ENGELS 
IL 


Un libro como éste no podía limitarse a criticar sin ilación algu- 
na capítulos sueltos de la economía, estudiar aisladamente tal o 
cual problema económico litigioso. No; este libro tiende desde 
el primer momento a una síntesis sistemática de todo el conjun- 
to de la ciencia económica, a desarrollar de un modo coherente 
las leyes de la producción burguesa y del cambio burgués. Y como 
los economistas no son más que los intérpretes y los apologistas de 
estas leyes, el desarrollarlas es, al mismo. tiempo, hacer la crítica 
de toda la literatura económica, 

Desde la muerte de Hegel, apenas se había intentado desarro- 
lar una ciencia en su propia conexión interna. La escuela hege- 
liana oficial sólo había aprendido de la dialéctica del maestro 
la manipulación de los artificios más sencillos, que aplicaba-a 
diestra y siniestra, y además con una torpeza no pocas veces risi- 
ble. Para ellos, toda la herencia de Hegel se reducía a un simple 
patrón por el cual podían cortarse y construirse todos los temas 
posibles, y a un índice de palabras y giros que ya no tenían más 
misión que colocarse en el momento oportuno, para encubrir con 
ellos la ausencia de ideas y conocimientos positivos. Como decía 
un profesor de Bonn, estos hegelianos no sabían nada de nada, 
pero podían escribir acerca de todo. Y así era, en efecto. Sin em- 
bargo, pese a su suficiencia, estos señores tenían tanta conciencia 
de su pequeñez, que rehuían, en cuanto les era posible, los gran- 
des problemas; la vieja ciencia pedantesca mantenía sus posiciones 
por la superioridad de su saber positivo. Sólo cuando vino Feuer- 
bach y dio el pasaporte al concepto especulativo, el hegelianismo 
fue languideciendo poco a poco, y parecía como si hubiese vuelto 
a instaurarse en la ciencia el reinado de la vieja mretafísica, con 
sus categorías inmutables. 

La cosa tenía su explicación lógica. Al régimen de los diado- 
cost991 hegelianos, que se había perdido en meras frases, siguió, 
naturalmente, una época en la que el contenido positivo de la 
ciencia volvió a sobrepujar su aspecto formal. Al mismo tiempo, 
Alemania, congruentemente con el formidable progreso burgués 
conseguido desde 1848, se lanzaba con una energía verdaderamen- 
te extraordinaria a las ciencias naturales; y, al poner de moda 
estas ciencias, en las que la tendencia especulativa no había llega- 
do jamás a adquirir gran importancia, volvió a echar raíces tam- 
bién la vieja manera metafísica de discurrir, hasta caer en la ex- 
trema vulgaridad de un Wolff. Hegel había sido olvidado, y se 


LA “CONTRIBUCIÓN” DE KARL MARX " 103 


desarrolló el nuevo. materialismo naturalista, que apenas se distin- 
gue en nada, teóricamente, de aquel del siglo xvIIL, y que en la 
mayor parte de los casos no le lleva más ventaja que la de poseer 
un material de ciencias naturales, principalmente químico y 
fisiológico, más abundante. La angosta mentalidad filistea de los 
tiempos prekantianos vuelve. a presentársenos, reproducida hasta 
la más extrema vulgaridad, en Biichner y Vogt; y hasta el propio 
Moleschott, que jura por Feuerbach, se pierde a cada momento 
de un modo divertidísimo, entre las categorías más sencillas, Na: 


turalmente, el envarado penco del sentido común burgués se detiene ' 


perplejo ante la zanja que separa la esencia de las cosas de sus 
manifestaciones, la causa del efecto; y, si uno va a cazar con galgos 
en los terrenos escabrosos del pensar abstracto, no debe hacerlo 
a lomos de un penco. 

Aquí se planteaba, por tanto, otro problema que, de suyo, no 
tenía nada que ver con la economía política. ¿Con qué método 
había de tratarse la ciencia? De un lado estaba la dialéctica hege- 
liana, bajo la forma completamente abstracta, “especulativa”, en 
que la dejara Hegel; de otro lado, el método ordinario, que volvía 
a estar de moda, el método, en su esencia metafísico wolffiano, y 
del que se servían también los economistas burgueses para escribir 
sus gordos e incoherentes libros. Este último método había sido 
tan destruido teóricamente por Kant, y sobre todo por Hegel, que 
sólo la inercia y la ausencia de otro método sencillo podían ex- 
plicar que aún perdurase prácticamente. Por otra parte, el método 
hegeliano era de todo punto inservible en su forma actual. Era 
un método esencialmente idealista, y aquí se trataba de desarro- 
Mar una concepción del mundo más materialista que todas las 
anteriores. Aquel método arrancaba del pensar puro, y aquí había 
que partir de los hechos más tenaces. Un método que, según su 
propia confesión, “partía de la nada, para liegar a.la nada, a tra- 
vés de la nada”,[1%01 era de todos modos impropio bajo esta forma. 
Y no obstante, este método era, entre todo el material lógico exis- 
tente, lo único que podía ser utilizado. No había sido criticado 
no había sido superado por nadie; ninguno de los adversarios del 
gran dialéctico había podido abrir una brecha en su airoso edifi- 
cio; había caído en el olvido, porque la escuela hegeliana no supo 
qué hacer con él. Lo primero era, pues, someter a:una crítica a 
fondo el método hegeliano. -. : 

Lo que ponía al modo discursivo de Hegel por encima del de 
todos los demás filósofos era el formidable sentido histórico que 
lo animaba. Por muy abstracta e idealista que fuese su forma, 


104 FRIEDRICH ENGELS 


el desarrollo de sus ideas marchaba siempre paralelamente con el 
desarrollo de la historia universal que era, en realidad, sólo 
la piedra de toque de aquél. Y aunque con ello se invirtiese y pu- 
siese cabeza abajo la verdadera relación, la filosofía nutríase toda 
ella, no obstante, del contenido real; tanto más cuanto que Hegel 
se distinguía de sus discípulos en que no alardeaba, como éstos, 
de ignorancia, sino que era una de las cabezas más eruditas de ES 
dos los tiempos. Fue el primero que intentó poner de relieve en A 
historia un proceso de desarrollo, una conexión interna; y por 20 
peregrinas que hoy nos parezcan muchas cosas de su filosofía eS 
la historia, la grandeza de la concepción fundamental sigue siendo 
todavía algo admirable, lo mismo si comparamos con él a sus pre- 
decesores que si nos fijamos en los que después de él se han permi- 
tido hacer consideraciones generales acerca de la historia. En la 
Fenomenología, en la Estética, en la Historia de la filosofía, en 
todas partes vemos reflejada esta concepción grandiosa de la seed 
ria, y en todas partes encontramos la materia tratada histórica- 
mente, en una determinada conexión con la historia, aunque esta 
conexión aparezca invertida de un modo abstracto. , 

Esta concepción de la historia, que hizo época, fue la premisa 
teórica directa de la mueva concepción materialista, y ya esto 
brindaba también un punto de empalme para el método lógico. 
Si ya desde el punto de vista del “pensar puro”, esta dialéctica 
olvidada había conducido a tales resultados, y si además había 
acabado como jugando con toda la lógica y la metafísica ante- 
riores a ella, indudablemente tenía que haber en ella algo más 
que sofisticada y pedantesca sutileza. Pero, el acometer la críti- 
ca de este método, empresa que había hecho y hace todavía recular 
a toda la filosofía oficial, río era ninguna pequeñez, 

Marx era y es el único que podía entregarse a la labor “de 
sacar de la lógica hegeliana la médula que encierra los verda- 
deros descubrimientos de Hegel en este campo, y de restaurar 
el método dialéctico despojado de su ropaje idealista, en la sen- 
cilla desnudez en que aparece como la única forma exacta del 
' desarrollo del pensamiento. El haber elaborado el método en que 
descansa la crítica de la economía política por Marx es, a nues- 
tro juicio, un resultado que apenas desmerece en importancia al 
de la concepción materialista fundamental. 

Aun después de descubierto el método, y de acuerdo con él, 
la crítica de la economía política podía acometerse de dos mo- 
dos: el histórico o el lógico. Como en la historia, al igual que 
en su reflejo literario, las cosas se desarrollan también, a gran- 


LA “CONTRIBUCIÓN” DE KARL MARX 105 

des rasgos, desde lo más simple hasta lo más complejo, el des- 
arrollo histórico de la literatura sobre economía política brin- 
daba un hilo natural de engarce para la crítica, pues, en términos 
generales, las categorías económicas aparecerían aquí según el mis- 
mo orden que en su desarrollo lógico, Esta forma presenta, apa- 
rentemente, la ventaja de una mayor claridad, puesto que en ella 
se sigue el desarrollo real de las cosas, pero en la práctica lo único 
que se conseguiría, en el mejor de los casos, sería popularizarla. 
La historia se desarrolla con frecuencia a saltos y en zigzag, y 
habría que seguirla así en toda su trayectoria, con lo cual no sólo 
se recogerían muchos materiales de escasa importancia, sino que 
habría que romper muchas veces la ilación lógica. Además, la 
historia de la economía política no podía escribirse sin la de la so- 
ciedad burguesa, con lo cual la tarea se haría interminable, ya que 
faltan. todos los trabajos preparatorios. Por lo tanto, el único 
método indicado era el lógico. Pero éste no es, en realidad, más 
que el método histórico, despojado únicamente de su forma histó- 
rica y de las contingencias perturbadoras. Allí donde comienza 
esta historia debe comenzar también el proceso discursivo, y el 
desarrollo ulterior de éste no será más que la imagen refleja, en 
forma abstracta y teóricamente consecuente, de la trayectoria histó- 
rica; una imagen refleja corregida, pero corregida con arreglo a 
las leyes que brinda la propia trayectoria histórica; y así, cada 
factor puede estudiarse en el punto de desarrollo de su plena 
madurez, en su forma clásica. 

Con este método, partimos siempre de la relación primera y 
más simple que existe históricamente, de hecho; por tanto, aquí, 
de la primera relación económica con que nos encontramos. Luego, 
procedemos a analizarla. Ya en el solo hecho de tratarse de una 
relación, va implícito que tiene dos lados que se relacionan en- 
tre sí. Cada uno de estos dos lados se estudia separadamente, de 
donde luego se desprende su relación recíproca y su interacción. 
Nos encontramos con contradicciones, que reclaman una solución. 
Pero, como aquí no seguimos un proceso discursivo abstracto, que 
se desarrolla exclusivamente en nuestras cabezas, sino una sucesión 
real de hechos, ocurridos real y efectivamente en algún tiempo 
o que siguen ocurriendo todavía, estas contradicciones se habrían 
planteado también en la práctica y en ella habrán encontrado 
también, probablemente, su solución. Y si estudiamos el carácter 
de esta solución, veremos que se logra creando una nueva rela. 


ción, cuyos dos lados contrapuestos tendremos que desarrollar 
ahora, y así sucesivamente. 


FRIEDRICH ENGELS 
106 


La economía política comienza por la mercancía, por el mo- 
mento en que se cambian unos productos por otros, ya sea por 
obra de individuos aislados o de comunidades de tipo primiti- 
vo. El producto que entra en el intercambio es una mercancía, 
Pero lo que le convierte en mercancía €s, pura y simplemente, 
el hecho de que a la cosa, al producto, vaya ligada una relación 
entre dos personas o comunidades, la relación entre el productor 
y el consumidor, que aquí no se confunden ya en la misma per- 
sona. He aquí un ejemplo de un hecho peculiar que recorre toda 
la economía política y ha producido lamentables confusiones en 
las cabezas de los economistas burgueses. La economía no trata de 
cosas, sino de relaciones entre personas y, en última instancia, en- 
tre clases; si bien estas relaciones van siempre unidas a cosas y 
aparecen como cosas. Aunque ya alguno que otro economista hu- 
biese vislumbrado, en casos aislados, esta conexión, fue Marx quien 
la descubrió en cuanto a su alcance para toda la economía, -sim- 
plificando y aclarando con ello hasta tal punto los problemas más 
difíciles, que hoy hasta los propios economistas burgueses pueden 
comprenderlos. 

Si enfocamos la mercancía en sus diversos aspectos —pero la 
mercancía que ha cobrado ya su pleno desarrollo no aquella que 
comienza a desarrollarse trabajosamente en los actos primigenios 
de trueque entre dos comunidades primitivas—, se nos presenta 
bajo los dos puntos de vista del valor de uso y del valor de cam- 
bio, con lo que entramos inmediatamente en el terreno del debate 
económico. El que desee un ejemplo palmario de cómo el método 
dialéctico alemán, en su fase actual de desarrollo, está tan por 
encima del viejo método metafísico, vulgar y charlatanesco, por lo 
menos como los ferrocarriles sobre los medios de transporte de la 
Edad Media, no tiene más que ver, leyendo a Adam Smith oa 
cualquier otro economista oficial de fama, cuántos suplicios les cos- 
taba a estos señores el valor de cambio y el valor de uso, cuán 
difícil se les hacía distinguirlos claramente y concebirlos cada uno 
de ellos en su propia y peculiar precisión, y comparar luego esto 
con la clara y sencilla exposición de Marx. , 

Después de aclarar el valor de uso y el valor de cambio, se 
estudia la mercancía como unidad directa de ambos, tal como entra 
en el proceso de cambio. A qué contradicciones da lugar esto, 
puede verse en las páginas 20 y 21.110 Advertiremos únicamente 
que estas contradicciones no tienen tan sólo un interés teórico 
abstracto, sino que reflejan al mismo tiempo las dificultades que 
surgen de la naturaleza de “a relación de intercambio directo, del 


LA “CONTRIBUCIÓN” DE KARL MARX 107 


simple acto del trueque, y las imposibilidades con que necesaria- 
mente tropieza esta primera forma tosca de cambio. La solución 
de estas imposibilidades se encuentra transfiriendo a una mercan- 
cía especial —el dinero— la cualidad de representar el valor de 
cambio de todas las demás mercancías. Tras esto, se estudia en el 
segundo capítulo el dinero o la circulación simple, a saber: 1] el di- 
nero como medida del valor, determinándose en forma más con- 
creta el valor medido en dinero, el precio, 2] como medio de 
circulación, y 3] como unidad de ambos conceptos en cuanto dinero 
real, como representación de toda la riqueza burguesa material, 


Con esto, terminan las investigaciones del primer fascículo, reser-*, 
vándose para el segundo la transformación del dinero en capital. | 


Vemos, pues, cómo con este método el desenvolvimiento lógico 
no se ve obligado, ni mucho menos, a moverse en el reino de lo 
puramente abstracto. Por el contrario, necesita ilustrarse con ejem- 
plos históricos, mantenerse en contacto constante con la realidad. 
Por eso, estos ejemplos se aducen en gran variedad y consisten tam- 
to en referencias a la trayectoria histórica real en las diversas 
etapas del desarrollo de la sociedad como en referencias a la lite- 
ratura económica, en las que se sigue, desde el primer paso, la 
elaboración de conceptos claros de las relaciones económicas. La 
crítica de las distintas definiciones, más o menos unilaterales o 
confusas, se contiene ya, en lo sustancial, en el desarrollo lógico 
y puede resumirse brevemente. 


En un tercer artículo nos detendremos a examinar el contenido 
económico de la obra.(102) 


NOTAS DEL EDITOR 


INTRODUCCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA 


(2) La Introducción [Einleitung] fue publicada por primera vez en 
1903 por Kautsky. Varios años después, en 1939-1941, el Instituto Marx- 
Engels-Lenin de Moscú publicó una edición en la que es posible detec- 
tar “notables discordancias” respecto de la edición de 1903. A su vez, 
en 1947, y luego en 1953, la editorial berlinesa Dietz publicó dos nuevas ' 
ediciones, la última de las cuales difiere tanto de la de 1947 como de la 
de Moscú. Pero en 1964, con reedición en 1969, se concretó en Berlín 
la publicación original más reciente: las Werke de Marx y Engels. Más 
allá de cualquier afán filológico o meramente erudito, se trata de esta- 
blecer si la Introducción pertenece a la Contribución o a los Grundrisse, 
pues según sea su pertenencia variaría la interpretación de la misma. 
Siguiendo este hilo conductor Umberto Curi, en La critica marxiana 
dell'economia politica nell' “Einleitung”, agrega: “La reintegración de 
la Einleitung a los Grundrisse se inserta orgánicamente en una propuesta 
de lectura más general del texto marxiano, apropiada para restituirle su 
riquísima importancia teórica y su viva actualidad política.” 

La Einleitung fue redactada entre agosto y septiembre de 1857; la Con- 
tribución entre 1858 y 1859 y los Grundrisse entre julio de 1857 y junio de 
1858, pero en su “Prólogo” a la Contribución Marx se refiere a una 
Introducción que habría escrito para la misma. ¿Se trata, acaso, de la 
misma Introducción? Curi dice que no, pues Marx habla de una intro- 
ducción que no tiene por qué ser la de 1857, que se encuentra inmersa 
en los Grundrisse, tanto por su período de redacción como por su es- 
tilo. respecto Oscar del Barco (Esencia y apariencia en “El capital”, 
México, Universidad Autónoma de Puebla, 1977, p. 44) afirma que “esto 
tiené importancia, en resumen: a). porque ubica la Introducción en el 
clima de la gran crisis de 1857, donde adquiere forma. completa, al me- 
nos en los lineamientos fundamentales, el diseño marxista de la crítica 
de la economía política": b) porque se quita fundamento a la interpre- 
tación puramente metodológica de la Einleitung, 'dominante en la re- 
ciente elaboración marxista'. Se trata de “la crítica de la ideología como 
aspecto calificante -y articulación interna de la crítica de la economía 
política en función de la organización política de la clase obrera'; “crí- 
tica de la ideología y crítica de la economía política se constituyen, así, 
como articulación específica y necesaria de un más amplio diseño estraté- 
gico, destinado a la consolidación de la organización revolucionaria de 


nu 


la clase obrera” ”. 


[109] 


110 á NOTAS DEL EDITOR 


(21 Véase Adam Smith, An inquiry into the nature and causes of the 
wealth of nations. With notes from Ricardo, McCulloch, Chalmers, and 
other eminent political economists. Edited by Edward Gibbon Wakefield, 
etc. A new edition in four volumes, Londres, 1843, t. 1, p. 2 [Investiga- 
ción sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, Mé- 
xico, FCE, 1958, p. 4]. Marx utilizó a veces la edición 1835-1839 (cuyos 
extractos se encuentran en el cuaderno londinense vi) y la traducción 
francesa Recherches sur la náture et les causes de la richesse des nations, 
traduction nouvelle, avec des notes et des observations; par Germain 
Garnier, París, 1802 [Extractos de esta última en dos cuadernos no da- 
tados y no numerados, pero redactados aproximadamente en enero-junio 
de 1844 en París. Véase MEGA 1/3, pp. 457-498]. 

(81 Véase David Ricardo, On the principles of political economy and 
* taxation, Third edition, Londres, 1821, p. 3 [Principios de economía 
política y tributación, trad. J. Broc, N. Wolff y J. Estrada, México, FCE, 
1959, p. 10. Extractos comentados de esta edición, en los cuadernos lon- 
dinenses 1v y vin. [Los extractos son publicados como apéndice a la edi- 
ción alemana de los Grundrisse, pp. 765-780, 781-839.] Marx utilizó tam- 
bién la traducción francesa Des principes de Péconomie politique et de 
Vimpót. Traduit de Vanglais par F.S. Constancio, D. M. etc. avec des 
notes explicatives et critiques par J.B. Say, Seconde edition, París, 1835. 
[Extractos de esta última, en cuaderno redactado aprox. enero-junio de 
1844 en París, y mayo-junio de 1845 en Bruselas. Véase MEGA 1/3, pp- 
493-519.] 

[41 Un índice analítico de la obra de Rousseau se encuentra €n un 
cuaderno titulado por Marx “Notizen sur franzósischen Geschichte. 
Kreuznach. Juli-August 1843”. Véase MEGA 1/1, t. 2, pp. 120.121. 

151 Véase Jean-Jacques Rousseau, El contrato social, libro 1, cap. 2. 

161 Aquí está dicho en la acepción de Hegel, Filosofía del derecho, 
$ 182: “La persona concreta, que es para sí como un fin particular, en 
cuanto totalidad de necesidades y mezcla de necesidad natural y de arbi- 
trio, es uno de los fundamentos de la sociedad civil; pero la persona 
particular en cuanto sustancialmente en relación con otra igual indivi- 
dualidad, de suerte que cada una se hace valer y se satisface mediante 
la otra y al mismo tiempo simplemente mediatizada, gracias a la forma 
de la universalidad, constituye el otro principio” (véase en la edición en 
español de Editorial Claridad, Buenos Aires, 1968, p. 172). 

[7] Reencontramos aquí los temas de La ideología alemana, obra de- 
morada. manuscrita. donde, doce años antes, la sociedad burguesa como 
derivación de la familia y del clan era examinada más en detalle. La 
idea de clan como familia ampliada se encuentra en El capital (cap. XI, 
$8 4); al respecto, Engels adjuntará una nota rectificatoria * (véase El ca- 
pital cit, t. 1/2, p. 428). En esta concepción es posible detectar los ecos 
de las lecturas filosóficas e históricas de Marx, en especial de Los prin- 
cipios de la filosofía del derecho de Hegel (88 182-188) y de-la historia 
romana de B. G. Niebuhr (véase la nota siguiente). 


NOTAS DEL EDITOR 111 

181 B.G, Niebuhr, Rómische Geschichte, Erste 7 i 118 
umgearbeitete Ausgabe, Berlín, 1827, pp. S17351. co ea E 
edición inglesa 1847-1851, en un cuaderno no numerado y e datado 
p redactado hacia febrero de 1855 en Londres.] 
e Aristotelis Opera... cit. t. x. De Republica libri VIII et 
as de cla del pr. Be [Extractos de esta edición en un 
dc pri os o, redactado aproximadamente en fe- 

[101 Frédéric Bastiat, Harmonies économiques, 2éme. édition, París 
1851, pp. 16-19. H. C. Carey, Principles of political economy, part the 
ES laws of the production and distribution of wealth, Filadel- 
Ñ , » pp. 7-8. [Extractos de la obra de Carey en el cuaderno lon- 

inense x]. P.-J. Proudhon, Systéme des contradictions économiqu 
nerd de la misére, t. 1, París, 1846, pp. 77-79. E 

especto de lo que Marx pensó, di ñ , 
de Proudhon, véase Miseria de la filosofía po PIO E id 

112) Henry Charles Carey, Principles of political economy 1837, t. 1 
Pp. 7-8. Observaremos, debido a que en ninguna otra parte Marx ha 
e más explícito respecto de este punto esencial de su método, la for- 
E ia que define la especificidad histórica del modo capitalista 

1181 Véase John Stuart Mill, Principles of political economy with 
some of their applications to social philosophy, Londres 1848, l 1 
o y economia política, México, FCE, 1943, pp- '53.58.] 

am . . . Si 
A oda cit, €. 1, pp. 1-9. [pp. 329. 
y 15] Este cuadro, al que podríamos designar como apologético, de lo 
pueblos” capitalistas hace recordar la descripción de la “vocación” d 1 
ia moderno, tal como se encuentra, por ejemplo, en Schum dde 
E sl Ep Epa a eds del desenvolvimiento económico (México, 
: ál mc onde se plantea la búsqueda del éxito por sí mismo 
en John Stuart Mill, Principles... cit., t. 1, pp- 25-26 [pp. 50-51] 

1 Este tema es desarrollado con amplitud en una de las. artes ás 
notables de los Grundrisse, esto es en aquella consagrada. a ls ti dde 
propiedad y de apropiación que precedieron históricamente a la o sa 
capitalista (véase Elementos fundamentales para la crítica de la pea 
ide aci (Grundrisse) 1857-1858 cit.. pp. 433-479). e 
O detectar aquí el esfuerzo por definir aquello que en el 
e e capital se designará como “facultad de abstraer”. En 
os hechos se trara de una tentativa por encontrar un método de investi 
gación y de análisis que sería, en el ámbito de las ciencias sociales ES 
equivalente de los métodos utilizados en las ciencias naturales. Al ape 
e dificil dejar de pensar en las enseñanzas de Max Weber ha 
ei E teoría ¿£conómica abstracta” que ofrece síntesis pragmáticas 
esignadas como "tipos ideales” de fenómenos históricos significativos. 


NOTAS DEL EDITOR 
112 


Véase en particular Die Objectivitát sozialwissenschoftlitcher und sozial- 
politischer Erkenntnis, 1904 (incluida en Gesammelte Aufsálze zur Wis 
nschafislehere, 1922). ] 
o e el manuscrito, Marx, “coqueteando” con el estilo de po 
E i jetiviza la persona, en la 
dice textualmente: “En la producción se objetiviza k 
persona se subjetiviza la cosa.” El texto establecido por Kautsky sustl- 
tuyó “en la persona” por “en el consumo”, criterio que se ha generali- 
zado en las ediciones más recientes. , o 
(201 Véase, por ejemplo, H. Storch, Cours d'économte politique, ou 
exposition des principes qui determinent la prosperité des nations, Avec 
des notes explicatives et critiques par F.-B. Say, París, 1823, 4 a tt 
fExtractos de los primeros dos tomos en un cuaderno no numerado ni 
datado, cuya redacción es aproximadamente de abril-mayo de; 1845 en 
Bruselas; véase MEGA, 1/6, p. 615), James Mill, Éléments d'économie 
politique, tr. de Panglais par J. T. Parisot, París, 1823. [Extractos co- 
mentados en dos cuadernos redactados en el verano de 1844 en Parls; 
véase MEGA, 1/3, pp. 520-550.] a 
(211 Véase la carta de Spinoza a Jarig Jelles del 2 de junio de pd 
(edic. la Pléiade, p. 1287). Véase igualmente El capital cit., t. 1/2, p- 737. 
1221 Véase Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Ciencsa de la lógica, t. L 
ap. n, sección a: “La identidad”. , 
j 1 Véase Henry Storch, Considérations sur la nature de revenu na- 
tional cit., pp. 144ss- [Extractos en un cuaderno no datado ni numerado, 
pero cuya redacción es aproximadamente de mayo-junio de 1845 en 
Bruselas.] Se alude aquí al desmentido de Storch a la interpretación que 
hiciera Say de sus tesis en la edición comentada del Cours d'économie 
politique, y publicada por él en París en 1823, con el desconocimiento 
aa a de 1 iología marxiana 
(241 Tesis central de la sociologia , A 
1251 Véase David Ricardo, “Preámbulo” a los Principios de iaa 
politica y tributación: “La determinación de las leyes que rigen esta dis- 
tribución es el problema fundamental de la economía política” (México, 
FCE, 1973, p. 5). ñ 
(261 sobe las relaciones entre los modos de producción y las estruc 
turas sociales consideradas desde el ángulo histórico, Marx se ha qee 
sado en forma más detallada en la parte introductoria de La ideología 
alemana cit, pp. 19ss. , , 
(211 Véase 1 misma idea en una nota polémica contra Bastiat, en El 
capital cit., t. 1/1, pp. 99ss. ; 
Casl Véase Adam Smith, An inquiry... Cit, t. Il pp- 327-330 [pp- 
363-367]. ] ' 
129] . posible encontrar en los manuscritos de Marx dos o tres resú- 
menes, tan breves como éste y que no tuvo tiempo o no quiso desarro- 
llar, sobre la “totalidad orgánica”. Conviene destacar que está noción 
le fue útil para la comprensión de los fenómenos sociales y económicos. 
(30) Es conocida esta “puesta en razón”. que Marx se proponía realizar 


NOTAS DEL EDITOR 113 
de la dialéctica “mistificada” de Hegel, del cual acababa ¡de hojear nue- 
vamente la Lógica. Véase al respecto la carta que escribiera a Engels el 
14 de enero de 1858 (Correspondencia cit., p. 91) y Georg W. F. Hegel, 
Ciencia de la lógica cit., 1. 1: “¿Cuál debe ser el punto de partida de 
la ciencia?” 

1311 Véase Georg W. F. Hegel, Principios de filosofía del derecho, 
$ 40. Es precisamente a través de una profunda crítica de esta obra que 
Marx da fin a la primera fase de su carrera política, después de la prohi- 
bición de la Rheinische Zeitung. Véase al respecto la Crítica de la filo- 
sofía del derecho de Hegel (1843), donde Marx comenta principalmente 
da concepción hegeliana del estado, es decir los $$ 261-313 [Critica de la 
filosofía del estado de Hegel, México, Grijalbo, Colección 70, 1968]. 
Marx sólo ha redactado y publicado la Introducción de este importante 
trabajo (véase “Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie. Einlei- 
tung”. [En torno a la “Critica de la filosofía del derecho” de Hegel; en 
La Sagrada Familia, México, Grijalbo, 1967.] 

132) Ibid., 8$ 32 y 33. 

(331 Véase William H. Prescott, History of the conquest of Peru cit. 
[Extractos en el cuaderno londinense x1v.] 

884] Esta página podría servir.de preliminar a toda discusión seria so- 
bre el difícil problema de la reducción del trabajo complejo, calificado, 
en trabajo simple. Véanse la Contribución a la crítica de la economía 
política, México, Siglo XXI, 1980, pp. 11ss. y El capital (t. 1/1, p. 239, 
n. 18). 

(351 Estos párrafos permiten entender mejor la breve advertencia en 
la que Marx explica, en el “Epílogo a la segunda edición” de El capital, 
la diferencia entre “método de exposición” y “método de investigación” 
(op. cit., t. 1/1, p. 19). 

136] Este aforismo resume el método de análisis elegido por Marx para 
confrontar los tipos de sociedad em su sucesión histórica. 

1321 En virtud del rigor del razonamiento se entiende el motivo por 
el cual Marx _ no haya pensado modificar el plan originario de su obra e 
incorporar porejemplo en El capital el estudio de la renta del suelo. Si 
el autor era incapaz, de ordenar las materias de la obra gracias a un sa- 
bio cálculo, era, por el contrario, demasiado respetuoso de la coherencia 
de su método para desmentirlo en aras de la facilidad. 

(381 Véase Miseria de la filosofía. cit., pp. 84ss. 

189] Véase An inquiry into the principles of political economy. Being 
an essqy on the science, of domestic policy in free nations, 2da. ed, 
Londres, 1767; Dublín, 1770, t. 1, p, 327. [Extractos de esta segunda edi- 
ción, 3 vols. (primero en 2 vols.,, Londres, 1767) en, el cuaderno londi- 
nense vi), Ae j 

(401 Comenzando. la redacción del “capítulo sobre el capital”, Marx 
dará otras precisiones a este primer esbozo del plan de su obra en seis 
libros y bosquejará igualmente el esquema de los libros 1 (capital), 
5! (propiedad de la tierra), 11 .(trabajo asalariado), 1v (estado), v (co- 


114 NOTAS DEL EDITOR 


mercio exterior y vi (mercado mundial). Véanse los Grundrisse cit., t. l, 
pp. 203 y 216-224 y la Contribución... cit., p. 3. 

[411 Son de la misma época los siguientes pasajes de una carta que 
Marx envía a Engels: “La historia del ejército pone de' manifiesto, más 
claramente que cualquier otra cosa, la justeza de nuestra concepción del 
vínculo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales. En general, 
el ejército es importante para el desarrollo económico. Por ejemplo, fue 
en el ejército que los antiguos desarrollaron por primera vez un sistema 
completo de salarios [...] La división del trabajo dentro de una rama 
se llevó a cabo también en los ejércitos. Toda la historia de las formas de 
la sociedad burguesa se resume notablemente én la militar” (carta del 25 
de septiembre de 1857, en Correspondencia cit., pp. 88-89). Es sabido 
que Engels se interesaba especialmente en las cuestiones militares. 

[421 No le fue posible a Marx tratar los ocho puntos en el curso de 
su obra, y mucho menos aún poder hacerlo en forma detallada. Sin em- 
bargo, en los escritos anteriores a la Introducción (La Sagrada Familia, 
y La ideología alemana, por ejemplo) y en El capital se encontrarán re- 
flexiones sobre temas afines. : 

(481 Sede del Times en Londres. 

[441 Arte y producción material es uno de los ocho “puntos” —el úni- 
co del que ha esbozado un examen— que Marx se proponía tratar en 
esta Introducción incompleta. j 


KARL MARX Y FRIEDRICH ENGELS 
TEXTOS SOBRE PROBLEMAS DE MÉTODO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA 


[451 Si de “monografías” se trata, Marx tenía entonces consigo los ma- 
nuscritos llamados “económico-filosóficos” de París (1844), los cuader- 
nos de estudios datados en París (1844), Bruselas y Manchester (1845- 
1847), Londres (1850-1853); por último, los manuscritos publicados por 
primera vez en 1939.1941 bajo el título Grundrisse der Kritik der Poli- 
tischen Okonomie, de los que Marx comenzó su redacción en 1857. 

[481 Véase esta Introducción general, supra, pp. 31ss. 

[471 Rheinische Zeitung fiir Politik, Handel und Gewerbe, periódico 
que apareció en Colonia entre el 1 de enero de 1842 y el 31 de marzo 
de 1843. De orientación opuesta al absolutismo prusiano, convocó para 
que colaboraran a algunos neohegelianos. Marx inició su colaboración 
en abril de 1842, y a partir de octubre de ese mismo año fue designado 
jefe de redacción. Bajo la dirección de Marx, el periódico comenzó a 
asumir un carácter democrático-revolucionario cada vez más marcado, lo 
cual motivó, a su vez, que el 19 de enero de 1843 el gobierno prusiano 
decretara su prohibición a partir del 1 de abril de ese año, sometiéndolo, 
hasta esa fecha, a una severísima censura, 

1481 Allgemeine Zeitung. Diario conservador, fundado en 1798, que se 


NOTAS DEL EDITOR 115 


editaba en Augsburgo entre 1810 y 1882. En 1842 tergiversó las ideas del 
comunismo y del socialismo utópicos, lo cual dio origen al artículo de 
Marx a que se hace referencia en la nota siguiente. 

(40] Se trata del artículo publicado por Marx en la Rheinische Zeitung 
del 16 de octubre du 1842 con el título de “Der Kommunismus und 
die Augsburger Allgemeine Zeitung” [El comunismo y la “Gaceta ge- 
neral de Augsburgo”]. 

1501 La Kritik des hegelschen Staatsrechts [Crítica del derecho público 
de Hegel] permaneció inédita en vida de Marx y fue publicada por 
primera vez en 1927 en las MEGA, 1/1, pp. 401-553. Véase la edición 
castellana basada en la edición de Dietz Verlag (Berlín, 1961): Crítica 
de la filosofia del estado de Hegel, en Obras de Marx y Engels [en 
E OME], Barcelona, Grupo Editorial Grijalbo, 1978, vol. 5, 
pp- 1-157. 

(511 Los Deutsch-Franzósische Jahrbiicher fueron editados en alemán, 
en París, bajo la dirección de Karl Marx y Arnold Ruge. Sólo apareció 
la primera entrega doble en febiero de 1844; misma contenía los tra- 
bajos de Marx Sobre la cuestión judía y Acerca de la crítica de la 
“Filosofía del derecho” de Hegel. Introducción, y, además, los trabajos 
de Friedrich Engels Esbozo para una crítica de la economía política y 
La situación de Inglaterra. “Past and present” por Thomas Carlyle, 
Londres, 1843. La causa principal'de la suspensión de la publicación 
de esta revista fueron las divergencias de opinión de principios entre 
E el radical burgués Ruge. [En esp., ahora en OMEÉ cit., pp. 
_ 1521 Siguiendo el criterio de Maximilien Rubel hemos traducido respec- 
tivamente como “determina” y “edificio” los términos alemanes bedingen 
y Uberbau. Este último ha sido traducido habitualmente como “su- 
perestructura”., 

(581 Recordar al respecto el siguiente fragmento de La ideología. ale- 
mana: “La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y 
las formas de conciencia que a ellas corresponden pierden, así, la apa- 
riencia de su propia sustantividad. No tiene su propia historia ni su 
propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su propia pro- 
ducción material y su intercambio material cambian también, al cambiar 
esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es 
la concientia la que determina la vida, sino la vida la que determina la 
conciencia”, (La ideología alemana, México, Ediciones de Cultura Popu- 
lar, 1974, pp». 26-27). 

1541 Esta teoría será expuesta en forma más detallada en La ideología 
alemana y en diversos lugares de la Miseria de la filosofía, Posteriormen- 
te, en abril de 1892, en el “Prólogo” a la edicion inglesa de DE! socialismo 
utópico al socialismo cientifico, Engels bautizará este “hilo conductor” 
como “materialismo histórico” (véase Karl Marx/Friedrich Engels, Obras 
escogidas en tres tomos, Moscú, Editorial Progreso, 1974, t. 1, pp. 98ss.). 

1551 Marx se refiere al trabajo de Engels, Umrisse zu einer Kritik der 


DEL EDITOR 
116 NOTAS DE rr 


Nationalókonomie (1844) [Esbozo de crítica de la economía política, en 
OME, cit., vol. 5] y a Die lage der arbeitenden Klasse in England [La 
situación de la clase obrera en Inglaterra, en OME, cit., vol. 6). ! 

1561 El manuscrito de La ideología alemana fue publicado por primera 
vez de manera integral en 1927 en las MEGA, v, pp. 3528 (véase la 
versión citada de Wenceslao Roces). 

(511 La Asociación Obrera Alemana fue fundada por Marx y Engels 
en Bruselas, en agosto de 1847, con el fin de esclarecer políticamente 
a los obreros alemanes residentes en Bélgica y familiarizarlos con las ideas 
del comunismo científico. Bajo la dirección de Marx y Engels, así como de 
sus compañeros de lucha, la asociación se desarrolló para convertirse 
en un centro legal de los obreros revolucionarios alemanes. La Asociación 
Obrera Alemana se hallaba en conexión directa con las asociaciones obre- 
ras flamencas y valonas. Los miembros progresistas de la Asociación se 
incorporaron a la Comunidad de Bruselas de la Liga de los Comunistas. 

(58) Neue Rheinische Zeitung Organ der Demokratie. Bajo la direc- 
ción de Marx, este diario se editó en Colonia desde el 1 de julio de 1848 
hasta el 19 de mayo de 1849. Integraban la redacción Friedrich Engels, 
Wilhelm Wolff, Georg Weerth, Ferdinand Wolff, Ernst Dronke, Ferdi- 
nand Freiligrath y Heinrich Búrgers. . 

En mayo de 1849, en oportunidad de que la contrarrevolución pasó al 
ataque en forma generalizada, el gobierno prusiano, tras haberle dene- 
gádo ya a Marx la ciudadanía, impartió la orden de expulsarlo de Prusia. 
Este hecho, y las represalias contra los demás redactores del periódico, 
obligaron a su dirección a suspender la publicación. El número 301 de la 
Neue Rheinische Zeitung, último en ser publicado, apareció impreso en 
rojo. En su exhortación de despedida a los obreros de Colonia, sus direc- 
tores declaraban que “su última palabra sería, siempre y por doquier: 

¡Emancipación de la clase obrera!” ñ : 

1593 New-York Daily Tribune. Periódico norteamericano que apareció 
entre 1841 y 1924. Fue fundado por el conocido periodista y político 
norteamericano. Horace Greely, y hasta mediados de la década de 1850 
fue el órgano del ala izquierda de los whigs norteamericanos, convirtién- 
dose luego en órgano del Partido Republicano. Durante las décadas 
de 1840 y 1850, el periódico asumió una postura progresista, y abogó en 
contra de la esclavitud. En él trabajaron varios importantes escritores 
y periodistas norteamericanos; uno de sus directores fue, desde fines de 

la década de 1840, Charles Dana, quien se hallaba bajo la influencia 
de las ideas del socialismo utópico. La colaboración de Marx en ese pe- 
riódico comenzó en agosto de 1851 y prosiguió hasta marzo de 1862; gran 
número de artículos para el New-York Daily Tribune fueron escritos por 
Engels, a pedido de Marx. Los artículos de Marx y Engels tratan impor- 
tantes problemas del movimiento obrero, de la política interna y exte- 
rior y del desarrollo económico de los países europeos, cuestiones de la 
expansión colonial y del *u.ovimiento de liberación nacional en los países 
oprimidos y dependientes, etcétera. 


NOTAS DEL EDITOR 117 


La dirección del New-York Daily Tribune practicó, en muchos casos, 
modificaciones arbitrarias al texto de los artículos; algunos fueron pu- 
blicados, sin firma de su autor, como editoriales del diario. A partir de 
mediados de 1855, el periódico publicó todos los artículos de Marx y 
Engels sin firma. Estos abusos dieron a Marx reiterada ocasión de pro- 
testar. A :partir del otoño de 1857, como consecuencia de la crisis eco- 
nómica en los Estados Unidos, que influyó asimismo sobre la situación 
financiera del periódico, Marx se vio obligado a restringir el número de 
artículos que escribía. Su colaboración con este periódico cesó definitiva- 
mente a comienzos de la guerra civil en los Estados Unidos. Un papel 
decisivo en la ruptura de relaciones entre Marx: y el New-York Daily 
Tribune lo desempeñó el hecho de que la dirección de éste fue ocupada, 
en medida cada vez más intensa, por partidarios de un compromiso con 
los estados esclavistas, así como el abandono de sus posiciones progre- 
sistas. 

(601 Qui si convien lasciare ogni sospetio / Ogni vilta convien che 
quí sia morta [Es bueno que el temor sea aquí dejado / y aquí la co- 
bardía quede muerta], cita de Dante, La divina comedia, “Infierno”, 
canto 11, versos. 14 y 15. 

1611 Mutato nomine de te fabula narratur! [¡Bajo otro nombre, a. ti 
se refiere la historia!], Horacio, Sátiras, libro 1, sátira 1, verso 69s. 

(621 Le mort saisit le vif! [¡El muerto atrapa al vivo!] Vertemos. li- 
teralmente la frase proverbial francesa porque Marx, con seguridad, la 
emplea en ese sentido. -En rigor, el verbo saisir conserva aquí su acepción 
arcaica y la locución significa: “el: muerto inviste al vivo”, “pone: en 
posesión al vivo”; vale decir, en el mismo momento en que el propieta- 
rio muere, su heredero entra a disfrutar de los bienes sin necesidad 
de formalidad judicial alguna. Es éste el sentido en que figura la frase 
en viejos textos jurídicos- franceses como  Coutumes de Beauvoisis (se- 
gunda mitad del siglo xn), de Philippe de Rémi, sire de Beaumanoir, 
y Maximes du droit francais (1614), de Pierre de l'Hommeau. 

103) Segui il tuo corso, e lascia dir le genti! [¡Sigue tu camino y deja 
que la gente hable!] Cita modificada de Dante, La divina comedia, 
*“Purgatorio”, canto v, verso 63. Virgilio le ordena a Dante: “Vien dietro 
a me, e lascia dir le genti” (“Sígueme, y deja que la gente hable”). Cf. 
La Commedia di Dante Alighieri, con el comentario de Stefano Talice 
da Ricaldone, vol. 1, Milán, 1888, p. 61. 

(641 Marx se refiere al folleto de Sigmund Mayer, Die sociale Frage 
in Wien. Studie eines “Arbeitgebers”. Dem «Niederósterreichischen Gewer- 
beverein gewidmet, Viena, 1871. 

1651 Ciencias de cámara. En los pequeños estados alemanes absolutíis- 
tas de los siglos xvii y xtx tal era el nombre que recibía el estudio de su 
economía, (finanzas y administración. Las ciencias de cámara se inspira- 
ban, por lo general, en el espíritu de uh mercantilismo estrecho. 

1661 Anti-Corn-Law League (Liga contra las Leyes Cerealeras]. El ob- 
jetivo de esta asociación —fundada en 1838 y dirigida por grandes fabri- 


118 NOTAS DEL EDITOR 


cantes como Cobden y Bright— era la derogación de las leyes cerealeras 
de 1815, que por medio de aranceles proteccionistas impedían la impor- 
tación de trigo en Inglaterra. En su lucha contra los grandes terrate- 
nientes la liga trató de obtener, con promesas demagógicas, el apoyo de 
la clase obrera inglesa. Las leyes impugnadas por los librecambistas se 
derogaron parcialmente en 1842 y por entéro en junio de 1846, 

[67] Es muy posible que estas comillas sólo tengan sentido en alemán: 
el adjetivo “birgerlich” tanto puede significar “burgués” como “civil”. 
Lo más probable es que Marx quiera dar a entender, con las comillas, 
que está hablando de economía burguesa, mo de economía civil. La 
confusión resultaría hoy casi imposible, pero recuérdese que en italiano, 
por ejemplo, lo que actualmente llamamos economía política se denomi.- 
nó en un principio “economia pubblica” o “civile”. En las versiones 
francesa e inglesa de El capital no se mantienen estas comillas. 

1693 El artículo de Joseph Dietzgen, “Das Kapital. Kritik der politischen 
Okonomie von Karl Marx, Hamburg, 1867”, se publicó en los núme- 
ros 31, 34, 35 y 36- (1868) del Demokratisches Wochenblatt. Este perió- 
dico apareció de 1869 a 1876 bajo el nombre de Der Volksstaat. 

1107 Sobre las vicisitudes de la edición rusa del primer tomo de El 
capital y su repercusión en los medios intelectuales del paíes, véanse las 
ilustrativas referencias incluidas em la Correspondencia de Marx con 
Danielsón (México, Siglo XXI, 1981). : 

(111 La Philosophie Positive. Revue. Revista publicada en París de 
1867 a 1883. En el número 3 (noviembre-diciembre de 1868) se incluyó 
una breve recensión sobre el primer tomo de El capital, escrita por 
Eugen De Roberty, partidario del filósofo positivista Auguste Comte. 

(12) Nikolái Sieber, Teoríia tsénnosti i kapitala D. Ricardo vw sviazi s 
pdzdñeishimi dopolñéñiiami i raziasñéñiiami, Kiev, 1871, p- 170, 

(73) Se trata de llarión Ignátievich Kaufmann, economista ruso que 
enseñaba en la Universidad de San Petersburgo. Un libro posterior de 
Kaufmann (Teoría y práctica de los bancos, aparecido .en 1873) fue 
objeto de severa crítica por Marx. 

(741 Marx se refiere aquí a su extenso trabajo de crítica del derecho 
público hegeliano redactado en 1843, Véase supra nota 50. 

(751 El autor alude, seguramente, a. filósofos como Eugen Dibring, 
Rudolf Haym, Ludwig Bichner y Friedrich Lange. 

[761 F, Bastiat, Harmonies économiques, París, 1851. 

tT71 Por estos años, Marx llevaba una intensa vida política centrada 
en torno a la Liga de los Comunistas, que, en 1864, se convertirá en la 
Asociación Internacional de Trabajadores o 1 Internacional. Marx se en- 
contraba, por otro lado, generalmente muy escaso de fondos, lo que le 
obligaba a realizar una serie de trabajos para el New-York Daily Tribune. 
Precisamente como corresponsal de este periódico en Europa, Marx. es- 
cribió entre 1854-1858 la serie de trabajos conocidos hoy bajo el título 
de La. revolución en España (Barcelona, Ariel, 1960). 

(781 F. Th. Vischer, Aesthetik oder Wissenschaft des Schónen, 3 Teile 


NOTAS DEL EDITOR 119 


[Estética o ciencia de lo bello, 3 partes], Reutlingen, Leipzig, 1846-1847. 

(T9] Marx se vio obligado a modificar este plan. En El capital se tra- 
tan los tres primeros puntos. 

(801 De hecho eso viene a ser la Crítica de la economía política, pu- 
blicada el año siguiente. 

[811 Lo que dará como resultado las Teorías sobre la plusvalia o cuar- 
to libro de El capital, que no se publicó hasta después de la muerte de 
Engels. 

1821 En esos momentos, Marx tenía la intención de añadir a la primera 
entrega del amplio trabajo proyectado, Contribución a la crítica de la 
economía política, un capítulo sobre el capital. Más tarde decidió editar 
por separado este capítulo en un segundo fascículo. Las razones de esta 
decisión las expone en la carta siguiente. Sus investigaciones posterio- 
res impulsaron a Marx a modificar el plan de conjunto de su obra. En 
lugar del segundo fascículo proyectado comenzó a preparar el primer 
libro de El capital, 

(831 Recordemos que un pliego, en términos de imprenta, equivale 
a 16 páginas. 

(841. Leyendo estas cifras puede medirse el opta de Marx. A me- 
dida que vaya avanzando concretamente en su trabajo, la obra seguirá 
adquiriendo amplitud. 

1851 Véase la nota 51 de la carta anterior. 

(881 Los puntos b], c], di, son estudiados en el actual libro tercero. 

1871 Véase la carta anterior. Se trata de El capital en general. 

1881 Se refiere, una vez más, a la Contribución. 

1891 En realidad, transcurrirán ocho años antes de que sea impreso el 
libro primero de El capital. 

[201 Al fin aparece el título definitivo de la obra tantas veces aludida 
en las cartas anteriores. En realidad ei título completo es Contribución 
a la critica de la economia política, Sólo se publicó el primer fascículo. 

(911 Se trata de Ferdinand Lassalle. En otros lugares Marx y Engels 
le llaman /tzig (diminutivo de Isaac en alemán), término peyorativo 
aplicado frecuentemente a los judíos. No es necesario precisar que el em- 
pleo de este apodo —aun cuando extrañe al lector— no implica en modo 
alguno en Marx —que también era judío y autor de La cuestión judía— 
el menor antisemitismo. Pero sigue siendo una realidad que entre Marx 
y Engels, por :una parte, y Lassalle, por la otra, existian profundas di- 
vergencias políticas. Es sabido que Lassalle reclamará la ayuda del estado 
prusiano para promover las asociaciones cooperativas con las que sueña 
y que mantendrá a este respecto contactos secretos, que no se conocieron 
hasta más tarde, con el mismo Bismarck. Marx ignoraba esos contactos, 
pero sí conocía las ideas de Lassalle (que éste había tomado de Buchez) 
y conocía también ' isus métodos. En repetidas ocasiones Lassalle no tuvo 
reparo en plagiar ai.Marx y en atribuirse el mérito de tal o cual descu- 
brimiento. En una carta a Kugelmann, Marx señala que Lassalle llega 
hasta plagiar sus errores. (Marx citaba muchas veces de memoria, alte- 


120 NOTAS DEL EDITOR 
rando no el sentido pero sí la letra, y Lassalle repetía la cita inexacta.) 
No obstante, Marx da -las gracias a Lassalle porque a su recomenda- 
ción se debió en parte que el editor alemán aceptara la Contribución, 
pero a medida que pasan los años y se van revelando los procedimientos 
y las ideas de Lassalle, el tono se hará cada vez más duro y más despectivo. 
[921 Se trata de la obra de Ferdinand Lassalle, Die Philosophie des 
Dunkleton von Ephesos [La filosofía de Heráclito, el oscuro de Éfeso], Ber 
lín, 1858. 
(931 O mercantilismo. 
(941 Se trata de Miseria de la filosofía (1847), en la que Marx opone 
* la teoría de la cantidad de dinero de Ricardo a la “teoría” del dinero 
de Proudhon. 

[95] La Liga Aduanera Alemana [Zollverein] fue concertada el 1 de 
enero de 1834 entre Prusia y una serie de estados alemanes. Austria per- 
_maneció al margen de esta Liga. 

f96] Sistema continental: política prohibitiva contra la importación de 
mercancías inglesas en el continente europeo, seguida por Napoleón 1. 
El sistema continental fue implantado en 1806 por un decreto de Napo- 
león. Acordaron este sistema, aparte de otros países, España, Nápoles, 
Holanda, y más tarde Prusia, Dinamarca, Rusia y Austria. 

(971 Véase supra, p. 65 y ss. 

(981 Periódico alemán que se publicaba en Londres entre mayo y 
agosto de 1859. Marx participó muy activamente en su redacción. 

(981 Diadocos: sucesores de Alejandro de Macedonia, empeñados des- 
pués de su muerte en una lucha intestina que ocasionó el desmorona- 
miento del imperio. 

[1001 Véase la Ciencia de la lógica de Hegel, parte 1, sección 2. 

(1011 Engels se remite aquí a la edición alemana de la Contribución. 

t1021 La reseña quedó sin terminar. Se publicaron sólo sus dos prime- 
ras partes y la tercera aquí prometida no apareció impresa debido a que 
el periódico fue suspendido. El manuscrito no se.ha encontrado. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


Accarino, B.: 10n. 

Agazzi, Emilio: 20n. 
Alejandro de Macedonia: 120, 
Aristóteles: 24, 111. 

Attwood, Thomas: 87, 93. 


Badaloni, Nicola: 20n. 

Bakunin, Mijaíl: 83. 

Barco, Oscar del: 109. 

Bastiat, Frédéric: 24, 34, 78, 83, 87, 
90, 111, 112, 118. 

Berkeley, George: 93. 

Biskamp, Elard: 97. 

Bismarck, Otto von: 119, 

Block, Maurice: 79. 

Boisguillebert, Pierre-Joseph; 93. 

Bologna, Sergio: lón, 18n, 19n. 

Bravo, Gian Mario: 21n. 

Braun, véase Lassalle 

Bray, John: 88. 

Bright, John: 77, 118. 

Broc, Juan: 110. 

Bruno, Giordano: 24. 

Buchez, Philippe J. B.: 119. 

Búchner, Ludwig: 103, 118. 

Biirgers, Heinrich: 116. 


Cacciari, Massimo: 22n, 29n. 

Cantimori Mezzomonti, Emma: 10n, 
12n, 16n. 

Cantimori, Delio: 23n. 

Cappellotti, F.: 18n. 

Carey, Henry Ch.: 34, 36, 90, 111. 

Carlos 11, rey de Inglaterra: 93, 

Cassano, Franco: 14n, 20n. 

Castlereagh, Henry R. Steward, viz- 
conde de: 93, : 

Cobden, James: 77, '118, 

Codino, Fausto: 16n.' 


Col!letti, Lucio: 10n, 20n, 21n. 
Comte, Auguste: 118. 

Constancio, F. $.: 110. 

Curi, Umberto: ln, 20n, 24n, 109. 


Chalmers: 110. 
Chernishcvski, Nikolái: 77. 


Dal Pra, Mario: 20n, 28n. 

Dana, Charles A.: 16, 18, 116. 

Danielsón, Nikolái: 118. 

Dante Alighieri: 69, 117. 

Della Volpe, Galvano: 14, 20n. 

De - Roberty, Eugen: 118. 

Dietzgen, Joseph: 78, 118. 

Dobb, Maurice: 12n. 

Dronke, Ernst: 116. 

Duncker, Franz: 12, 14, 15, 92, %, 
97. : 

Diihring, Eugen: 118. 


Engels, Friedrich: 9, 10, 13, 16, 17n, 
18, 19n, 68, 109, 110, 113, 114, 
115, 116, 117, 119, 120. 

Estrada, Julio: 110. 


Ferrier, Francois-Louis: 99. 
Feuerbach, Ludwig: 23, 102, 103. 
Franklin, Benjamin: 93. 
Freiligrath, Ferdinand: 83,-116. 
Fullarton, John: 93. 


Galileo Galilei: 23. 

Garnier, Germain: 110. 

Gray, John: 87, 93. 

Greely, Horace: 1l6n, 116. 

Grillo, Enzo: 9, 10, 11, 12n, 13n. 
Guizot, Francois: 66. 

Gúlich, Gustav von: 75. 


p21] 


122 


Haym, Rudolf: 118. 

Hegel, Georg W. F.: 23, 28, 29, 51, 
52, 66, 81, 83, 99, 102, 103, 104, 
110, 112, 113, 120. 

Heráclito: 94, 95, 96, 119. 

Hobsbawm, Eric J.: 18n. 

Hommeau, Pierre de !: 117, 

Horacio: 117. 

Hume, David: 93, 96. 


Jelles, Jarig: 112. 


Kant, Immanuel: 23,- 103. 
Kaufmann, llarión 1.: 118. 
Kautsky, Karl: 9, 12, 13n, 109, 112. 
Kugelmann, Ludwig: 119. 


Lange, Friedrich: 118. 
Lassalle, Ferdinand: l6n, l19n, 92, 
94, 95, 96, 119, 120. 
Lenin, Vladímir: 9. 
Lessing, Gotthold: 81. 
Liebknecht, Wilhelm: :97. 
List, Friedrich: 99, 
Locke, John: 93. 
Lowndes, William: 93. 
Luis XIV: 93. 
Lukács, Gyórgy: 22n. 
Luporini, Cesare: 20n. 


Mac Ekrath: l6ón. 

Maffi, Bruno: 20n, 2ln. 

Manacorda, Mario A.: 12n, 1l6n. 

Marx, Karl: 9-19n, 21, 23-29, 79- 
8], 104, 106, 109-120. 

Mayer, Sigmund: 75, 117, 

McCulloch, Eugene: 110. 

Mehring, Franz: 16n, 18n. 

Mendelssohn, Moses: 8l. 

Mill, James: 93, 112. 

Mill, John. Stuart: 36, 37, 77, 111. 

Moleschott, Jakob: 103, 

Montesquieu, Charles de: 93, 96. 


Napoleón 1: 120. 
Niebuhr, Berthold G.: 110, 111. 


ÍNDICE DE NOMBRES 
Oyverstone, Samuel: 93. 


Pannavaja, Cristina: 18n. 

Parisot, J. T.: 112. 

Pasqualotto, G.: 27n. 

Peel, Robert: 77. 

Petty, William: 87, 93, 

Prescott, William H.: 113. 

Proudhon, Pierre-Joseph: 24, 34, 
58, 63, 96, 111, 120. 


Quesnay, Frangois: 77. 


Rau, Karl H.: 99. 

Reichelt, Helmut: 18n. 

Rémi, Philippe de: 117. 

Ricardo, David: 24, 33, 45, 46, 76, 
78, 84, 85, 87, 93, 96, 110, 112, 
120. 

Rielh: 99. 

Roces, Wenceslao: 116. 

Rosdolsky, Roman: 20n, 

Rossi, Mario: 20n. 

Rousseau, Jean-Jacques: 33, 110. 

Rovatti, Pier Aldo: 20n, 

Rubel, Maximilien: 115. 

Rugs, Arnold: 95, 115. 


Say, Jean-Baptiste: 43, 93, 95, 110, 
112. 

Schaper, von (prefecto de Tréve- 
ris): 65. 

Schumpeter, Joseph: 111. 

Shakespeare, William: 60, 61. 

Sieber, Nikolái: 78, 79, 118. 

Sismondi, Simonde de: 76, 93. 

Smith, Adam: 24, 33, 36, 54, 78, 
93, 106, 110, 111, 112. 

Spagnuolo Vigorita, B.: lÓn, I2n, 
l5n. 

Spectator: 93. 

Spinoza, Baruch: 40, 81, 112. 

Stein, Lorenz von: 99. 

Steuart, Sir James: 34, 87, 93, 

Stone, N. L: 12. 

Storch, Henry: 43, 112. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


Talice da Ricaldone, Stefano: 117. 

Tooke, Thomas: 93. 

Travisani, M.: 18n. 

Tronti, Mario: 12n, l5n, 20n, 27n, 
30n. 


Urquhart, David: 87. 


Veca, Salvatore: 2%n. 

Vico, Gian Battista: 24. 
Vischer, Friedrich Th.: 84, 118. 
Vogt, Karl: 103. 


123 
Vygodskij, Vitali S.: 18n. 


Wade, John: 73. 

Wakefield, Edward G.: 110. 
Weber, Max: 111, 

Weerth, Georg: 116. 

Wilson, James: 93. 

Wolff, Christian von: 102. 
WolHf, Ferdinand: 116. 
Wolff, Nelly: 110. 

Wolff, Wilhelm: 116.